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Vicente Torrijos                                

El Gobierno y las fuerzas del No en el plebiscito mantuvieron un diálogo en busca de un pacto nacional de paz.

Este diálogo, que solo pudo darse gracias a los resultados del 2 de octubre, habría sido fructífero si hubiese superado los profundos problemas estructurales de lo negociado en La Habana y solo habría sido útil:

1- Si se hubiese basado en el respeto a la Constitución y los principios vertebrales de la democracia liberal, es decir, si hubiera evitado el adefesio de insertar en la Carta lo firmado en La Habana so pretexto ser un ‘acuerdo especial’.

2- Si hubiese sido flexible en los temas secundarios, pero absolutamente exigente en los asuntos de alta intensidad con los que se quiere socavar el modelo político-económico basado en las libertades públicas e individuales;

3- Si hubiera abordado todos los problemas involucrados, principalmente que los máximos responsables de crímenes de lesa humanidad y quienes obraron en su entorno (el ‘secretariado de cuello blanco’) puedan presentarse a elecciones antes de purgar las penas;

4- Si hubiese unido a los auténticos demócratas (gobiernistas y opositores) en vez de dividirlos, tal como ha sucedido ahora porque el Gobierno terminó plegándose a la voluntad de los extremistas;

5- Si no hubiese sido una simple manipulación para ignorar la voluntad popular expresada en las urnas;

6- Si hubiese eliminado, de una vez por todas, la percepción de que la negociación ha venido siendo usada por las Farc y su gemelo, el Eln, como un elemento más en la "combinación de todas las formas de lucha" 

7- Si no hubiera dejado temas pendientes o salvedades que luego tendrán que negociarse por debajo de la mesa entre el Gobierno y las Farc, fuera del control de la ciudadanía;

8- Si hubiese conducido a unos nuevos acuerdos objetivamente basados en los parámetros universales de justicia, reparación, no revictimización, verdad, desmovilización, desarme y reintegración, y

9- Si se hubiera garantizado que el monopolio estatal de la fuerza será respetado, que no habrá ejércitos paralelos legalizados y que quienes han usado o amenazado con usar la fuerza contra el ciudadano renuncian, bajo supervisión multidimensional y alertas tempranas, a la violencia como método político.

10- Si, roto el diálogo y la posibilidad de un consenso, el nuevo acuerdo Santos-Farc se somete a otro plebiscito libre y limpio y no a cabildos manipulados por la clase política local y la intimidación de las guerrillas.

El Nuevo Siglo, Bogotá, 15 de noviembre de 2016

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