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Andrés Espinosa Fenwarth                                         

Odebrecht sentenció que el concierto de sobornos era un círculo vicioso: “el político que diga que no recibió recursos de la caja 2 está mintiendo".

Marcelo Odebrecht, condenado a 19 años y 4 meses de prisión por el pago de millonarios sobornos a cambio de contratos de ingeniería, le confesó a la Fiscalía brasileña, la semana pasada, cómo operaba la corrupta arquitectura del sistema de caja 2 de su empresa, diseñada para impedir el rastreo del dinero y organizar los desembolsos de los sobornos transnacionales. Hasta 1990, la generación de efectivo y la entrega de cohechos de caja 2 estaban unidos. La estrategia, entonces, era suscribir contratos falsos con el receptor del dinero mediante la emisión de facturas ficticias. 

A partir de 1995, Odebrecht decidió separar las dos cuentas; una con dinero en efectivo y la otra con recursos para la consumación de los ilícitos. En el 2005, Hilberto Mascarenhas fue encargado de las coimas, para lo cual creó un sofisticado equipo especializado en corrupción, denominado Departamento de Transacciones Estructuradas. Al interior de esta multinacional del crimen organizado no veían ilegalidad alguna en el canje de sobornos por contratos y tráfico de influencias. Al contrario, el uso de fondos para estos fines era visto como algo natural en las empresas de Odebrecht.

El sistema de liquidación de dádivas de Odebrecht se montó por niveles, que van desde la consignación del dinero hasta el envío al beneficiario de las coimas, a través de cuatro categorías de cuentas de entidades bancarias del extranjero. El dinero para la distribución de sobornos por 788 millones de dólares en el periodo 2001-2016 se originó fuera de Brasil, en los 11 países en los cuales Odebrecht tenía contratos de infraestructura: Angola, Argentina, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Mozambique, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela. 

Los recursos para la asignación de las coimas generadas por estos contratos de ingeniería eran clasificados como cuentas de nivel 1. El dinero era depositado en cuentas bancarias de paraísos fiscales offshore, cuyos destinatarios sabían que los dineros eran del grupo Odebrecht. Los recursos para la comisión de cohechos de los niveles 2, 3 y 4 eran consignados también en cuentas en el exterior, que luego eran trasladados por los operadores bancarios a los cambistas, que eran responsables por la entrega de los sobornos. Según Marcelo Odebrecht, esta red de cohecho existía gracias a la complicidad plena de los bancos involucrados.
Marcelo Odebrecht fue categórico al afirmar que todos los políticos brasileños con los cuales se relacionó, conocían que los recursos eran abonados ilegalmente. Ningún político en Brasil hubiera ganado una elección sin los dineros de la caja 2. Los políticos podrán afirmar que no sabían, pero el partido político que recibió estos caudales tenía conocimiento que provenían de la caja 2. Finalmente, Odebrecht sentenció que el concierto de sobornos era un círculo vicioso: “el político que diga que no recibió recursos de la caja 2 está mintiendo. De este crimen electoral, todos participaron”.

¡Las empresas corruptas de Odebrecht deben morir civilmente y los implicados castigarse sin contemplación!

Portafolio, Bogotá, 25 de abril de 2017

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