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Santiago Castro                             

La tensión diplomática y política entre Colombia y Venezuela, causada en gran medida por la agresividad del régimen chavista y la constante pasividad de nuestra cancillería, ha transcendido al ámbito económico a través de diversos canales, siendo el comercial, sin lugar a dudas, uno de los más afectados. En efecto, mientras en 2007 las exportaciones a Venezuela llegaron a representar más de 17% de las exportaciones totales del país (en torno a US$5.500 millones), en la actualidad esta relación apenas supera 2% (US$600 millones). Si bien dicho deterioro obedece en alguna medida a la profunda crisis económica por la que está atravesando Venezuela desde 2015, la mayor parte de este menor flujo comercial ha venido explicado por tensiones políticas. 

El flujo de remesas, por su parte, ha sido otro de los canales a través de los cuales se ha hecho evidente el deterioro de las relaciones entre ambas naciones, situación que se explica, entre otros factores, por los controles y las restricciones a la salida de capital por parte de las autoridades económicas venezolanas. En este sentido, mientras en 2013 las remesas provenientes de Venezuela alcanzaron un valor de US$492 millones, en lo corrido del 2016 al tercer trimestre esta cifra no superó los US$2,2 millones. Así mismo, la inversión extranjera directa de origen venezolano se redujo en 35% entre el primer semestre de 2015 y el mismo periodo de 2016. 

Restablecer estos canales resulta de la mayor importancia para ambos países, especialmente para Venezuela, un país hermano que ha sufrido en demasía las consecuencias de la corrupción, la incompetencia y la falta de garantías políticas y económicas por parte del actual gobierno. El desabastecimiento de alimentos y medicinas de primera necesidad, los elevados niveles de desempleo, una inflación que supera el 700% y, en general, la mayor contracción económica de los últimos trece años y la menor calidad de vida, son los principales problemas que agobian al pueblo venezolano y que los han impulsado a salir a las calles a exigir la revocatoria del Gobierno.

En este escenario, una eventual caída del Gobierno (y por consiguiente del régimen chavista) a través de un referendo revocatorio, significaría una oportunidad para empezar a escribir una historia diferente, una historia que se caracterizaría por una mayor estabilidad política, jurídica y económica.  

Con la caída del gobierno de Nicolás Maduro, Venezuela podría llevar a cabo las urgentes reformas económicas que tanto necesita y que pasan por (i) flexibilizar la tasa de cambio, (ii) eliminar los controles de precios a los bienes básicos y a los flujos de capital, (iii) reducir el gasto del Gobierno y (iv) brindar garantías jurídicas a la inversión privada. Esto permitiría reactivar de nuevo su aparato productivo e importar insumos y materias primas para la producción de alimentos y bienes manufacturados, lo que contribuiría a reducir los problemas de desabastecimiento, a disminuir drásticamente la hiperinflación y, en general, a mejorar las perspectivas futuras sobre el bienestar económico y social.

Colombia contribuirá sin duda en este proceso de recuperación económica, que traerá efectos bilaterales virtuosos y podría significar recuperar, de manera progresiva, los otrora niveles de exportación cercanos a los US$6.000 millones. Y es que Colombia, hay que subrayarlo, es, ha sido y continuará siendo, el socio natural de Venezuela. Tenemos fronteras comunes, cultura y gustos similares. Nos unen, como países hermanos, importantes lazos sociales, políticos y demográficos, y compartimos una rica historia de relaciones económicas y culturales.

Si bien este proceso de recuperación es de largo aliento y sus resultados no serán inmediatos, al final del día se traduciría no solo en un crecimiento económico más alto y en un mayor bienestar social para todos los venezolanos, sino en un mejor desempeño económico local y regional, con efectos positivos para el resto de países de América Latina.

La República, Bogotá, 15 de febrero de 2017

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