Facebook

     SiteLock

Última hora
Rionegro, la vida entre montañas - Domingo, 17 Diciembre 2017 05:26
La Patria primero - Domingo, 17 Diciembre 2017 05:26
Sin fuego amigo - Domingo, 17 Diciembre 2017 05:26
Estaba cantado: maleza dentro de la cosecha - Domingo, 17 Diciembre 2017 05:26

Juan Gómez Martínez                                 

En estos días de la Semana Mayor quiero dejar descansar a nuestros lectores y, sobre todo, a Juanpa (como le gusta que le digamos).

No soy ningún experto en la materia, soy un periodista que entiende y pretende que entiendan lo que decía alguien: “la tragedia de un periodista es que tiene que opinar sobre todo sin ser experto en nada”. Soy uno de ellos.

Meditando en la pasión de Cristo, pretendo contar algunos detalles interesantes de la vida de Jesús.

Su vida pública empezó tarde. Cuando salió a predicar y a difundir la palabra de Dios, si aplicáramos las mediciones que se acostumbran ahora sobre la imagen de las personas, yo diría que no alcanzaba al 2% de opinión favorable. Sus enseñanzas, sus milagros, sus obras en bien de la gente, el buscar quiénes divulgaran su pensamiento hicieron que al llegar a Jerusalén el pueblo entero saliera a aclamarlo. Ya se hablaba del Redentor.

No faltaron los celos de los incapaces de emularlo. Dice el Evangelio del día de San Cirilo de Jerusalén: “En aquel tiempo de nuevo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les dijo: Muchas obras buenas, por encargo de mi Padre, les he mostrado ¿Por cuál de ellas me quieren apedrear?”.

Jesús buscó quiénes podrían divulgar las enseñanzas de su Padre y encontró los doce pescadores a quienes les ofreció ser pescadores de almas divulgando sus enseñanzas. Era como su gabinete ministerial. Cuando Jesús en el Monte de los Olivos habló de las guerras y las calamidades que anunciarían el fin del mundo y el juicio final, los apóstoles le preguntaron: “Dinos cuándo va a suceder esto...”, Jesús les respondió: “¡Cuidado con que nadie los engañe! Porque muchos se presentarán usurpando mi nombre y diciendo que son el Mesías y engañarán a muchos”.

No faltó la mente perversa que por treinta monedas de plata, como un premio, planeó la traición al Señor aprovechando la cercanía con él. Judas Iscariote lo señaló con un beso traicionero para que Jesús fuera aprendido y entregado a sus verdugos. Y al ver el error grave y el daño hecho, tuvo el valor de ahorcarse.

Los escribas y los sumos sacerdotes judíos no podían juzgar a Jesús ya que Israel estaba en manos de otros, de los romanos. El manejo de la justicia les correspondía a los otros, por eso el Nazareno fue entregado al romano Pilatos para su juzgamiento y condena anunciada. Pilatos, débil de carácter y convencido de la inocencia de Jesús, se lo envió a Herodes para su juzgamiento.

Herodes lo devolvió a Pilatos y este, ante el pueblo, dijo que nada encontraba en el reo como para condenarlo. Buscó la salida fácil para que fueran otros los responsables de la condena de un justo. Algo así como buscar falsos testigos para apoyarse en ellos y justificar tan grave condena a un inocente. El indeciso y débil mandatario se lavó las manos en presencia de su pueblo para no aparecer responsable de la condena del justo y de la libertad del bandido Barrabás.

¿Cuándo se va a organizar otra marcha de “Fuera Santos”?.

El Colombiano, Medellín, 13 de abril de 2017

Publicado en Otras opiniones

Compartir

Opinión

Nuevos videos

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN

Ingrese su dirección de correo electrónico:

Nuestras Redes