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Vicente Torrijos                         

La política española está arrojando señales altamente interesantes.

Primero, se ha renovado estructuralmente en los últimos dos años, pero no ha dejado de basarse en los pilares tradicionales.

Los dos grandes partidos que produjo la transición, el socialista y el conservador, siguen sintetizando las corrientes de opinión.

Pero dos nuevos partidos han venido a consolidar la democracia con particular sensibilidad: ‘Ciudadanos’ y ‘Unidos Podemos’.

Y es en esos nuevos partidos en los que reside el encanto de una gobernabilidad sólida, pero también compleja y no necesariamente estable.

Ciudadanos es una agrupación reformista, de derecha moderada, construida desde la tecnocracia y la visión modernizadora de la vida política.

En cambio, UP es un partido populista, demagógico, explosivo y heredero de la mejor tradición contestataria y agitadora del marxismo leninismo.

Altamente reactivo, UP se considera un partido-movimiento, siempre cercano a la turbulencia callejera y a las modalidades de violencia simbólica desafiante.

De hecho, la química ideológica de sus fundadores les llevó a asesorar hace algún tiempo al régimen dictatorial de Hugo Chávez mediante jugosos contratos.

Tuvieron oficina en el palacio de Miraflores, gozaban del afecto de Maduro, de Diosdado y de los militares, tanto los propios como la guardia pretoriana importada desde La Habana.

Fueron ellos, tan cercanos al abogado de las Farc, los que se inventaron esa sarta de iniciativas revolucionarias mediante las cuales Hugo Chávez fue sumiendo a Venezuela en la bancarrota, la criminalidad y la carestía.

En definitiva, poniéndose al servicio de la dictadura stalinista, la UP comprometió por completo su perfil parlamentario.

Un perfil corrosivo que en vez de buscar el acuerdo responsable les ha aproximado a la pendencia y el escrache.

Durante todo este año, por ejemplo, UP solo se dedicó a torpedear los acuerdos que con dedicación y disciplina logró Ciudadanos para facilitar la formación de un gobierno tanto con el conservador partido Popular como con el partido Socialista, Psoe.

En efecto, al obsesionarse con el sorpasso (palabra italiana que significa ‘adelantamiento’) UP solo ha mostrado interés por sobrepasar al Psoe y tomar así el liderazgo de la oposición.  Pero ha fracasado en las urnas, en las calles y en el Parlamento.

Por el contrario, el Socialismo ha demostrado que las fuerzas genuinamente democráticas, es decir, las que no violan la Constitución ni premian a los terroristas, pueden entenderse y oponerse al mismo tiempo, fortaleciendo la estabilidad y el desarrollo.

El Nuevo Siglo, Bogotá,  Martes - Noviembre 8 de 2016.

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