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Alexánder Cambero                                 

Una estrategia perversa que sigue abriendo una herida entre los venezolanos.

Dos términos en boca de un país devastado por la enfermedad del totalitarismo. Las amplias secuelas del narcoestado son heridas profundas en un paciente llamado Venezuela. La crisis generada por una voraz corrupción hizo metástasis en todos los órganos oficiales, postrándonos en el abismo de la ruindad. En estos dieciocho años, sus logros son patéticos; una estafa colosal que ahora quieren disimular imprimiendo un carnet de la patria.

Como buenos herederos de la heráldica nazi, han ideado un mecanismo de censar el hambre en las plazas de la nación. Miles de incautos desfilan a pleno sol por los cubículos adiestrados en la estafa. Esta estrategia perversa sigue abriendo una herida entre los venezolanos. Plantea la división entre buenos y malos. Los hijos dichosos que amamanta la ubre patria son los robots que expelerán sus trampas por todos los escenarios en donde alumbre la pena.
Los escasos alimentos solo serán para los elegidos, los proscritos no contarán con otro beneficio que no sea la represión. Son los perseguidos que tienen la marca de la bestia en su frente, aquellos que osaron desafiar las ruedas de una historia acomodada al sillón del dictador.

Unos serán la patria esculpida en gruesas letras de sangre de los héroes revolucionarios, mientras que quienes no tengan el carnet: los otros, son apátridas que anhelan la presencia del imperio con todas sus garras. Un carnet como garante de tener una esperanza en el bolsillo, mientras el hambre arrecia, solo que estos se restean con aquel sistema que los hace más pobres.

Es el fraude cautivante de venderle ilusión en bolsas de miseria. Un carnet para contarlos como borregos, sellados hasta estrujarles su dignidad ¿Por qué el paralelismo con las prácticas del hitlerismo? En 1939, el gobierno alemán realizó un registro a gran escala. La propaganda hablaba de una gran batida para llevar alimentos y medicinas para todos. Que quien no estuviese registrado corría el riesgo de no obtener beneficios.

Este mecanismo ayudó al funcionario alemán nazi Adolf Eichmann a crear el registro judío, que contenía información detallada de todos los hebreos que vivían en Alemania. El padrón también contenía los nombres de los judíos de Austria y los surestes de la región oeste de Checoslovaquia, que las tropas alemanas ocuparon en 1938 y 1939 y convirtieron en parte del Reich (imperio alemán). La ideología y las políticas raciales nazis no se detuvieron en las fronteras de Alemania. Al tener los datos les fue fácil conseguir a sus adversarios ocultos en guaridas secretas. Con el carnet de la patria y la validación de los partidos políticos, el gobierno conocerá en dónde están sus adversarios para ir por ellos con sus manías persecutorias.

En el péndulo de nuestros interrogantes surge el nombre de la Carta Democrática. ¿Es realmente una salida? En líneas precisas podemos decir que Venezuela, al ser miembro de la Organización de Estados Americanos (OEA), está comprometida con sostener la democracia y sus principios básicos de libertad; además, es firmante del documento fundacional de la carta en Lima en el año 2001, por lo cual su compromiso es indiscutible.

El régimen venezolano se ha convertido en una peligrosa dictadura con ramificaciones en el narcotráfico, además de amparar a grupos terroristas en el mundo entero. Sus mecanismos de persecución de la disidencia son conocidos por todo el planeta. Contra quien piensa diferente se actúa con saña. Se le vulneran sus derechos constitucionales, fabricándole expedientes llenos de mecanismos perversos.

Las escasas libertades son cada día más restringidas; no existe independencia de poderes, contando con un poder judicial que es una vergüenza, en el cual se condena al inocente y se exalta al delincuente que milita en el PSUV. Sus vulgares excelsos nos han llenado de gente comiendo de la basura, con venezolanos muriéndose por falta de medicinas y de dotación adecuada en los hospitales.

Este cuadro dantesco tiene que ser analizado por la comunidad de naciones que se encuadran dentro de los cánones de la democracia. Es allí en donde son aplicables las sanciones al Gobierno venezolano. Una administración corrompida y con profunda vocación tiránica tiene que correr con la condena del mundo libre. Ser un Estado forajido que exhibe las peores tropelías contra su pueblo es prueba suficiente para que los argumentos contenidos en el informe del secretario general de la OEA, Luis Almagro, sean aprobados hasta de manera unánime.
Venezuela no aguanta más semejante dictadura; si los gobiernos del mundo libre guardan silencio con respecto al régimen forajido, seguiremos condenados al despeñadero. ¿Heredarán las nuevas generaciones el cadáver de una democracia que dejaron morir quienes le dieron la espalda? 

El Tiempo, Bogotá, 20 de marzo de 2017

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