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Jorge Enrique Pava Quiceno                                

Al momento de escribir estas líneas no hay nada definido en relación con la suerte del gobernador Guido Echeverri Piedrahita. De todas maneras es claro que su suerte es la del departamento de Caldas y en la posibilidad de que se reintegre al cargo está la posibilidad también de que empecemos a despegar de esta parálisis en que estamos sumidos y de esta incertidumbre que no nos deja tener un norte claro.

Porque la interinidad que hoy padecemos es más grave de lo que a simple vista se puede apreciar. El hecho de que al frente del departamento se encuentre una persona sin el respaldo popular y sin ascendencia en los gobernados, tiene como consecuencia la poca autoridad, la poca capacidad de gestión, la poca credibilidad y el desánimo administrativo que se respira desde hace más de un año en todas las dependencias de la Gobernación.

No puede marchar a igual ritmo un gabinete conformado por ejecutivos cuyo compromiso es claro con quien los nombra, a ese mismo gabinete que resulta de la noche a la mañana supeditado a las órdenes imprecisas, confusas, dudosas, pero autoritarias y muchas veces sin sentido de quien llegó a desempeñar un encargo y terminó tal vez convencido de que sería eterno; hasta el punto de haber empezado a descuadernarlo y a introducir personajes ajenos a los lineamientos planteados en el plan de desarrollo, y ajenos al propósito inicial de gobernar con unas metas precisas y con unos objetivos previamente planeados. Véase, por ejemplo, el caso de Inficaldas comentado hace algunos días en este mismo espacio.

De manera pues que, para Caldas, la mejor decisión que pueda tomar el Consejo de Estado es la restitución de los derechos a Guido Echeverri y permitirle que termine su mandato de acuerdo con el plan de gobierno que recibió el aval de más de doscientos mil caldenses. Una decisión en este sentido nos evitaría entrar en un proceso electoral desgastante, costoso, desestabilizante y pernicioso, acabaría de una vez por todas con esa interinidad, y nos abriría nuevamente el espacio en el Alto Gobierno para atraer los recursos que tanto necesitamos.

Porque si la decisión es contraria, el perjuicio que se nos causa es enorme. Entrar en una puja política, en una lucha de vanidades, en una pelea descarnada entre actores con aspiraciones próximas, y en una retaliación pública como la que se acostumbra a vivir en este departamento, solo nos traería más desolación y truncaría las aspiraciones de normalizar nuestra economía y pensar en volver por la senda del progreso y desarrollo.

Tiene pues en sus manos el Consejo de Estado una decisión que no se limita a la suerte de una persona, ni de un grupo político, ni de un futuro partidista. La decisión se expande al destino de una región, al progreso de un basto territorio económico y al desarrollo de 27 municipios que hoy están huérfanos y actuando al garete. En buena hora entonces decidió esa Alta Corte asumir en sala plena la decisión que nos afecta, y en buena hora también parecen estar dadas las condiciones para que esa decisión se ajuste a la lógica y a la sensatez, alejándose de intereses politiqueros y retornándole el derecho de gobernar a quien accedió al poder mediante una votación histórica y tiene la confianza mayoritaria caldense. ¡Solo nos queda esperar y confiar en que las cosas se desenvuelvan rápidamente para empezar a  trabajar con dedicación y denuedo! ¡Solo nos queda aguardar a que hayan llegado a su fin las dilaciones que nunca entendimos en este enredado proceso!

@titepava

Publicado en Columnistas Regionales

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