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Alejandro Ordoñez Maldonado

El éxito de un proceso de paz depende de las garantías de cumplimiento de lo acordado. El presidente Juan Manuel Santos ha otorgado todo tipo de garantías de cumplimiento de los Acuerdos a las FARC, al punto de convertir a la Mesa de La Habana en una Constituyente. Nadie los eligió, ni les concedió ese poder.

Mientras a las FARC se les dan todas las garantías, ¿cuál es la garantía que las FARC dan a los colombianos de que no volverán a la violencia? ¿Cuál es la garantía de que no podrán rearmarse y de que se desmovilizarán totalmente? Es un asunto que no puede depender de la buena fe de ese grupo.

El Acuerdo sobre dejación de armas y zonas veredales transitorias de normalización para la reincorporación a la vida civil de los miembros de las FARC, es incompleto, absolutamente insuficiente y no es garantía de que se desmovilizarán integralmente y de forma definitiva.

El texto pactado permite que más de la mitad de las FARC no se desmovilicen y no las obliga a disolver la totalidad de sus aparatos violentos. Establece que a las zonas de ubicación de miembros de las FARC solo se desplazarán aquellos que hacen parte de “misiones, comisiones y unidades tácticas de los frentes” de la organización, lo que deja por fuera a gran parte del “grupo armado organizado”, como son los integrantes de las milicias.

El desplazamiento a dichas zonas tiene como objetivo el desarme de las estructuras de las FARC e iniciar el proceso de reincorporación de los miembros del grupo armado a la sociedad, es decir, desmantelar el aparato violento.

El Acuerdo indica que las armas de las milicias serán transportadas junto a las “armas de acompañamiento”, “las granadas y municiones”, hacia las veredas donde se ubicarán los miembros de “misiones, comisiones y unidades tácticas de combate”. Los guerrilleros sí arribarán a dichas zonas, con el “armamento individual”, pero los milicianos no. Es decir, más de la mitad de las FARC no se desmovilizarán.

En términos estrictamente funcionales, el ala militar de las FARC no son únicamente los guerrilleros que hacen parte de estructuras permanentes que constituyen “misiones, comisiones y unidades tácticas de los frentes”. Los organismos de inteligencia han informado en detalle al Gobierno Nacional sobre el hecho de que las FARC están integradas también por las milicias bolivarianas. ¿Por qué lo omite, Presidente?

Las milicias son estructuras de carácter militar que delinquen en zonas donde el grupo tiene influencia. Soportan las estructuras encuadrilladas, se camuflan en la población civil, ejecutan actividades de inteligencia de combate e incluso participan directamente en las hostilidades con atentados terroristas, francotiradores, instalación de minas antipersonal o uso de artefactos explosivos improvisados. Están conformadas por personas reclutadas, entrenadas y equipadas por las FARC para participar de forma continua y directa en las hostilidades. Sus miembros están sujetos a una organización jerárquica, al igual que a un régimen disciplinario.

Las milicias han sido en el último tiempo más relevantes en las hostilidades contra la fuerza pública que las unidades de guerrilla, son además instrumento de coerción sobre la población civil y de control del territorio a través de la amenaza y el uso de la fuerza. Los informes de conteo del enemigo del Ministerio de Defensa de los últimos años registran un número mayor de miembros de milicias que de integrantes encuadrillados en estructuras de guerrilla permanentes. Los datos señalan que los primeros son un poco más de 6.000, mientras que los integrantes de las redes de apoyo al terrorismo, como las llama el Gobierno desde 2011, son alrededor de 8.000. Seguramente, son muchos más.

No existe ninguna posibilidad de paz si las milicias de las FARC no se desmovilizan. Los colombianos deben tener la garantía de que las FARC se disolverán completamente. Una desmovilización parcial es una falsa desmovilización y una falsa paz.

El Colombiano, Medellín, 02 de julio de 2016. 

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