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Miguel Ceballos Arévalo                                       

Al gobierno Santos se le agotó el discurso de la paz. Las crisis sociales y económicas que hoy preocupan a los colombianos, son la inocultable manifestación del desgaste de una administración que está perdiendo credibilidad y poder de maniobra nacional e internacionalmente.

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española el primer significado de la palabra gobernabilidad se refiere a la “cualidad del gobernante”, y el segundo se identifica con la “gobernanza”, que se define como el “arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía.”

Comenzando con el primer significado, la literatura académica identifica tres elementos fundamentales de la gobernabilidad como “cualidad del gobernante”: la capacidad efectiva de gobernar, la responsabilidad política frente a sus gobernados y la representatividad de los intereses ciudadanos. Cuando se mira la favorabilidad del gobierno Santos en las últimas encuestas, la cual escasamente llega al 12%, es fácil advertir que los tres elementos mencionados no son precisamente los que caracterizan a la actual administración, pues el ejecutivo gobierna reactivamente frente prolongados paros, solucionándolos con más déficit fiscal y endeudamiento, sin asumir verdaderamente su responsabilidad al dilatar la toma de decisiones de fondo frente a grandes problemas en educación, justicia, generación de empleo, crecimiento económico, todo ello agravado por el desbordamiento de economías ilegales que están renaciendo alimentadas por cifras sin precedentes en el cultivo y producción de coca.

Frente a este cuadro de “crisis de gobernabilidad”, el presidente argumenta que “no ha sabido vender la obra de su gobierno”, frase que después de 7 años en el poder no tiene justificación alguna, especialmente cuando ha tenido a su disposición una enorme y costosa estrategia de comunicación, mediante la cual verdaderamente inunda cada segundo de pauta en los grandes medios de comunicación.

Pasando al segundo significado de la gobernabilidad, es decir la que se refiere al “sano equilibrio entre Estado, sociedad civil y economía”, hay que decir que el gobierno Santos ha simplificado el diálogo social y político al ámbito de los acuerdos con las FARC, proceso que lejos de solucionar los problemas de fondo del país, pierde cada vez más credibilidad, no porque no sea importante la desarticulación de una máquina de guerra de tal tamaño, ni porque no sea importante el desarme y desmovilización de miles de combatientes, sino porque el gobierno vendió la idea de que una vez firmada la paz, ahí sí podría gobernar plenamente. En este escenario se terminó creando una especie de “estado en transición”, donde solo importa la justicia transicional, la educación transicional, la economía transicional, la erradicación transicional de cultivos ilícitos, en fin, la “realidad transicional”, mientras que las instituciones que soportan el Estado no transicional, en el cual vivimos y trabajamos el 99% de los colombianos, fueron puestas en una especie de “sala de espera” mientras se le da toda la importancia al 1% restante.

La política exterior del país también ha venido siendo desarrollada desde la aproximación transicional, bajo la premisa de que hecha la paz con las FARC habría mayor inversión extranjera, más seguridad jurídica y menos coca, todo como resultado del éxito del “estado en transición”.
Muestra de que dicha aproximación hizo crisis, es la carta firmada por Luis Alberto Moreno actual presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, así como por Rex Tillerson Secretario de Estado de Estados Unidos y por John Kelly, su Secretario de Seguridad Nacional, en la cual se propone replicar el Plan Colombia como estrategia para recuperar la seguridad en Guatemala, Honduras y Salvador, países que paradójicamente pasaron por procesos de paz, sin que la violencia y el crimen hayan hoy desaparecido en sus territorios.

El que tantos años después de la aplicación de políticas transicionales en estos países no haya generado la solución de sus problemas de fondo, y se tenga que replicar en ellos políticas de estado como el Plan Colombia, desarrollado e implementado con éxito por los presidentes Pastrana y Uribe, debe ser fuente de reflexión para quienes están pensado en ser inquilinos de la Casa de Nariño. 
Es un hecho que los tiempos políticos del actual gobierno están llegando a su fin, por lo cual su crisis de gobernabilidad será aún mayor en la época electoral que se avecina, por lo tanto, será el próximo gobierno quien tendrá que decidir si continúa apostándole a un “estado de transición”, o si se la juega por la recuperación de las hoy debilitadas instituciones de nuestra democracia para garantizar una verdadera gobernabilidad.

*Ex viceministro de justicia. Decano de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda. 
@ceballosarevalo

Semana, Bogotá, 17 de junio de 2017

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