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Francisco J. Saldarriaga                                            

“Mano dura contra los implicados en el caso de Odebrecht”, “No hay evidencias de funcionarios del actual gobierno implicados en lo de Odebreccht” y “No garantizo que en un futuro no hayan implicados”.

Son más o menos los titulares que ayer se leyeron en las redes sociales en los cuales están mencionados el espurio y el fiscal, quien supuestamente deber de ser prenda de garantía y seriedad en el manejo de las investigaciones  en uno más, de los hechos de corrupción de la administración de este individuo que está allí ayudado por la empresa en mención, la mermelada y el uso de esta por parte de sus amiguis del congreso y los recursos excesivos en su campaña provenientes de empresas extranjeras que coadyuvaron con otros posiblemente ilegales, a la elección primaria y a su reelección.

Esa coincidencia en el tiempo de las apreciaciones de este par de funcionarios, origina un escozor extremo en las mentes del pueblo colombiano; extrañamente se refieren al mismo tema y dan por sentado que la investigación tomará un curso orientado a la exoneración de culpa para el espurio y que si se dan algunas relaciones, estas se desvirtuarán con “me acabo de enterar”.

Claro que olvidan a las exministras impolutas de la transversal Rio de oro- Aguaclara-Ocaña-Gamarra. Ministras que una vez dejaron el cargo se radicaron en el exterior para salir del panorama nacional y así buscar un bajo perfil que las sacase del ojo del huracán de la opinión pública, que no olvidará en ningún momento su participación descarada en la decisión de adjudicar a dedo, este tramo de vía nunca prioritaria pero sí muy halagüeña para los intereses de la familia de una de ellas.

Este gobierno ha sido el abanderado de adjudicar contratos y negociados con un solo proponente: El tercer canal, Isagén, salvamento de Cafésalud y muchas otras acciones en donde diversas entidades vigiladas y controladas por entes nacionales se han dedicado a realizar negocios sin el cumplimiento estricto de las normas de contratación. Dicen las malas lenguas que la ley 80 de contratación solo llega hasta Caucasia porque de ahí en adelante como que no pegó. “Ajá esa ley como que no pegó por aquí”. Parece que dentro del territorio nacional hay una isla con esas mismas costumbres ubicada en el altiplano cundiboyacense.

Dejan muy mal sabor el prejuzgamiento necesario para afirmar la falta de evidencias aunado a las cínicas declaraciones de un funcionario, que está sumergido en un continuo maremágnum de implicaciones en múltiples acciones que bordean como mínimo la ilegalidad y la más sucia corrupción.

La desconfianza en estas entidades se hace palpable con las reacciones y respuestas a preguntas que se originan ante estas declaraciones de “inocencia” y “exoneración” por parte de los que, sin lugar a dudas, deben actuar con prudencia y probidad en materias tan delicadas como los hechos tan infamantes que se ventilan con frecuencia en las redes sociales.

De hecho no menciono a los medios tradicionales puesto que desde hace 7 años le vendieron su alma al Diablo y empeñaron sus principios éticos al mejor postor. Ahora la verdad está en cualquier sitio menos en esa cloaca radicada en la capital que, infortunadamente enloda al periodismo nacional y hace que ese oficio esté ante una oleada de incredulidad, debido al abandono de los principios tutelares para convertirse en un negocio lucrativo. “El despliegue es directamente proporcional al incentivo $”. Esto es algo similar a los famosos premios que dan por ahí y lo digo con certeza porque me los ofrecieron. A mayor desembolso mayor categoría. De pronto hasta el Nobel funciona igual.

Publicado en Columnistas Regionales

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