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Francisco Saldarriaga                                        

El martirio de los últimos y muy largos casi 7 años de gobierno de un inepto mandatario me ha convertido en monotemático; el hecho es que a cada día salen noticias originadas por las actuaciones irregulares casi todas, de este individuo que no se lo deseo ni a mi peor enemigo.

Día a día se incrementa el asco, la repugnancia y el hastío. Esas sensaciones enferman a tal punto que se pierde hasta el apetito con cada información que lo relacione. No inspira odio pues este es un sentimiento superior que no se merece.

Intentaré en este comentario apartarme de esta lacra para referirme a un aspecto muy diciente de una de las causas primarias de nuestro subdesarrollo social que trae consigo el atraso en muchos de los indicadores de progreso para los países. La indisciplina que aquí llamamos frescura y que los jóvenes pretenden amainar con expresiones como: ¡No se estrese!

Catalogar el comportamiento de todo un pueblo es una osadía intelectual pero, cuando la gran mayoría actúa de una manera se puede hablar de algo parecido a la cultura que lo distingue o mejor  lo diferencia de otros pueblos. En nuestro caso el irrespeto por las normas es reiterativo, frecuente y generalizado.

Empezando por el espurio y concluyendo con el ciudadano del común, casi todos somos indisciplinados, contraventores e indolentes.

El caos que se vive es originado por esa actitud egoísta y cómoda que muchos de nosotros asumimos y que hacen que la cotidianidad, se convierta en una carrera de obstáculos y un atentado a la tranquilidad del habitante.

La indisciplina vial es proverbial y se percibe en todas las ciudades. El transporte público operado por particulares (Buses y Taxis) ocasiona un maremágnum descomunal puesto que ninguno de ellos cumple con las más elementales normas de tránsito. Recogen pasajeros en cualquier lugar, paran cada 20 metros, su velocidad cuando están a la caza de un pasajero es desesperante para el que va detrás. Como es costumbre generalizada los pasajeros no usan los paraderos o los acopios de taxis y esperan en cualquier sitio con la seguridad de que conseguirán lo que desean.

Vale la pena mencionar que con los buses se presenta además un fraude al fondo de chatarrización que se surte de un % del monto que cada pasajero paga por el transporte. Los conductores, no sé si con la anuencia del propietario y de la empresa, permiten el ingreso al vehículo por la puerta trasera eludiendo el contador exigido en la delantera que sirve de información para la liquidación de dicho porcentaje.

Aunado a todo esto, vemos como las áreas de circulación vehicular se restringen progresivamente con el uso de las vías como parqueadero originando así estrangulamientos que alteran la velocidad y pueden originar accidentes. En zonas que, por permisividad de las autoridades o por falta de regulación efectiva que cambian su vocación, se observa como las vías se convierten en talleres, enjambres de motocicletas parqueadas, sitios de ventas ambulantes sin legalización, y en fin el uso es cualquiera, menos para la circulación fluida de los vehículos.

Podemos ver que en los retiros obligatorios para fuentes de agua y vías troncales, se instalan negocios que además de entorpecer el flujo vehicular contaminan con sus desechos, esas fuentes que surten el líquido vital a las represas que se usan de acopio para el consumo humano.

La desidia de las diversas autoridades aunadas a la corrupción del chorizo, permiten la permanencia de estos negocios indefinidamente. Para los habitantes de Medellín y sus alrededores puede servir de ilustración lo que sucede en el Alto de Las Palmas en la vía que conduce al aeropuerto José María Córdova o al municipio del Retiro. El caos de los fines de semana en la glorieta de Indiana es, ni más ni menos, causado por los negocios que allí prosperan sin el cumplimiento de normas mínimas de retiros y cuyos accesos y salidas de sus parqueaderos desembocan directamente a la glorieta, contraviniendo normas claras sobre este asunto y atentando en contra del sentido común.

Pero ellos, como muchos constructores, pretenden solucionar el problema con un “paletero” (Dícese de un individuo impreparado que organiza el tráfico vehicular en las vías en donde se realiza una construcción o se asientan negocios sin el debido cumplimiento de las normas).

Este ejemplo notorio e irrefutable que vivimos diariamente nos puede ayudar a entender que en los demás aspectos necesarios para la convivencia, actuamos de igual manera.

Publicado en Columnistas Regionales

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