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Francisco J. Saldarriaga                                 

No voy a comentar sobre la presencia del Pontífice Católico en nuestro territorio aunque mencionaré un titular del otrora periódico de los santos en donde dice que el Papa buscará que los colombianos alcancemos la Paz con FRATERNIDAD, lo que es diferente a la paz con IMPUNIDAD que concertó es espurio a espaldas de la voluntad del pueblo expresada el 2 de octubre de 2016, fecha en la que dijo NO a esos acuerdos que maquillaron días después.

Tampoco hablaré de la vestimenta de la 2ª cónyuge del mentiroso mayor, ni de su irrespeto al protocolo ya que la obviedad de su estupidez es suficiente para que los colombianos caigamos en cuenta de la clase de tarados que habitan en la actualidad en la casa de Nariño.

Entrando en materia entonces, empezaré a hilvanar, si es que puedo, una serie de ideas sobre la corrupción y el miedo extremo que sentimos los colombianos ante la necesidad  de enfrentar un juicio penal o civil, conseguir una aval, permiso o licencia por parte de los funcionarios oficiales del gobierno en cualquiera de sus estamentos ya sea nacional, departamental o municipal.

Ya constatamos dolorosamente y por medio de un organismo extranjero la podredumbre que acompaña a nuestro sistema judicial con jueces y abogados bailando al son del mejor postor. JUSTICA EN SUBASTA.

Somos sabedores de la necesidad de “engrase” de la maquinaria estatal para conseguir permisos, licencias y todo tipo de documentos que nos permitan desarrollar las actividades económicas que requieren de anuencia de entidades del Estado. Para corroborar esto basta mirar el nivel de vida de funcionarios de tercer y cuarto nivel y relacionarlos con el sueldo que devengan.

En mi vida en el sector público me topé con funcionarios de tercer nivel del orden nacional, cuyo tren de vida en la ciudad más cara de Colombia, solo lo podrían tener altos ejecutivos con salarios superiores a unos 15 SMLM., ellos no alcanzaban los 5 pero vivían como reyes en sectores de la ciudad reservados para el estrato económico de mayor nivel e hijos estudiando en colegios privados de alto costo y con vehículos de alta gama.

Su cuadre era la coima y el aprovechamiento de la necesidad del ciudadano del común para conseguir un permiso o una  gestión de cualquier índole.

Los cargos en ciertas entidades del estado nacional tienen dueño y para acceder a ellos se deben cumplir condiciones delincuenciales que no nos caben en la mente. Hay cargos en donde el funcionario debe entregar un documento necesario para la operación de un vehículo y este, si no hay propina suficiente lo engaveta. El dueño o el operador angustiado entrega la propina. Menor tiempo + $.

Algo similar a lo que sucede con los indigentes en las calles cuyos “AMOS” exigen una participación suculenta de lo que perciba el individuo de la caridad de los transeúntes.

Lo grave es que estas costumbres permearon la sociedad en general y vemos a médicos inventando tratamientos innecesarios o inútiles (Quimioterapias sin sentido), fracturas inexistentes para defraudar al SOAT y ejercicio de especialidades que no poseen; también vemos arquitectos e ingenieros que engañan a sus clientes con presupuestos mentirosos o inflando costos de las obras y un sinnúmero de triquiñuelas para conseguir dinero fácil. Y el más actual ODEBRECHT financiando elecciones para después recuperar lo invertido en corrupción por medio de contratos a dedo y/o amañados.

Ni que hablar algunos abogados que se aprovechan de viudas, parejas en conflicto, litigios civiles o juicio penales. Odontólogos que sin asomo de ética critican el trabajo de sus colegas y someten a sus pacientes clientes, a nuevas torturas para justificar sus altísimos honorarios.

Y esas prácticas se extienden a todas las acciones en donde el dinero se pueda extraer o desviar. Taquilleros que en connivencia con el portero vende varias veces la misma boleta de ingreso a un espectáculo, agentes de tránsito que se inventan infracciones para conseguir la coima, conductores que propician el acceso a los buses por las puertas de desembarque.

Parece que el pecado original se convirtió en genético para muchos colombianos y el bautizo es inútil; para ellos evadir la norma es premisa fundamental de su sistema de vida.

Publicado en Columnistas Regionales

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