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Carlos E. Correa M.                                     

“La excelencia de un líder se mide por la capacidad para transformar los problemas en oportunidades” Peter Druker

Si nos dedicáramos a hacer un análisis serio, minucioso, coherente, objetivo y profundo sobre las características que un líder político debe tener y que éste debe desplegar, ejecutar y dirigir tendríamos que incorporar algunas, muchas de ellas indispensables, como las siguientes:

Credibilidad, transparencia, honestidad, consistencia, compromiso social, convicción, firmeza, autoridad, empatía, autocrítica, magnanimidad y por supuesto, liderazgo. Y, desde luego, aquí no se agotan todas las características de un gran líder. Podríamos agregar también, pasión, humildad, paciencia, coraje y muchas más, desde luego.

No resulta fácil para ninguna persona reunir semejante cantidad de características y ser consecuente con ellas. De allí que no haya abundancia de líderes políticos en el mundo entero y su  escasez les da brillo, importancia y reconocimiento a los pocos que alcanzan este difícil honor y reconocimiento.

El liderazgo como tal no es ni bueno ni malo. Es un medio cuya bondad o maldad está dada por sus objetivos. De ahí que podemos encontrar liderazgos políticos cuyas intenciones son perversas y lesionan en materia grave la dignidad humana o también liderazgos con propósitos nobles que persiguen el mejoramiento de las condiciones generales de un conglomerado de personas.

Un auténtico liderazgo político, de propósitos generosos, se reconoce por su vocación de servicio y por su gestión en beneficio del bien común. Por el interés superior de servicio a la patria. Por el carácter ético y moral de sus actuaciones. Lo más satisfactorio para un líder político es ser reconocido y recordado con respeto, admiración, agradecimiento y aprobación por todos aquellos que lo han seguido.

La crisis económica, social, moral y política por la que atraviesa nuestro país requiere de un gran líder y de una fuerte y poderosa organización política que lo respalde. Infortunadamente la mayoría de las organizaciones políticas en Colombia, se han preocupado más por el clientelismo, la endogamia, la corrupción, el arribismo egoísta, la compra-venta de votos, la demagogia, el transfuguismo y la impunidad, que por responder a las soluciones de los verdaderos problemas e intereses de la ciudadanía. Dejaron de ser el puente entre las necesidades de la comunidad y el Estado como redistribuidor del ingreso de la sociedad y, en esa medida aquellas y sus dirigentes han perdido reconocimiento y credibilidad frente a la opinión pública. Existe un desencanto y rechazo generalizado de la ciudadanía hacia los partidos políticos que pone en situación de riesgo nuestra democracia. El escepticismo se ha apoderado de la opinión pública, con los riesgos de propuestas populistas que en situaciones como estas suelen aparecer. La crisis de los partidos ha llevado a muchos dirigentes a acudir a la tramposa estrategia de recoger firmas para avalar sus candidaturas, desconociendo desvergonzadamente sus propias organizaciones políticas, utilizando todo tipo de ardides para violar la normatividad electoral, soslayando de paso las exigencias económicas y financieras legales de las campañas políticas.

Para fortuna de Colombia y de su democracia, nuestro país cuenta con una organización política como el Centro Democrático (CD), que se diferencia de las demás en temas esenciales como la de ser  un partido incluyente y participativo, inspirado en la libertad, defensor de la familia, respetuoso del imperio de la ley. Organización que acoge y respeta el bien común y que concibe la política como un ejercicio franco, transparente y leal, de cara al pueblo y con el pueblo, temas todos, plasmados en su Estatuto. Por eso la bancada parlamentaria del CD, en franca y abierta oposición al gobierno de Santos, ha estado en contra del acuerdo con las Farc y por fuera de la mermelada y la repudiable corrupción auspiciada por el régimen, pudiendo, abiertamente, pedir a la opinión pública su respaldo y apoyo en los próximos comicios electorales.

El Presidente Fundador y máximo líder y orientador del CD es el expresidente de la República Álvaro Uribe V. Su liderazgo político es reconocido por propios y extraños a nivel nacional e internacional y su defensa por la democracia y por los intereses superiores de la Patria, nadie puede poner en duda. Escogido por el ejercicio de opinión, realizado por History Channel y el periódico El Espectador en el año 2013, como el Gran Colombiano de todos los tiempos, reconocimiento, que en sus respectivos países, también han tenido líderes como W Churchill, Charles De Gaulle, Nelson Mandela y R Reagan, todos ellos, incluyendo a Álvaro Uribe, con un denominador común: salvaron a sus países cuando estaban al borde del abismo, devolviéndole a sus pueblos la ilusión y la confianza en un futuro mejor. El agradecimiento y apoyo que permanentemente el pueblo colombiano le expresa y le expresará al Dr Álvaro Uribe, estamos convencidos, es el mejor regalo que se le puede entregar a este gran líder y así lo sabrá valorar él.

Pasemos ahora a la situación interna del CD. Resultan incomprensibles algunas situaciones que dentro del partido vienen sucediendo por parte de algunos de sus militantes. Si bien es normal y plausible, en aras de la democracia interna del CD, que existan tendencias y diferencias de criterio, éstas se deben esclarecer por la vía del debate fraterno y argumentado y no por la vía de la descalificación del interlocutor y menos yendo en contra vía de las orientaciones de su máximo líder y orientador. Mientras el expresidente Uribe habla del respeto y apoyo igual para todos los precandidatos, otros se solazan lanzando ataques desobligantes contra algunos de aquellos. Mientras AUV habla de recomponer el acuerdo Santos- Farc, otros lo quieren volver trizas. De la misma manera hay quienes prefieren abandonar el partido, porque sus posiciones excluyentes no coinciden con la unidad y la inclusión que AUV propone. Mientras AUV invoca la paciencia y la delicadeza en la solución de problemas difíciles y candentes, no faltan los que prefieren soluciones emocionales inmediatas.

Ni el fundamentalismo excluyente, ni los intereses personales, grupales y/o familiares pueden estar por encima de los lineamientos doctrinarios y programáticos que con toda sabiduría defiende el Dr Uribe. Si a su indiscutible liderazgo la militancia lo apoya y respalda con posiciones propositivas y proactivas seremos una fuerza avasalladora, incontenible y contundente en los próximos comicios. No perdamos el foco. La patria necesita de nuestro concurso.

Publicado en Columnistas Regionales

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