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Gonzalo Mejía Córdoba                                  

En el momento menos esperado y cuando todo parecía “olvidado”, el Consejo de Estado declaró legal el voto por el NO en el plebiscito del dos de octubre de 2016.

Se imagina cualquier ciudadano el inmediato cambio de color del ex presidente y “nobel”,  cuando con este revés político empieza a sentir que la mermelada hace tiempo viene perdiendo efecto. Y se imagina también cualquier ciudadano, el impacto que esta inesperada decisión causó entre los efervescentes y apasionados defensores del “SÍ”, que llenos de odio y resentimiento personal se dedicaron a colmar de insultos,  agresiones verbales, escritas, a tratar de mentirosos y demás, a los que con el NO sólo nos alienta la pasión por salvar a Colombia de la amenaza de la dictadura orquestada por el colonialismo cubano  a nombre de la “pa$”, ideada como un negocio del “nobel” y que tratan de ocultar apenas mencionando al norteamericano; y al respecto, no han hecho ni un solo pronunciamiento. Silenciosos y cabizbajos siguen ahí balbuceando quejas y lamentos. Pero lo cierto es que, por encima de tanta hostilidad y ofensas, el plebiscito ganó y con él le dijo el pueblo ¡NO¡ al pacto traicionero de La Habana, y aun así nos siguen llamando “enemigos de la paz”. Pero curioso: parece que no hay voluntad de los ganadores para defender este triunfo.

Y ahora, para afianzar la entrega del país y tratar de opacar la explosión de la corrupción en la mayoría de los ámbitos del poder y de la sociedad, en aras de la “paz”-quebrantando su palabra pues había dicho que “si gana el SÍ no iré a Colombia”-,  nos traen al Papa Francisco para que  oficialice la trampa habanera a nombre  dizque de la “reconciliación”, como si los colombianos de bien, mujeres y hombres, estuviéramos enfrentados unos a otros. “Hay que adormecer a los creyentes” para que callen ante el ya conocido despilfarro de los dineros públicos, las colectas en las misas para financiar esa visita,  y para hacerlos sentir comprometidos aprovechando su inocencia con la  estrategia de hacer que los verdaderos  enemigos de Colombia se tomen el poder. Jamás habíamos visto a la alta jerarquía de la iglesia católica, tan comprometida para hacer una maniobra. La sola presencia del Papa Francisco avala la falsa paz de Juan Manuel Santos. ¿Los colombianos de bien estamos enfrentados entre nosotros? No. Su llamado a la “reconciliación” no es otra cosa que pedirnos que claudiquemos ante los que nos han matado y nos tienen amenazados desde hace sesenta años, y ante un gobierno corrupto como el de Juan Manuel Santos que tiene al Estado en quiebra, sumida en hambre a la niñez y en la miseria al pueblo. Haber ignorado a los presos políticos durante su visita a Cuba, llamar al “diálogo” en Venezuela para desviar a la oposición, fueron dos golpes mortales, como mortal puede resultar su visita a Colombia. ¡Ojo, mucho ojo! Nada tiene de “pastoral” su visita, pues escogió el peor momento. ¿En la antigüedad, cuál gobierno le pagó los viajes al humilde carpintero Jesús?

Sin embargo, otro trasfondo además tiene la visita del Papa Francisco: las elecciones de 2018. Acosado por los escándalos de corrupción cada día más crecientes, no solo en lo de Odebretch sino en la justicia, por la caída de la economía, por la desintegración de la “Mesa de Unidad Nacional” que fue uno de los principales soportes para cambiar las leyes e implementar la dictadura, por la problemática empresarial y laboral crecientes, por la amenaza permanente en la que se le ha convertido el genocida de Venezuela “garante de la paz” Nicolás Maduro, y por sobre todo ante la ausencia de mermelada y el inminente fracaso, Juan Manuel Santos está pensando cómo imponer el voto electrónico para repetir lo que hizo con el plebiscito y así transportarnos hacia “el país del postconflicto”. ¿Qué mejor que la presencia del Papa Francisco para desviar la opinión acerca de todo esto?

A lo anterior, tenemos qué agregarle que hoy contamos con un partido político con armas al cinto que, como el Zorro se mueve con sigilo por entre las ramas, esperando el momento para saltar sobre la presa. Que valiéndose de su habilidad para abolir la norma, toma cuerpo la recolección de firmas que nos surtirá de variados candidatos, lo cual nos obliga a estar vigilantes para no caer en la confusión que nos desvíe del norte que de tiempo atrás nos hemos trazado las fuerzas del NO, que como en el plebiscito, si no nos dejamos desviar por comentarios, insultos, calumnias y humillaciones. Unidos avanzaremos hacia el triunfo en el 2018, demostrando una vez más que donde hay voluntad no hay espacio para las disculpas, que donde hay solidaridad se acaban las penurias, y dispuestos a probarle una vez más a Colombia y al mundo, que nuestro pueblo alejado de las provocaciones se atrevió, como en el plebiscito, a demostrar una vez más cuán insondable es el silencio de los sabios.

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Publicado en Columnistas Regionales

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