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Gonzalo Mejía Córdoba                                 

A medida que se va descubriendo lo que oculta el pacto habanero denominado “acuerdo” entre el ex presidente Juan Manuel Santos y sus amigos, los agentes locales del colonialismo cubano, hasta los que apoyaron con el “SÍ” ese adefesio comienzan a entender no sólo que la palomita con que simbolizan esa trampa acabó convertida en el logo para identificar a los corruptos, sino que la “prosperidad” prometida por el gobierno en la que la “obesidad” es un delito que se paga en casa por cárcel, acabó convertida en una fiesta de borrachos olvidados de todo en la que se celebra el despilfarro de los dineros públicos, el que la sangre haya sido el licor preferido durante sesenta años, y en la que lo de ISAGEN, lo de REFICAR y lo de Odebrecht entre otros, se va hundiendo en el silencio oficial.

Y como una expresión de repudio al gobierno, la impaciencia  elevó a los habitantes de Tumaco, del Chocó y de Buenaventura al lado de los maestros, los demás trabajadores estatales, de los taxistas entre otros, que como diamantes negros mostrando su propio brillo volaron por encima de las sombras del incumplimiento de las promesas, del abandono y del olvido oficiales, mostrándonos a los colombianos el camino a seguir, siempre y cuando entendamos que aunque sea marrullero, tramposo y con visos de dictador, “cuando el pueblo no quiere el gobierno no puede”. Que tenemos que hacer desaparecer el miedo, aprendiendo de la mariposa que si no se libera del capullo jamás podrá volar. Y si nos unimos, se podría repetir la historia vivida en el año de 1957 en el que la dictadura implantada por el general Gustavo Rojas Pinilla, abuelo de los hermanos Moreno tan  mencionados en Bogotá y en el país, cayó   víctima de la furia del pueblo.

 Cada vez que Juan Manuel Santos habla es un ultraje para los colombianos de bien, porque siempre está del lado de los dictadores como el de Cuba y el genocida de Venezuela y sus conmilitones. El asesinato de los policías y los soldados, para él y su ministro de la “indefensa”, éstos son hechos “insignificantes”. Y para tapar la caída de la economía, su creciente desprestigio, así como tener que reconocer que siendo  “premio nobel” por narcisista no lo quieren  ni en su país, a los periodistas y los columnistas nos trata de “pesimistas” porque no callamos ante sus mentiras y sus actitudes antidemocráticas. Acosado por la velocidad del tiempo firmó Decretos para consolidar los pactos a sabiendas de que comprometen al Estado sin que se diga en dónde están los recursos económicos para cumplirlos. Nada de esto se le perdonará, menos Antioquia el despojo de Belén de Bajirá.

Lo que sigue llamando la atención es que a pesar de todo lo anterior, aún haya ciudadanos que nos llevan a reflexionar con este tipo de coincidencia por ejemplo: La planicie no se mueve porque se siente cómoda y segura; sabe que la cuñan las montañas pero cuando hay inundaciones, no le importa estar saturada y se muestra serena mientras el agua se filtra hacia sus entrañas. De igual manera, ellos, al sentirse ligados a los politiqueros, estos ciudadanos se sienten seguros y es como si la situación del país no los afectara, todo lo dejan en las manos de la “pa$” de Santos, se sienten “cuñados” por los corruptos y en las campañas electorales, se levantan con las manos en alto a entregarles su voto a cambio de lo mismo: puestos, plata y contratos; su obsesión es ver en la cárcel a una encumbrada figura de la política, no importa que se roben el país. A los que discrepamos de ellos, nos tratan de “guerreristas”, de “paracos”, de “enemigos de la paz”, y hasta de estúpidos, un lenguaje que muestra la actitud sectaria de los pregoneros de la “pa$” claudicante, distinta a la paz que de verdad queremos todos los colombianos de bien, negociada sí, pero sin la entrega.  Por ejemplo: un amigo profesor de Armenia –Quindío- Víctor Hugo Varela Meléndez, después de  leernos nos escribió y dijo: “Juan Manuel y Uribe son los mismos. Al rajar de uno es rajar del otro. Los estúpidos somos nosotros que le hacemos el juego”. Como en esta frase veo una coincidencia de lenguaje con personajes de la política que dicen ser de “izquierda” mientras viven como los de la “derecha” y que andan por ahí adueñados del grito solitario, esperando no acelerarle sus altibajos temperamentales, sin que pretenda ser un dios le respondo con esta frase que oí por ahí, no recuerdo dónde: “Contra la estupidez hasta los dioses luchan en vano”. Y le aclaro que, sin importar el cómo me tratan, jamás claudicaré en la defensa de nuestro país.

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Publicado en Columnistas Regionales

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