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Carlos E. Correa M                                      

De concluir en un fallo condenatorio la investigación que la Corte Suprema de Justicia adelanta contra el senador de la U Bernardo “Ñoño” Elías, hoy detenido, como todo parece indicar que sucederá, por los líos de corrupción con la multinacional Odebrecht, el partido de la U perdería su segundo senador por sanciones legales y el CD pasaría a convertirse en la primera fuerza política en el Senado.

El que un partido político como el CD, además de ser la organización política más joven del país y adicionalmente, ser la única fuerza política declarada en real  oposición al actual gobierno, tenga también el honor de convertirse en la principal fuerza política en La Cámara alta, representa para esta partido connotaciones muy importantes y responsabilidades no menores a nivel nacional e internacional.

La doble condición de único partido real de oposición y simultáneamente, ser la primera fuerza política en el Senado, le concede al CD el honor de enriquecer el sistema democrático de nuestro país, rol que el CD ha desempeñado con lujo de detalles. Frente al desencanto y malestar que la opinión pública tiene de los partidos políticos en Colombia, fruto de las mentiras y engaños que el electorado ha recibido y de que los partidos tradicionales, incluyendo la U, son colectividades que buscan su respaldo en las aceitadas maquinarias electorales y en el clientelismo, surge la responsabilidad del CD de mantener la comunión permanente con la comunidad a través de sus foros democráticos o consejos comunitarios, en los cuales se recogen las necesidades y angustias de las comunidades que alimentan sus programas políticos. Por eso la fortaleza del CD radica en el voto de opinión.

Internacionalmente, un partido político con estas características, garantiza audiencia frente a las democracias del mundo y en las circunstancias por las que atraviesa nuestro país, sus denuncias sustentadas y probadas tienen eco en cualquier foro mundial, logrando apoyos que fortalecen nuestra democracia y evitan su debacle.

Posiblemente este hecho, asociado a las circunstancias de corrupción del senador de la U, Bernardo “Ñoño” Elías y su detención, no tenga grandes repercusiones en las circunstancias políticas actuales del Congreso, pero en el inmediato futuro, sí que las podrá tener. A escasos siete meses de las elecciones parlamentarias y a menos de un año para las presidenciales, la situación política actual, derivada de esta deplorable situación de rampante corrupción, será un insumo de análisis y claridad para la opinión pública, la cual sabrá direccionar su voluntad electoral hacia el partido que  mejor y más honestamente ha representado a la comunidad en el legislativo.

Pero la importancia de este logro no radica en el triunfo en sí mismo, ya que el CD está acostumbrado a lo efímero de sus triunfos, desconocidos inmediatamente se obtienen, por las trampas que Juan Manuel Santos urde para, por la vía del fraude o de las manipulaciones  abyectas, escamotear  los alcances legales que ha obtenido esta organización política y que pese a todo, la opinión pública las reconoce como ciertas. Lo más importante y destacado de este logro es que se alcanzó, por ahora, la detención y/o investigación contra senadores corruptos del partido de la U que con dineros oscuros, recibidos sinuosamente de Odebrecht o de otras fuentes non sanctas, compraron la conciencia y torcieron la voluntad de muchos ciudadanos en el departamento de Córdoba y departamentos vecinos, para favorecer el triunfo espurio de Santos en 2014.

Se confirman, igualmente, las advertencias que ya el CD, en sus fundamentados debates, había anticipado no solo en la campaña presidencial, sino en la campaña del plebiscito y que Santos se empeñaba en negar. Los hechos han venido a darle la razón al CD.  

De la misma manera, se muestra la diferencia entre el accionar de la bancada del CD, que de manera disciplinada, responsable y comprometida con los intereses de la patria, ha desempeñado una labor legislativa y de control político admirable contra el régimen Santista y sus esbirros, reconocida por Tirios y Troyanos, por un lado y, por el otro, la de unos congresistas enmermelados que contra la voluntad popular aprueban los desaciertos, abusos y tropelías del gobierno de Santos, desconociendo el Estado de derecho y atropellando los principios de  nuestra Constitución Política, para congraciarse con Santos y con el grupo terrorista de las Farc.

Se perfila, entonces, con toda claridad, la diferencia entre los partidos y organizaciones políticas que están del lado de la corrupción y  de las componendas oscuras para lograr beneficios personales y/o  ganar elecciones. Los que apoyan, de espaldas al pueblo, el engendro perverso del acuerdo Santos-Farc, de un lado, y los que, como el CD, de otro lado, combaten la corrupción (ver proyecto de ley presentado al Congreso en el presente año) y defendiendo los intereses superiores de la patria, se oponen a los puntos del acuerdo que son altamente inconvenientes para el país y sus instituciones.

El pueblo colombiano sabrá entender que lo que está en juego en las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales es la suerte de la democracia y de nuestras instituciones y que en consecuencia es del todo necesario que con su voto consciente y decidido evitemos que el país caiga en manos del Castro-Chavismo y se instaure en nuestra patria el Socialismo del siglo XXI. Se requiere una copiosa votación que garantice el triunfo en la primera vuelta, evitando así otro eventual fraude electoral como el que ya vivimos en el año 2.014 .

Publicado en Columnistas Regionales

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