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Lionel Moreno     

Los valientes venezolanos, desesperados ante sus padecimientos, la falta de comida, de ver morir a sus enfermos por falta de medicamentos, una inflación desbordada que pone todo fuera del alcance de la gran mayoría de los habitantes, un desempleo que crece ante el cierre de las empresas y el éxodo de la inversión extranjera, salen desde hace días a las calles para protestar pacíficamente y pidiendo elecciones, pero siendo apaleados y asesinados por los esbirros del régimen.

Saben que el sistema no va a convocar a elecciones libres en las cuales, por apabullante mayoría, ganaría la oposición, pero esperan una posible ayuda internacional o que algunos estamentos del régimen, como sucedió en las “primaveras” de Europa Oriental, presionen la desintegración del gobierno. 

Maduro trata de ganar tiempo sugiriendo una asamblea constituyente y conversaciones con sus opositores, pero estos saben que no conduciría a nada diferente que a oxigenar a Maduro, como ya sucedió con los diálogos que se dieron patrocinados por Leonel Fernández, Martín Torrijos y Rodríguez Zapatero, quienes todavía insisten en ellos. 

Como dijo Henrique Capriles: hoy Venezuela no está dispuesta a un “dialogo Zapatero”. Las protestas han adquirido tal magnitud que una nueva interlocución no es posible. Y son tan fuertes, de intensidad creciente, que un baño de sangre es, desgraciadamente, posible. Maduro sabe que masacrar a quienes protestan produciría un clamor mundial de repudio, aunque probablemente Castro le aconsejará que, en última instancia, las tropas oficialistas deben disparar contra la multitud y que, así como el régimen comunista ha sobrevivido en la isla a sangre y fuego (recordemos el paredón de Fidel Castro y las mazmorras actuales) y contra la oposición de los Estados Unidos, el régimen venezolano también puede mantenerse.

Cuba, a pesar de las concesiones de Obama, necesita la ayuda de Venezuela y Venezuela cuenta con la de La Habana. Los cubanos han infiltrado las fuerzas armadas venezolanas, así como varias otras entidades, la guardia personal de Maduro está conformada por cubanos.  

De pronto Cuba podrá recibir algún apoyo de China y de Rusia, aunque no de las magnitudes del que tuvo de la Unión Soviética y, en ambos casos, para mortificar a los Estados Unidos, pero el respaldo de Venezuela tiene importancia para Castro porque sería el único país latinoamericano importante que apoyaría a la isla. Nicaragua, Bolivia y Ecuador no tienen mayor peso internacional. Washington ha amenazado con nuevas sanciones y reclamado elecciones libres, aunque dice que “lo que sacará a Venezuela de esta crisis… es el diálogo”. No creemos que los estadounidenses, al menos por ahora, apliquen su única y efectiva sanción: la suspensión de las importaciones de petróleo venezolano. Ojalá nos equivoquemos pero el tormento venezolano no está próximo a terminar.

El Nuevo Siglo, Bogotá, 04 de mayo de 2017.

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