Facebook

     SiteLock

Última hora
Santrich, provocador en jefe - Miércoles, 18 Octubre 2017 05:40
¿Blindaje agrietado? - Miércoles, 18 Octubre 2017 05:40
Memorial contra el 'blindaje' - Miércoles, 18 Octubre 2017 05:40
Los beneficios de la impunidad - Miércoles, 18 Octubre 2017 05:40
Justicia de vencedores - Miércoles, 18 Octubre 2017 05:39

Gonzalo Mejía Córdoba                                        

No se ha apagado el eco de la frase pronunciada recién posesionado el señor Juan Manuel Santos, cuando dijo: “me van a odiar hasta los mismos de mi clase”. No descubrimos o no entendimos en ese momento el trasfondo de ella. Claro, no sabíamos que él habla al revés para que le entiendan al derecho.

Hoy cuando le conocemos su actuar, vemos que no lo odia una minoría de su clase pero sí, hasta la repugnancia, el grueso de la población. La misma que dejó abandonada para dedicarse a cumplirle a los que le prometieron el “premio nobel”, el mismo que lo ha convertido en el hazmerreír de la comunidad internacional, cuando se presenta ante ella para ofrecerle aguacates ocultando el aumento en los cultivos de cocaína.  Sólo lo quieren los grandes medios de comunicación, los de la “Mesa de la Unidad Nacional”, los lagartos, y desde luego los que le compraron el camino para que les deje entrar triunfante la paloma al circo.

Empezó la tramoya desmontando la seguridad y la democracia, todo lo demás que le fue entregado y que le mereció la confianza de la gran mayoría de la población, la misma que en poco tiempo dejó abandonada a su suerte para concentrarse con sus amigos en la pantomima de la “pa$”. Y se desbocó a hacer lo que más le gusta: mostrar su presunción y su “yo” y derrochar los dineros públicos. Empezó por llamar “mi mejor amigo” a quien meses atrás lo trataba de “ultraderechista, mafioso, corrupto”. Y como respuesta, en conjunto cooperó para organizar en Venezuela  el paraíso para sus protegidos y  nombró  como “garante de la  paz” al mismo   que hoy  lo insulta y lo  amenaza con “contar  verdades”  obligándolo  a guardar silencio; ese Nicolás que desafió al pueblo venezolano con fusiles y éste lo derrotó con escudos de cartón. El mismo silencio que ha tratado   de imponer ante el escándalo por las  denuncias contra varios  de  sus funcionarios  y de él mismo por lo de Odebrecht. Que “no  puede ser solidario con la dictadura de Maduro”, pero en cambio en Colombia consolida la suya y obedece todo lo que le ordenan desde Cuba.

Cómplices caracterizados ha tenido la falsa paz, quién lo creyera, la ONU y la Cruz Roja. La primera, mostrándose para nada desconfiada ante el desarme, y callando ante el secuestro de varios de sus delegados y por mucho tiempo por la no liberación de los niños y los demás secuestrados; y la otra, en muchos casos dejando a un lado su tarea humanitaria para transportar en sus aviones a los delincuentes, de aquí a La Habana y de La Habana aquí. Curioso no deja de ser que en el Cauca una misión de la ONU mientras desmontaba una caleta de las FARC fue atacada por el ELN. ¿Esto que es: “juntos pero no revueltos”? ¿O que dejaron, el brazalete y se quedaron con las armas? Pero más curioso es que después de que “certificaron la entrega de armas”, aún sigan “desmontando caletas”. ¿Qué fue lo que entregaron entonces?

Paralelo al desprestigio de estas organizaciones, otrora respetables incluida la alta jerarquía de la iglesia católica, por su silencio cómplice con lo que está pasando en Colombia y Venezuela, en donde la democracia, la suerte y la vida del pueblo es cada día más incierta; a mayor velocidad avanza cada día el de Juan Manuel Santos. El desespero lo ronda de tal forma, que lo lleva a prometer de todo: plata para Mocoa, dónde están las casas de Gramalote, los ocho millones de dólares del premio nobel para las víctimas de BojayÁ, acueducto en San Andrés Isla, -aunque no se sabe si los sanandresanos por un trago de agua vayan a olvidar la entrega de los 75 Mil kilómetros del mar-. A descubrir pozos secos de petróleo en La Guajira donde no hay alimentos para los niños, entre otros. Y lo que nunca esperaba: el Consejo de Estado le declaró legal el voto por el NO en el plebiscito y con esto se le dice a la comunidad internacional que por primera vez en la historia de los nobel, existe uno con visos de dictador que engaña tanto a los de aquí como a los extranjeros.

El último año que le queda de gobierno, sin duda será es el más largo en toda la historia. Siete años de un gobierno de Juan Manuel Santos que a Colombia sólo le ha regalado un mar de desesperanza y que para tratar de reivindicarse, contrató el paseo del Papa Francisco para que venga a tocar el corazón de los católicos y convencerlos de que a nombre de la reconciliación, el narcotráfico entre triunfador como amo de todo para que lleve a Colombia por el camino hacia el infierno. 

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado en Columnistas Regionales

Compartir

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN

Ingrese su dirección de correo electrónico:

Nuestras Redes