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Luis Alfonso García Carmona                                    

Me preguntan los amigos y conocidos – con demasiada frecuencia – por quién deberemos votar para Presidente en las próximas elecciones.

Respondo en forma reiterada que el problema ahora mismo no es de nombres, sino de solucionar la catástrofe que en todos los órdenes de la vida nacional han causado los acuerdos de La Habana y la avalancha de normas originadas, tanto en el Congreso como en el Gobierno, dizque para implementar la paz.

Estoy absolutamente convencido de que, más temprano que tarde, debemos diseñar y aprobar en el seno de la coalición del “NO”, un programa consensuado de reformas a los acuerdos para devolver a Colombia lo que ha perdido: El respeto a la voluntad soberana del pueblo, la Justicia libre de injerencias políticas y de apetitos de retaliación; la separación de los poderes del Estado, base insustituible de la Democracia;  la seguridad de toda la población, hoy a merced de un gobierno tolerante y de una agresiva delincuencia; reglas electorales que respeten los derechos de todos los ciudadanos a participar por igual en los asuntos de Estado; medidas eficaces para la erradicación del narcotráfico, enseñoreado del territorio patrio; garantías para la devolución a sus hogares de todas las personas secuestradas y de los menores reclutados contra su voluntad por la guerrilla, y para la indemnización económica a las víctimas del terrorismo guerrillero; eliminación de los billonarios compromisos adquiridos en los acuerdos, que exceden con creces las disponibilidades presupuestales en los próximos años.

Se debe complementar tal programa, con una batería de normas y decisiones que habrán de tomar los próximos gobiernos (no solo el que se elija en el 2018), para corregir el rumbo del país, empezando por el crecimiento económico, la erradicación y castigo efectivo de la corrupción, la austeridad en el gasto público, y muchos otros aspectos que sería prolijo enumerar.

Como se observa, me asiste la razón cuando creo que no es el momento de pensar en nombres sino en la inmensa tarea que el Presidente y los congresistas de los próximos tres períodos (por lo menos) deben acometer.

No obstante, es un hecho que la alianza en buena hora iniciada por los líderes Alvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana, a la cual se están sumando colectivos de todas las regiones y políticos de diferentes vertientes, debe tomar decisiones en materia de candidatos. El tema que, a primera vista, puede parecer complejo, se torna un poco más simple si se cumple el primer paso aquí reseñado.

No se puede desconocer la posición de vanguardia que en la oposición ha desempeñado el Centro Democrático y su potencial electoral en las últimas elecciones presidenciales, cuya victoria arrebató fraudulentamente el sátrapa de turno. Eso, por sí solo, le da el derecho al CD  de escoger un candidato. Por fortuna, han surgido varias alternativas con precandidatos de renombrada idoneidad, honestidad a toda prueba y lealtad con los valores de la Seguridad Democrática. No será difícil escoger entre ellos dentro del partido. Aprovechando el proceso iniciado de afiliación, se puede convocar a todos los militantes a elegir por la vía virtual el candidato del partido. La tarea proselitista de cada uno de los aspirantes contribuirá, sin duda alguna, a enriquecer la afiliación hasta límites insospechados y a convertir al  CD  en una colectividad más pujante y organizada.

Cumplida esa necesaria etapa, habrá que acordar con los otros candidatos de la coalición su participación, lo que requerirá de pacientes negociaciones, labor en la que son  unos  expertos los  ex presidentes Uribe y Pastrana.

Hay que partir de la premisa de que el programa (que yo me he permitido bautizar como LA RECONSTRUCCIÓN NACIONAL) no se podrá cumplir en un período. Si queremos una nueva Colombia, libre del pesado fardo que nos deja este Gobierno en su contubernio con las Farc, requerimos de tres períodos. Ello facilitará la participación de los restantes líderes, como Presidentes y Vicepresidentes en todo el término que se pacte. Recordemos la fructífera experiencia del Frente Nacional, que permitió vivir el período más pacífico de nuestra historia. Un compromiso serio y solemne de todos los líderes involucrados será el soporte de esta alianza llamada, no sólo a triunfar, sino también a devolver a Colombia la esperanza.

Publicado en Columnistas Regionales

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