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Mario Fernando Prado                                    

Para quienes creen que exagero, lean esto “...nosotros la comunidad de Popayán damos un plazo hasta el martes 7 de noviembre a las 9:00 a.m. -o sea hoy- para que la movilización indígena levante los bloqueos en la vía. De lo contrario, el mismo martes 7 de noviembre a las 11:00 de la mañana -o sea hoy- procederemos a saquear, destruir y reducir a cenizas las instalaciones del Cric ubicadas en la Calle Primera entre carreras Cuarta y Quinta de la ciudad de Popayán.

Invitamos a todos los payaneses de bien a que nos acompañen con piedras, palos, bates e incluso armas de fuego a la retoma de la ciudad y del departamento por parte de la población civil que es la única afectada por los cierres descarados de los indígenas del Cric.

¡No olviden: tienen plazo hasta el martes 7 de noviembre a las 9:00 a.m. -o sea hoy- para abrir las vías! de lo contrario se atienen a sufrir las consecuencias; somos más de 135 payaneses dispuestos a utilizar también la fuerza.
Firmado, Andrés Felipe Pérez Otoya, Líder civil contra el Cric”.
Como podrán apreciar, la sociedad civil de Popayán y demás municipios vecinos no soportan más el bloqueo de la vía Panamericana que ha traído consigo desesperanza y desasosiego. 

Hambre, escasez, violencia, pérdidas diarias millonarias en el sector del transporte, en el comercio, la industria, el turismo y en cada una de las 400.000 personas que habitan en la ciudad blanca -y faltan datos de los otros municipios, veredas y corregimientos-.
Seguramente y ante esta amenaza que desembocaría en una guerra civil de esas que se sabe cómo comienzan pero no como terminan, se abrirá una rendijita para que pasen los miles de vehículos represados provenientes de Pasto y de Cali.

Pero el bloqueo se restablecerá antes de que cante el gallo y seguiremos en las mismas inmersos en un problema insoluble que día a día cobra más y más damnificados y muertos, mientras que el gobierno desesperado porque se le hizo tarde, ya no tiene más que ofrecer a los huelguistas.
Y miren por donde va el agua al molino: ayer no más hablábamos de la invasión de los indígenas al complejo turístico Aguatibia entre Coconuco y Paletara y de cómo llevan siete meses ‘adueñados’ de este predio, el único balneario popular de la zona, hoy totalmente abandonado. Pues bien, para allá van Popayán y el Cauca ante la impotencia de un Estado que no atreve a imponer el orden y hacer respetar la Constitución y las leyes. 

Un levantamiento civil era lo único que nos faltaba para perfeccionar este conflicto que pasó a mayores. Esta mecha solo necesita un fosforito para encenderse y esa chispa puede prenderse hoy y sino es hoy, quedará a la espera cualquier florero de Llorente de esos que están listos para comenzar la revuelta.
¡Que mi Dios nos coja confesados!

El País, Cali, 06 de noviembre de 2017

Publicado en Columnistas Regionales

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