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Gonzalo Mejía Córdoba                                                        

Quisiera no referirme tanto a la persona de Juan Manuel Santos para no pasar por empecinado. Pero es tanta su capacidad de mentir, de engañar, de fingir, que cada día que pasa hace o dice cosas que nadie que sea consciente se atrevería a callar.

Para no exagerar, como es bien sabido con astucia de Zorro logró convencer a unos incautos compatriotas buenos ciudadanos, entre ellos a empresarios, a comerciantes, a algunos profesionales y gentes del común, y a la mayoría de la comunidad internacional hasta el punto de recibir un inmerecido premio nobel de paz, mostrando como trofeo la firma de un pacto con figura de “acuerdo de paz” que es hijo del robo a ojos vistos del plebiscito del dos de octubre de 2016, con el que el pueblo colombiano le dijo ¡NO! a la trampa, a la mentira y a la traición.

Cada vez que Juan Manuel Santos habla es un ultraje para todos los ciudadanos de bien. A la vez, el  desprecio de los colombianos hacia él crece a la par con su desprestigio. El país hace siete años viene en picada. Los grandes medios de comunicación que son sus consentidos empiezan a reconocer que el país “se descuadernó”, la economía decae a diario, las nuevas empresas no surgen, el comercio muestra signos de preocupación, porque con la reforma tributaria y el aumento del IVA las ventas y el consumo están en descenso, la inversión en el campo se ve ahora con la siembra de una mata de plátano antes del viaje a reunirse con el presidente de los Estados Unidos, igual la infraestructura vial, la salud, cada día es un problema más crónico y tiende a encarecerla, la educación, la vivienda y el empleo, no han tenido solución y por el  contrario se agudizan más. No hay nuevas  cárceles, ni hospitales, ni universidades, no  hay nada.

Por fortuna, y ante el incumplimiento, el pueblo se propone saltar de la paciencia a la resistencia ahora que la “prosperidad” tan anunciada acabó convertida en todo un fiasco. El Chocó, Buenaventura, los jueces, los Maestros y en general los empleados estatales después de los taxistas, entre otros, expresan su inconformidad a través  de los paros por las negaciones a sus derechos. Y ante esta situación, el “nobel de paz”, en vez de unificar esfuerzos y voluntades desde la  Casa de Nariño, otrora fuente de seguridad y  de democracia convertida hoy en “el Palacio de las Almendras”, desde donde el “nobel de paz” cada día asume actitudes  dictatoriales al desconocer la independencia  de los poderes ordenándole al Congreso y a  las Cortes qué deben hacer. Insulta a los opositores y se propone firmar Decretos para restringir la protesta social y ordenar leyes que cierren el paso a la democracia, uno de los propósitos que abre las puertas para los que aspiran a tomarse el poder que como alguien dijo: “para ellos la paz es que no haya  oposición”, teniendo como estrategia tapar el engaño con el velo blanco oscuro de la falsa “paz”, convertida en brebaje para idiotizar ingenuos en una clara imitación de su “garante” el genocida Nicolás Maduro.

Hasta el Papa Francisco, que estuvo en Cuba olvidado de los presos políticos víctimas de esa dictadura y en Venezuela, coincidiendo con el tirano Nicolás Maduro en la convocatoria al diálogo para acallar la protesta de los venezolanos que a pesar de la brutal represión aún hoy siguen en las calles combatiendo a la dictadura castro chavista, quiere ser compinche con la complicidad del gobierno y algunos altos prelados de la iglesia católica, contradiciendo aquello que dijo: “si en Colombia gana el No al plebiscito, no iré a visitarlos”, se propone venir a Colombia invitado por el gobierno para que nos cubra con el manto negro de la paz mentirosa. La  pregunta que surge es: ¿Si la voz del pueblo es la voz de Dios como está dicho, por qué el Papa Francisco se empeña en acallar la voz del pueblo venezolano, contrariando incluso a la jerarquía de la iglesia católica de Venezuela que llama a la resistencia civil contra el régimen de Maduro -tan distinta a la de aquí-. Y también la voz del pueblo de Colombia, ahora que se propone venir para justificar el robo del plebiscito y bendecir el aumento en los cultivos de cocaína? Sorprendente que el que se expresa como el “representante de Cristo en la tierra”, no tenga claro que lo que llaman en Cuba “revolución”, en Venezuela “patria” y acá en Colombia “paz”, es el trípode sobre el que descansa el mal llamado “Socialismo de Siglo XXI”, que es una especie de máquina aceitada por el Foro de Sao Paulo a la que le echan sueños, esperanzas, ambiciones de futuro luminoso, y al molerlas las convierte en desdicha, en pobreza y  frustración.

Pero, como sabemos, cada árbol crea su propia sombra para protegerse generando humedad en su raíz y abastecernos a todos con su oxígeno. Contrario a lo anterior, Juan Manuel Santos con su traición, creó su propia sombra que lo marcará para siempre en la mente de los colombianos de bien y ante la historia.

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Publicado en Columnistas Regionales

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