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Juan Gómez Martínez                              

Recordemos el escándalo con el hacker y contra Óscar Iván Zuluaga en la campaña presidencial del 2014. Que lo contrataron para espiar las conversaciones de La Habana, que era el superexperto en estos temas, que era peligrosísimo.

Resultó al contrario: los enemigos de Zuluaga, los amigos de Juanpa (como le gusta que le digamos) contrataron a dos extranjeros para hacer caer al candidato opositor, lo grabaron y armaron el escándalo. Sin embargo, surgió la verdad. Óscar Iván ganó en la primera vuelta a pesar de los montajes y las calumnias. Tuvieron que apelar entonces a los votos tardíos en la Costa Caribe en la segunda vuelta. Vergüenza para la democracia colombiana, pero en eso estamos.

Resulta que escupieron para arriba y les cayó en la cara a quienes armaron el escándalo.

Arrancó la campaña para el 2018. Un presidente desprestigiado, con una opinión favorable menor del 20 %. Un Congreso más desprestigiado que el Ejecutivo y que la guerrilla. Una justicia en la que nadie cree. Un pueblo que busca el cambio, que no quiere la entrega a quienes lo han asesinado, que no acepta la impunidad para sus asesinos, que anhela una verdadera justicia, que no tolera tanta corrupción. Un pueblo aterrado con el aumento de los cultivos ilícitos, que rechazó el acuerdo de paz con las Farc, que se sintió robado cuando desconocieron los resultados del plebiscito. Ese pueblo busca algo distinto, quiere a quien sí es capaz de hacer el cambio para salvar al país.

Surgió un precandidato, el mismo que ganó en la primera vuelta del 2014, que aceptó el robo en la segunda vuelta para salvar a la patria de lo que pudiera pasar si desconoce la situación que se presentaba. Había que hacer algo para frenar la posibilidad de esa posible candidatura. Entonces surgió un brasileño, Duda, que contrató con Zuluaga la asesoría para la campaña anterior. Armaron otro escándalo y un dinero que Odebrecht le entregó a Duda suponen que fue para la candidatura de Zuluaga, hecho que el Comité de Ética del Centro Democrático, del que hago parte, pidió que se investigara. Zuluaga siempre noble y correcto dio un paso al costado mientras se investiga.

Ese escándalo fue la escupa hacia arriba. Aquí también cayó en la cara de quienes la lanzaron. Se supo de una reunión en un hotel del norte de Bogotá. Se supo de la entrega de unos dólares para la campaña de Juanpa (como le gusta que le digamos), se supo de un señor Prieto, gerente de la campaña. Salió a la luz pública una reunión en Panamá, se habló de la publicidad y 400 mil dólares. Dos millones de afiches con dineros de Odebrecht. Contrato a dedo de una carretera que supuestamente hace parte de la Ruta del Sol Dos y que se advierte que tienen que hacerse dos ramales para llegar a puertos al sur y al norte de Gamarra donde se beneficiarían parientes de miembros del gobierno (miembras diría Maduro).

Una escupa hacia arriba más grande que la anterior y que bañó a muchos más. Santos no tiene la honestidad de dar el paso al costado como lo dio Zuluaga.

Hay que marchar el primero de abril si queremos acabar con todo esto. No más Santos.

El Colombiano, Medellín, 16 de marzo de 2017

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