Facebook

     SiteLock

Última hora
Escalada de infamias contra Julie Huynh - Sábado, 24 Junio 2017 06:01
¡Populista! - Sábado, 24 Junio 2017 06:01
¿Habrá Paz? - Sábado, 24 Junio 2017 06:01
¿La Fiesta de la Paz? - Sábado, 24 Junio 2017 06:01
¡No más terrorismo! - Sábado, 24 Junio 2017 06:01

Rafael Nieto Navia                                        

Tengo que confesar que el 2 de octubre me llevé una grata sorpresa al conocer los resultados del plebiscito. Lo mismo le pasó a Santos, pero al revés: Puso todo el presupuesto, la propaganda gubernamental y su camarilla a la labor “pedagógica” de demostrar las bondades del Acuerdo “final y definitivo” y se llevó un fiasco.

Me animé cuando, esa noche, el presidente admitió la derrota.  Casi dos meses después me siento frustrado.

El Congreso, debidamente enmermelado, había aprobado el Acto Legislativo 1 de 2016 que aún está a consideración de la Corte Constitucional, y una ley estatutaria sobre el plebiscito que fue aprobada con reservas por la misma entidad que dijo que “el Acuerdo Final es una decisión política y la refrendación a la que alude el proyecto, no implica la incorporación de un texto normativo al ordenamiento jurídico.” Para el gobierno, puro bla-bla-bla.

Las cabezas responsables del No hicieron conocer sus observaciones, las que  fueron llevadas a La Habana por -adivinen quién- Roy Barreras para ser puestas a consideración de las Farc. El 24 de noviembre el Gobierno y las Farc firmaron en un show en el teatro Colón un nuevo acuerdo, ese sí, “final y definitivo” que, aunque fue modificado varias veces luego de su nueva firma en La Habana, no atendía ninguna de las solicitudes importantes de los del No. Un “prevaricato colectivo” lo llamó el presidente Pastrana.

Seis millones de colombianos que votaron por el No y veinte millones de abstencionistas, no apoyaron el primer acuerdo y ahora se pretende con la aplanadora del Congreso imponerlo a las mayorías nacionales. Y, lo que es peor, añadir las 310 -ya no 297- páginas  a la Constitución, con lo cual empieza la disolución del país. Un conejo descomunal.

Timochenko dijo que el país necesita un gobierno de transición. ¿Será que se trata de una alianza entre lo que quede del partido de la “U” en el 2018 y las Farc para proponer un candidato único o que, desde ahora, las Farc co-gobernarán con Santos?

El Presidente envió el nuevo acuerdo al Congreso para que lo refrende y lo implemente. El Congreso, violando la Constitución, va a refrendar, mediante resolución y con votos enmermelados, lo que más de seis millones de colombianos rechazaron en el plebiscito y luego, mediante un procedimiento que también es violatorio de la Carta y que convierte al Congreso en simple notario, va a implementarlo mediante leyes espurias y decretos del Presidente.

Yo, desde ya, no me siento vinculado a semejante esperpento. El espectáculo de unos parlamentarios que, incensario en mano, se arrodillan frente al gran jefe, un personaje que descubrió que la mermelada puede corromper la sal y que, en un acto de taumaturgia, va a convertir la democracia colombiana en un remedo de la dictadura de Maduro, me parece repugnante.

Solamente espero que los del No, unidos a los abstencionistas, encuentren un candidato para el 2018, si es que llegamos como democracia a esa fecha, que arrase con el de transición que propone Timochenko y encarrile de nuevo a este país por los senderos de la democracia.

***

Coda: Murió Fidel Castro. Cero y va uno. 

El Nuevo Siglo, Bogotá, 29 de noviembre de 2016

Publicado en Otras opiniones

Compartir

Opinión

Nuevos videos

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN

Ingrese su dirección de correo electrónico:

Nuestras Redes