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María Isabel Rueda                              

No nos cuadra la ecuación de que 7.000 guerrilleros entregarán 7.000 armas, solo una por cabeza.

El acto más importante, más contundente, más expresivo del proceso de paz puede ser el de la entrega de las armas de las Farc para nunca más volver a ser disparadas. Pero fue convertido por compromiso del Gobierno en un acto clandestino, protegido de la mirada curiosa de los periodistas nacionales y extranjeros, que eran los apropiados para transmitirnos este parte de victoria de la paz a los colombianos ansiosos y aún altamente escépticos.

Como ninguna de las etapas de los acuerdos con las Farc (e incluso más que la firma misma, que sucedió siete veces hasta la última, en el Colón), el acuerdo no solo merecía, sino que necesitaba para su credibilidad esa transmisión espontánea y libre de la prensa, y no el libreto que nos entregaron.

Se trató de un video de carácter oficial, evidentemente libreteado, aunque no sabemos si por la misma ONU o por las Farc, en el que, en un ambiente totalmente aséptico, como de sala quirúrgica, sin una gota de entusiasmo, ni de testigos, ni de guerrilleros, ni de pobladores ni de funcionarios del Gobierno, un representante de la ONU escogió cinco armas de diversos modelos, las desarmó, las registró, las depositó en un contenedor semivacío y cerró sus puertas. ¿En el municipio de La Elvira, donde ocurrió esa supuesta ceremonia, solo entregaron cinco armas?

Esa fue la única prueba que los colombianos obtuvimos de que la entrega de armas transcurrió honrando los compromisos del acuerdo del Colón.

Pero no se nos dijeron muchas cosas. ¿Cuántas armas van a entregar las Farc? ¿Cuántas entregaron el lunes? ¿Se completaba un 60 % que luego se redujo a un 40 %, pero de qué cantidad? ¿El 1.° de julio se habrán entregado cuántas armas, que corresponden al 100 % de cuántas armas? Lo pregunto porque para el señor Arnauld, representante de las Naciones Unidas, “lo importante no es contar las armas, sino la intención de mantener el cese del fuego”. Pero no es verdad. La entrega de las armas y su contabilidad son un hecho solemne, núcleo esencial del proceso de paz, que hay que aplaudir y agradecer, siempre y cuando no haya mentiras, ni ocultamientos ni creación de apariencias falsas.

Es que a los colombianos ya nos habían engañado una vez con las armas del frente paramilitar Cacica Gaitana, cuando entregaron armas hechizas y hasta de palo. Desde entonces quedamos vacunados contra ingenuidades.

Ni siquiera la presencia ‘in situ’, frustrada por mal tiempo, de dos tótems internacionales como Mujica y Felipe González podía garantizarnos lo que los colombianos no vimos. El testimonio de dos extranjeros, por ilustres que sean, no puede sustituir el de los 44 millones de colombianos, directos y entrañablemente beneficiados con la verdad, o perjudicados con la impostura de estos acontecimientos.

Al pactar el Gobierno con las Farc que los guerrilleros no se humillarían a entregar sus armas en público, quizás se privaron del último instrumento de propaganda positiva que podría acercar a los colombianos al acuerdo.

Entre otras razones, porque no nos cuadra aquella ecuación de que 7.000 hombres entregarán 7.000 armas. Un ejército tan poderoso como el de las Farc, rumbo a tomarse el gobierno de este país, muy improbablemente tenía un arma por hombre. Eso no es lo usual en un ejército, como el que las Farc se ufanó de tener, sino en una banda de abigeato.

Queda una oportunidad para corregir este error: la ceremonia de entrega del 100 % de las armas, para que el Gobierno y las Farc no cometan la nueva equivocación de darle la espalda al pueblo. Que nos muestren. Que se abandone la vía del secretismo y de la verdad oficial. No más manifestaciones caprichosas y acomodaticias de una sola fuente. Que nos permitan gozar del parte de tranquilidad que dará esa última entrega de armas a través de una transmisión confiable de aquella prensa que actúa con libertad y que nos podrá contar los detalles de lo que se nos ha mantenido tan oculto. ¿Cuántas armas habrán entregado las Farc al final de su existencia como fuerza guerrillera? ¿Será un número convincente? ¿Tendremos ocasión de ver la sustracción de las veredas de los contenedores repletos de armas, viajando gloriosos rumbo al feliz final de que su contenido sea chatarrizado hasta la eternidad?

Esa sí será una imagen para la historia. Pero también, agüita de tranquilidad para mi gente.

Entre tanto... ¿Será cierto que Montealegre vino a reforzar las baterías con sus fichas para tumbar fallo de la Corte Constitucional sobre ‘fast track’?

El Tiempo, Bogotá, 18 de junio de 2017

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