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Francisco Saldarriaga

En estos días conversando con amigos del tema que por la época puede concitar una discusión acalorada como es el gobierno del espurio, se nos sentó en la mesa un tibio defensor de la corruptela y en verdad dañó lo que pudo haber sido una reunión más agradable.

El asunto es que durante esa tertulia alguien habló de la cintura que se debe tener para practicar la política, pero dentro del contexto en el cual se dijo creo que más bien se debe catalogar ese concepto, como la falta de columna vertebral que deben tener los politiqueros que ahora apoyan al gobierno connivente con el narcoterrorismo y los crímenes de lesa humanidad que han perpetrado estos delincuentes.

Esas posiciones de tránsfugas ideológicos solo las pueden tener seres amorfos que, como la plastilina, se acomodan en cualquier recipiente o adquieren la forma que desea quien los modela.

Es el tipo de persona que se ha venido entronizando en la sociedad colombiana y que fundamentalmente ha tenido sus orígenes en las personalidades melifluas que pretenden dar gusto a todos para quedar bien. La franqueza y lealtad son cualidades desconocidas para ellos. No quiero situar geográficamente estos especímenes pero indudablemente la gran mayoría se concentra en donde son aceptados y pasan desapercibidos. De hecho el primer síntoma es esa frase: Yo le colaboro, cuando la obligación del “colaborador” es hacer lo que se le pide.

Una cosa es fluir como la palmera que se acomoda a los vientos pero que rara vez pierde sus raíces y otra muy distinta es actuar como el polvo que con cada vientecillo cambia de lugar. Muchos de los supuestamente dirigentes son partículas de polvo contagioso de enfermedades que se precian de su capacidad de acomodamiento a las circunstancias independiente de las consecuencias a mediano y largo plazo. ¿Adónde va Vicente? Adónde va la Gente.

Lo peor de este tipo de personas es su convencimiento de que esas es la vida y que así es o debe de ser el comportamiento de todos sus coterráneos y vecinos.

El Presidente Varela de Panamá  afirmó en todo su derecho que el acuerdo de impunidad y de aceptación del narcoterrorismo como una forma válida de lucha política está perjudicando a ese país por el incremento del narcotráfico debido al aumento descomunal de los cultivos de Coca.

De 40.000 a 200.000 Has., hay un abismo gigantesco que no se puede desconocer. Permitir ese incremento beneficia al narcoterrorista y a muchos otros individuos que soterradamente se lucran inmensamente con este negocio. Vaya uno a saber quiénes pero en verdad hay mucho dinero sucio circulando, cuya procedencia desconoce gran parte del pueblo colombiano aunque se lo imagine.

De inmediato sale el gobierno del espurio como todo individuo de plastilina, a rechazar y descalificar esas declaraciones y para justificar su reacción aduce que desde tiempo atrás han “colaborado”, en la lucha en contra del narcotráfico. Esas son las colaboraciones ineficaces, acompañadas de grandes dosis de mentira por lo incoherentes.

La realidad es que desde hace tiempo somos productores a gran escala de Coca y hemos afectado de una forma u otra a nuestros vecinos y al mundo y desconocer esto es una incongruencia que necesariamente solo la tienen esos individuos que pretenden justificar todas sus acciones sin reconocer sus equivocaciones.

Se logró disminuir esa producción con un compromiso cierto y efectivo, incluidas las fumigaciones para erradicar las matas de coca. Los perjudicados por esto salieron y compraron conceptos para descalificar el glifosato; dentro del “gobierno” actual compraron esos conceptos. Casi todos los químicos son dañinos pero en la actualidad es casi un imposible prescindir de ellos y en este caso el daño, si es que existe, es menor que el gran beneficio que se consigue con la erradicación a gran escala de este alimento de la violencia.

Postre: Estamos en manos de un gobernante de plastilina que “como nunca antes” nos llena de repulsión y asco.

Publicado en Columnistas Regionales

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