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Francisco J. Saldarriaga                                       

Desde la época romana se habla de la apariencia de la mujer del Cesar, a la que no le basta ser buena y pulcra sino que lo tiene que demostrarlo, para así ganar la confianza del pueblo y esto en épocas en donde las costumbres eran laxas y los medios de comunicación exiguos puesto que el periodismo de investigación (Husmeadores de basura) se inició en la primera mitad del siglo anterior.

Con respecto a los husmeadores de basura, como los han llamado, no encuentro una descripción más exacta para aquellos individuos que se dedican a husmear en la vida de los demás para encontrar, en algunos casos, hechos vergonzantes que han pretendido ocultar o en la mayoría de ellos, tergiversan la información, la degradan y la presentan como una situación escandalosa en contra del objeto de su obsesión enfermiza.

Arismendi, Coronel, Samper Ospina, Matador, Julito Sánchez y todos esos compinches de los medios, en donde trabajan estos hediondos husmeadores de basura, que ni siquiera reciclan sino que simplemente buscan en ella los desechos malolientes y les dan la interpretación acomodada a sus intereses y conveniencia. Es irrefutable que entre ellos no se esculcan en su basura y como dice el dicho: se hacen pasito para así conservar su falsa imagen de censores ¿autorizados? de la moral pública. Si alguien se atreve a husmear en sus canecas lo atacan en grupo y pretenden salir incólumes de las destapadas de sus depravaciones.

La declaratoria de insubsistencia de la directora del Sena, María Andrea Nieto es indudablemente uno más de los episodios de corrupción, cinismo y desgobierno del espurio presidente.

No es para menos que ante las denuncias de esta funcionaria, en un gobierno pulcro y de principios, el acusado de las prácticas debiese ser el separado del cargo, mientras se realizan las investigaciones pertinentes y se aclara lo denunciado. En las empresas en donde las desavenencias entre los empleados se acostumbra o por lo menos así era la usanza hasta hace muy poco, separar o suspender a los implicados. Hasta ahora nadie ha negado la veracidad de las acusaciones de la destituida pero como estamos en un país leguleyo y apendejado, los defensores del acusado se han dedicado a cuestionar el proceder de la funcionaria puesto que supuestamente no siguió el conducto regular para hacer las denuncias.

En una ocasión, cuando fui funcionario público efectué una denuncia en contra de antecesores por lo que consideré una mala práctica profesional. Los abogados me sugirieron no hacerla para cuidarme las espaldas puesto que sentaba un precedente y me podrían denunciar por mis decisiones. Quien actúa correctamente no tiene esos miedos, les respondí. Parece ser que ocultar o no denunciar es el usual proceder en el sector público.

Infiero que la señora Nieto pretendió eludir la denuncia ante los órganos de control e investigación hasta conversar con el funcionario y enderezar el entuerto. Ante la actitud del señor Prada y a sabiendas de lo que se le venía encima, creyó que haciendo pública la situación podría corregirse y de contera salir de ese caldo de cultivo corrupto, en el que se desenvuelven gran parte de los funcionarios de este gobierno y, como último recurso, efectuar denuncias respectivas ante los órganos competentes para el efecto. No sé si estas denuncias fueron antes o después de la destitución pero el hecho es que las hizo y ahora están en manos de quienes son los indicados para adelantar las acciones investigas pertinentes y corregir lo que sea susceptible de corregir.

¿No seguir el conducto regular es el pecado? Esa es una falla menor en cualquier empresa y se subsana haciendo eficiente y fácil seguir ese conducto o sea, darle  fluidez al proceso y permitir que esas acciones se den dentro del trabajo diario. Entorpecer el conducto debido a que lo que se pretende puede afectar las componendas del superior es en verdad un hecho grave y como diría la procuraduría una falta gravísima del funcionario que en este caso es el señor secretario de la presidencia.

En conclusión tenemos que denunciar que la corrupción en este gobierno es motivo de destitución, no seguir los conductos regulares a pesar de haberlo intentado en múltiples oportunidades es causal de insubsistencia, trabajar honradamente puede acarrear sanciones y mostrar que los jefes son cualquier cosa diferente a funcionarios eficientes es colgarse una lápida en la espalda. El corrupto según los principios del espurio es impoluto y el correcto no puede laborar en su administración porque se le pierde la confianza. Vaya escala de valores.

Publicado en Columnistas Regionales

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