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Luis Prieto                                    

Juan Manuel Santos es una esperanza frustrada. Recibió el comando de este país en momentos en que todo iba muy bien. La seguridad nacional imperaba por todas partes. La economía sólida y la inversión nacional y extranjera se hacía sentir permanentemente. 

Lo irónico es que Juan Manuel Santos se estaba recibiendo así mismo, ya que por varios años fue ministro de Defensa de Álvaro Uribe, con quien prácticamente acabó con la guerrilla, azote de Colombia por muchos años. 

Su popularidad mediante todos estos éxitos era muy alta. Hoy desafortunadamente las encuestas indican que su popularidad es del 12%, prácticamente una situación que mina el prestigio y la gobernabilidad del país. 

¿Qué le ha pasado a este buen señor? El caballero elegante y sereno que este columnista pudo apreciar, antes de entrar al gobierno, porque tuvo algunos encuentros sociales en su compañía. Llegó al gobierno, sin peso político alguno. Fue nombrado a participar, gracias a la influencia del periódico El Tiempo, en el cual trabajaba y su padre era accionista.

El expresidente Uribe que lo tuvo como un gran gobernante hasta el final de su periodo, fue quien lo lanzó como candidato para reemplazarlo. Uribe le tenía gran confianza y aprecio a este gran señor, que merecía con creces ser el nuevo Presidente. Un hecho seguro, aunque no tuviera votos, pero se respaldaba con el inmenso poder electoral de Uribe y eso bastó, para que la votación para Presidente fuera la mayor en la historia de Colombia.  

Repito, ¿qué le pasó a este ilustre personaje? Con una experiencia si no electoral sí administrativa, comprobada por su manejo en los tres ministerios que traía consigo. Qué le pasó cuando actuando como ministro de Defensa y con el Presidente, habían golpeado la guerrilla de tal manera que en el momento de iniciar su gobierno, prácticamente limpiaron al país de la guerrilla, con un gran aplauso nacional.

Las bandas guerrilleras de la Farc se habían diezmado, parte se había entregado y lo que quedaba prácticamente nada, a escondidas esperando un rendimiento lo más pronto posible. Los jefes y segundones se habían exiliado en el extranjero, la mayoría en Venezuela, su patria acogedora. Sus grandes fortunas, conseguidas del narcotráfico y el secuestro, estaban a buen resguardo en bancos venezolanos. Era seguro que ante una acción militar no muy grande, este pequeño grupo sacaría la bandera blanca para entregarse.

Uno podría estar seguro de que Santos en su Presidencia continuaría con las estrategias nacionales sin cambios mayores. Pero pasaron cosas inexplicables. Cuando Uribe se preparaba para la posesión de Santos, fue informado de que éste había invitado a su posesión a Chávez, su enemigo acérrimo, durante todo su mandato. Acusando este presidente venezolano de acoger los jefes guerrilleros, que se albergaban en su país, huyendo de las tropas colombianas. Otro golpe grande también ya posesionado, se leyó la nómina de sus ministros, encabezándola dos grandes enemigos, que durante todo su gobierno trataron de entorpecer su gobierno.

Lo más complicado e inesperado para el país, no habían pasado diez días del nuevo gobierno, cuando el Presidente recibió la visita de Enrique, su hermano preferido, quien había llegado para proponerle una negociación con los restos de la guerrilla escondida ya bajo rocas. Enrique es conocido por su cercanía a partidos de máxima izquierda, de relaciones con los jefes guerrilleros de las Farc. Su propuesta fue aceptada. Lo que motivó a Santos fue según se dicen las posibilidades para lograr una imagen internacional, que podría llegar a un Premio Nobel. Esto es posible que acrecentara la vanidad del Presidente. Juntos acordaron conseguir cinco jefes guerrilleros para esta propuesta, que también llevaba cinco puntos básicos para iniciar conversaciones. Enrique duró un año para conseguir los cinco jefes guerrilleros, a los cuales fue citando a una reunión en La Habana. Era lógico que una propuesta de esta naturaleza, reviviera, a estos derrotados.

Esto ha sido para Colombia, un proceso complicado. Para firmar una paz necesitaba un respaldo mayoritario de los colombianos. El gobierno citó a un referendo, preguntando si el pueblo aceptaba los compromisos adquiridos por el Presidente y jefes de la guerrilla. Ese referendo dijo no, abatiendo a Santos que estaba seguro de esa mayoría. Significaba que todo lo trabajado con la guerrilla desaparecía. Si se corregía para incluir las partes negativas de esa mayoría, para incluirlas en un nuevo acuerdo, era necesario un nuevo referendo. Santos rechazó la idea y decidió someter este acuerdo a la aprobación del Congreso, así golpeara la Constitución. Con grandes dudas legales, Santos ha logrado un acuerdo oficial con los jefes guerrilleros y en su cumplimiento, la guerrilla ha entregado todas las armas, para cumplir lo pactado y la felicidad de Santos, pese al inmenso compromiso de un posconflicto imposible de financiar.

La Patria, Manizales, 30 de junio de 2017

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