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Francisco J. Saldarriaga                                       

Últimamente me acomodo ante el teclado y experimento un hastío enorme, porque el tema que de inmediato viene a la cabeza tiene que ver con el espurio y su cohorte de sanguijuelas. Infortunadamente durante este gobierno centralista y corrupto hasta los tuétanos (ojo que nos vacunarán), día a día se cocinan actos corruptos que generan noticias que dan fe del estado de corrupción de la sociedad capitalina.

Antes del 2 de octubre de 2016 las encuestas daban como seguro ganador al SI propuesto por el Gobierno y sus compinches, algunos de ellos compañeros de aventuras con ODEBRECHT, otros con el cuento recurrente de la mermelada y muchos de ellos untados hasta el cogote de contratos irregulares por parte del ejecutivo para la divulgación de las “verdades oficiales”, cuya verificación es imposible por lo gaseosas y amañadas.

Ahora andan de plácemes porque una de esas encuestadoras que se equivocó de cabo a rabo en lo del plebiscito dio que el espurio subió 5 puntos en favorabilidad y que hay más adeptos a la paz.

Recuerdo a un jefe de compras que tenía mucha amistad con los proveedores y conformó un grupo representativo para que las diversas licitaciones fuesen siempre adjudicadas a uno de ellos. Para el efecto solicitaba muchas más propuestas de las necesarias y acomodaba a quien quería adjudicarle como la mejor. Desechaba las más convenientes que la del seleccionado para así garantizarle la compra. Este señor se enriqueció sobremanera y en esa época sus jefes con algo de malicia indígena que llaman, sospecharon pues el tren de vida que llevaba, no se compadecía con el sueldo que devengaba. Investigaron y lo sacaron de la empresa. No entiendo como los organismos de control del  estado no tienen esas prácticas simples de cotejar los ingresos versus gastos. Con este simple ejercicio conseguirían reducir palmariamente los índices de corrupción.

Con estas encuestas se pueden presentar procesos de selección de las  respuestas para conseguir el resultado perseguido. Simplemente se incrementa el # de encuestados de forma que se pueda conseguir una muestra representativa para demostrar lo que se quiere. Se encuestan 5000 personas en diversas ciudades, se desecha un porcentaje (60% + o -) de respuestas negativas con respecto a lo que se quiere demostrar y de esta manera se van decantando para lograr el resultado que se busca.

Otra manera es realizar la encuesta en nichos en donde se tiene alguna certeza de respuestas favorables hacia lo que se quiere conseguir. Por ejemplo: Preguntar en la Casa de Nariño y en los ministerios de forma que quien responde pueda ser identificado. Algo parecido a lo que hizo Maduro con la tarjeta de abastecimiento y el voto para esa malhadada asamblea constituyente. Todas esas prácticas son muy usuales en regímenes totalitarios o, cuando en los seudodemocráticos se tienen bajos índices de popularidad.

En toda investigación de opinión la pregunta debe ser neutra para conseguir la verdad, pero cuando se quiere torcer la verdad esta puede ser sugestiva para buscar la tendencia hacia donde se quiere llegar. Preguntar sobre si se quiere la paz tendrá un resultado abrumador para el Sí. Pero si se le añaden las obligaciones y las consecuencias sobre un proceso que nos empeña en el tiempo y nos cataloga como una sociedad connivente con el terrorismo, el narcotráfico y todas las acciones delictivas de los supuestos sujetos generadores dela violencia, muy posiblemente la respuesta será abrumadoramente negativa.

En Colombia tenemos un alto grado de incredulidad y se incrementa cuando la fuente de las noticias proviene de medios en donde laboran comunicadores escasos de principios éticos y cuya hoja de vida está signada por la trampa y la proclividad hacia el poder. Ahora esos medios capitalinos están sumidos en un laberinto cuyos muros son zarzas en unos casos y estiércol en otros y lo peor es que ni intentan salir de allí. Desde hace rato decidieron participar del juego y buscar la incorporación de gran parte del pueblo a ese espacio de podredumbre. Para eso se han dedicado a desinformar y a mostrar escenarios mentirosos y acomodados para que la opinión varíe a su antojo.

Fue tan agresiva y obvia esa torcida intención que el pueblo prefirió apartarse y continuó con quien en su momento, nos mostró que podemos tener dignidad y orgullo de ser colombianos. A eso se deben los ataques inmisericordes de estos periodistas vendidos y acostumbrados a las coimas y propinas de los gobernantes incapaces y marrulleros. La llegada a la Casa de Nariño de un gobierno austero es lo peor que les puede acontecer a unos individuos acostumbrados a devengar sin trabajar. De ahí su animadversión hacia los que preferimos trabajar para conseguir el sustento diario. Blanco es, gallina lo pone y frito se come.

Publicado en Columnistas Regionales

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