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Héctor Hoyos V.                                             

Ahora que le han dado a los narco terroristas la libertad de actuar en política con sus millones de dólares producto del crimen, la libertad para seguir cultivando coca y traficando para seguir creciendo sus arcas, la libertad para seguir extorsionando, amenazando y matando y la libertad de tener grupos armados dominando las zonas de sus cultivos, Colombia llega al período de elecciones al Congreso y a la Presidencia, con muchos grupos políticos que los secundan en garantizarles esas libertades y en cooperar en su propósito de tomarse el poder para convertirlo en un país comunista.

Las filas para adquirir la comida que haya, no la que se necesita, el hambre y la muerte por desnutrición y falta de atención médica, la pobreza, el desempleo y el sometimiento criminal que padecen los pueblos cubano y venezolano, es la consecuencia de esa conspiración comunista que quiere expandir a Colombia sus dominios.

Las políticas que se practican en la actualidad en nuestro país apuntan a someternos a ese destino. Aquí lo hacen por la vía de los impuestos además de aquellas libertades. Basta recordar el reciente incremento del IVA al 19%, o sea que casi una quinta parte de lo que compramos con valor agregado, lo tenemos que dar al gobierno, y basta recordar el abuso con el impuesto predial; un alcalde de Medellín ahora en la baraja de candidatos a la Presidencia de apellido Fajardo, incrementó esa carga hasta en un 2000% sin importarle las consecuencias para pequeños comerciantes y ciudadanos vulnerables, viudas y ancianos que tuvieron que vender sus propiedades, Mediante impuestos agobiantes empobrecen a la población y cercenan su capacidad de ahorro y de inversión y a las empresas les impiden su desarrollo y por consiguiente las ponen en apuros como ahora que crece la cartera en mora de los bancos, se reduce la liquidez del sector productivo y se dificulta su actividad. Sigue el proceso de acuerdos concursales, el cierre de empresas y el desempleo que genera.

El empobrecimiento aplicado como política pública soterrada contribuye a la eliminación de la célula familiar, los jóvenes aplazan sus matrimonios o no se casan, por su economía las niñas prefieren abortar, o por la misma razón proliferan las madres solteras, la sociedad se transforma en una cultura de muerte y de desesperanza, pero les parece que promover la homosexualidad y el aborto es la solución. Estos tipos conducen a millones de personas al sometimiento y la esclavitud en nuevas formas que de alguna manera logran para emular a sus ídolos Lenin, Stalin, Mao y Fidel, los genocidas más reconocidos del Siglo XX.

El camino que el pueblo colombiano defiende es el de la dignidad humana, en el que el estado y sus funciones son para servir al bien común, no el camino que lo somete al estado y a quienes se benefician del poder usualmente mediante intrigas, componendas, conspiraciones, complots y corrupción y menos a quienes aspiran a gobernar con la ética del crimen, esa ética que justifica masacres, desplazamientos, robos de tierras, extorsión, reclutamiento forzado de niños, abusos sexuales y violaciones, secuestros, etc., etc., que no puede ofrecer nada esperanzador para la dignidad del hombre, sino opresión, cárcel, torturas y muerte en nombre de su ideología.

La dignidad del ciudadano colombiano radica en la justicia que es fundamento de la paz, dignidad es que prevalezca el respeto a la Constitución y la ley para hombres libres por encima de la trampa, el atropello y las componendas para que los jueces y magistrados prevariquen  por dinero y privilegios, dignidad es la reparación a las víctimas del genocidio, dignidad es la libertad para los presos y perseguidos políticos y sometimiento a la ley de los delincuentes que abusan de las normas jurídicas para perseguir por política a inocentes, dignidad es garantizar las libertades y la democracia con unas Fuerzas Armadas al servicio del pueblo y del Orden Constitucional y un sistema electoral a toda prueba, dignidad es que el ciudadano colombiano ejerza a plenitud la libertad de prensa, de pensamiento, de movilidad, de emprendimiento y pueda satisfacer su libre voluntad de crecer en conocimientos y bienes para el servicio de su familia y su comunidad, dignidad es tener un país de propietarios, de ahorradores, se sociedades anónimas abiertas a la inversión de grandes y pequeños ahorradores, dignidad es darle garantías al capital para la inversión y generación de empleo, dignidad es persecución indeclinable a los criminales, a los corruptos, a narco traficantes y cultivadores de coca y demás cultivos para la producción de drogas ilícitas y por consiguiente dignidad es reanudar la aspersión aérea de esos cultivos y la extradición de narco criminales. Pero quizás lo más importante para la dignidad humana es defender el derecho a conformar un hogar y defender la familia contra todo lo que atente contra su integridad, por consiguiente dignidad es que el Estado garantice un salario justo para el sustento de la familia.

Las elecciones que se aproximan deben convocar al pueblo al rescate de su dignidad que este gobierno ha pisoteado en todas sus formas y muchos quieren continuar por esa senda que como dijimos arriba conduce inexorablemente a la miseria y la destrucción del hombre que ofrece el socialismo o comunismo que es lo mismo. Las elecciones que se aproximan reivindicarán el alma libre de los colombianos, dejaremos como en el plebiscito el sello de nuestra identidad de hombres libres, respetuosos del Estado de Derecho, emprendedores, defensores de la familia y de la educación de los hijos por sus padres contra la ideología de género. No nos dejaremos someter.

La lucha de los colombianos es por la dignidad, la dignidad que es civilización y vida. En las próximas elecciones de este nuevo año, nos jugamos la vida.

Publicado en Columnistas Regionales

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