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Carlos E. Correa M.                                          

Estamos a pocos meses de que la suerte y el futuro de nuestro país se definan. En marzo y mayo del 2018 tendremos las elecciones parlamentarias y presidenciales respectivamente y allí el pueblo colombiano decidirá si respalda y apoya a los partidos y organizaciones de izquierda, jugados con el socialismo del siglo XXI, aplicados ya en Venezuela y Brasil, cuyas nefastas consecuencias ya conocemos, o si por el contrario, avala y defiende nuestra democracia y su institucionalidad. Esta decisión en las urnas será definitiva para el porvenir de Colombia.

La izquierda colombiana, inscrita en el Foro de Sao Paulo (FSP), sigue las orientaciones de esta organización comunista internacional, creada en 1990 por Fidel Castro y Lula Da Silva con el fin de expandir y fortalecer el comunismo en toda América Latina. De manera vergonzante, le esconden a la opinión pública sus verdaderas intenciones políticas camuflándolas en un lenguaje populista y progresista falaz, de justicia social, paz, defensa de la vida, defensa de la soberanía, etc. Si por la vía armada no podemos conquistar el poder, utilicemos todas las formas de lucha, sostienen en el FSP. Los diálogos de paz han sido una de esas formas de lucha implementadas por la izquierda en Colombia,  que con la complacencia de Santos, ya ha obtenido importantes conquistas.

Además de apoyar el acuerdo de paz con las Farc y de respaldar toda la maniobra implementada por el gobierno espurio de Santos, para desconocer la voluntad de la mayoría del pueblo colombiano expresada en el plebiscito del 2 de octubre, la izquierda en nuestro país exalta y respalda la ruptura del orden constitucional y la sustitución de nuestra Carta Política. Apoya la ideología de género. Avala el narcotráfico como delito político. Su posición frente a la religión es ambigua y oportunista. Se opone a la economía de mercado y desconoce la propiedad privada. La familia la supeditan al Estado.

Estas son las perspectivas que tenemos los colombianos frente a un eventual triunfo de la izquierda en nuestro país.

Por fortuna para nuestra democracia y para nuestra institucionalidad, los colombianos contamos con la voluntad inquebrantable de grupos sociales, económicos, religiosos, deportivos, culturales, juveniles, académicos y organizaciones políticas opuestas a las peligrosas intenciones del socialismo del siglo XXI, expresadas en las propuestas  populistas de la izquierda colombiana.

La gran mayoría del pueblo colombiano consciente del riesgo que se cierne sobre nuestra patria, apoya y rodea a quienes, liderados por el Centro Democrático (CD), se han aglutinado en torno a la coalición del NO. Allí cabemos todos a quienes nos duele este país y el futuro de nuestras generaciones. No podemos tener dudas, ni vacilaciones. Es el momento de la unidad y de las definiciones. La ruta engañosa y populista por la que la izquierda condujo a la situación actual de Venezuela, es un espejo en el que nos tenemos que mirar.

Para recomponer el rumbo errático por el que Santos introdujo al país y para evitar que Colombia llegue a caer en las garras del socialismo del siglo XXI, el CD, con sus cinco precandidatos, viene recorriendo el país, presentándole sus tesis, totalmente contrarias a las enarboladas por la izquierda colombiana.

La seguridad desde la democracia; la confianza inversionista desde la responsabilidad social y la cohesión social desde las libertades, aunadas a un Estado austero y al diálogo con la comunidad, son principios que identifican las propuestas del CD para Colombia.

Sanear las finanzas públicas y recuperar la economía incentivando la inversión privada con seguridad jurídica y estímulos tributarios, mejorando además el salario mínimo de los trabajadores, es otra prioridad dentro de las propuestas de CD.

Así mismo restablecer la institucionalidad, la independencia y autonomía de los poderes públicos.

De la misma manera, propone el CD, recuperar la majestad de la justicia estableciendo una única Gran Corte  que aglomere a los más altos tribunales del Estado y que se encargue de estudiar y juzgar los casos relacionados con la justicia transicional, reemplazando la JEP. Restablecer la moralidad pública, combatiendo la corrupción en todas sus manifestaciones sancionando social, política y penalmente a los delincuentes corruptos, con muerte política, penas no conmutables y confiscación de los bienes y activos obtenidos por aquellos. Esto en lo inmediato. En el mediano y largo plazo convertir la enseñanza de la ética y valores en una obligatoriedad de nuestro sistema educativo.

 Es interés del CD, revisar y modificar aspectos esenciales del acuerdo con las Farc que resultan inadmisibles para el pueblo colombiano y para la comunidad internacional. No puede haber impunidad para los responsables de crímenes de lesa humanidad y de crímenes de guerra. Deben recibir penas privativas de la libertad.

El narcotráfico no puede asociarse al delito político. No puede haber elegibilidad política para los responsables de crímenes atroces.

Las víctimas tienen que ser reparadas. Los niños y menores de edad tienen que ser regresados a sus familias y a la sociedad y los secuestrados deben ser liberados y/o entregados los cuerpos a sus familiares, si éstos fueron asesinados o muertos en cautiverio.

El tratamiento de la justicia a los militares no puede ser el mismo que el que reciben los guerrilleros.

Las propuestas que la izquierda populista ofrece y las que el CD presentan a la opinión pública nacional son diametralmente opuestas y pretenden objetivos diferentes. Mientras la izquierda busca imponer en Colombia el Socialismo del siglo XXI, el CD defiende la democracia y la institucionalidad del país.

El pueblo tendrá la palabra y en las urnas, el próximo año, votará por la salvación de Colombia y contra la implantación del socialismo en nuestro país. A eso está invitado en la próxima justa electoral.

Publicado en Columnistas Regionales

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