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Jorge Enrique Pava Quiceno                                      

Que las injusticias en Colombia son la constante en todos los sectores económicos y sociales; que la desidia oficial y los incumplimientos son recurrentes, viles e irrespetuosos; que los motivos para protestar, entrar en paros, hacer mítines públicos y manifestarse con energía en contra del Gobierno Nacional son cada vez más contundentes, son verdades de Perogrullo. Pero, ¿y qué? Si miramos nuestra historia reciente vemos que estas manifestaciones son cíclicas y periódicas y, en términos generales, no conducen a nada. Entonces su utilidad es nula, salvo para unos pocos que tienen el privilegio de participar en las mesas de negociaciones y que reciben beneficios tangibles por transar o permitir que se aplacen las decisiones.

El miércoles fue el paro de taxistas cuya lucha antes que colectiva, es individual. Bastó con preguntarles a varios de sus participantes sobre los motivos de ese paro, para darnos cuenta de que se trataba más de una participación por inercia que, en verdad, de una manifestación motivada y argumentada. Porque decir que se protesta en contra de Uber en Manizales, donde la administración municipal ha impedido con energía la prestación de ese servicio, es sencillamente ridículo. O decir que se protesta por la no implementación del pico y placa en la ciudad, cuando se ha demostrado con suficiencia que no se necesita y se está pendiente además de fallos judiciales que decidan su procedencia,  es desconocer los adelantos que se han tenido bajo los cánones de las leyes y la Constitución. Pero se hizo el paro y, por su incoherencia, se convirtió en irrelevante, superfluo, vano e intrascendente.

Ayer entró el magisterio en un paro indefinido dejando sin actividades escolares a más de ocho millones de jóvenes colombianos, quienes tendrán que permanecer solos en sus casas o, en el peor de los casos, ociosos en las calles engrosando las cifras de delincuencia, drogadicción, alcoholismo y caos social. ¿Tendrá razón el magisterio? ¡Es posible! Pero habría que mirar que su lucha tiene unas motivaciones también incoherentes, pues a la par de reclamar un justo incremento salarial, protestan por la implementación de sus propias evaluaciones con lo que les garantizarían a los estudiantes y a  la sociedad en general una mayor calidad. Y paralelamente pretenden la reducción de sus jornadas lo que convierte su lucha en algo indefensable pues, en resumen, piden incremento salarial por trabajar menos e impedir que se mida su cualificación profesional. Y esto sin  contar con que muchos de quienes hoy protestan reciben dos pensiones y siguen vinculados al magisterio cercenando las oportunidades de nuevos docentes y engrosando las cifras alarmantes de desempleo.

Y como estos paros, seguramente vendrán otros. El de la salud, por ejemplo, donde a los médicos se les ha rebajado su estatus, pasando de ser unos de los profesionales mejor pagados, a simplemente unos empleados más que tienen que entregar cifras económicas favorables, antes que resultados humanos tangibles; que tienen que cumplir con un tiempo mínimo de consultas por hora, antes que dedicarle el tiempo suficiente al usuario; que ya ni se dignan mirar a los ojos a su paciente, tal vez porque sienten vergüenza de prestar un servicio mediocre, inhumano, cruel y muchas veces mortal. Y, si bien con su lucha tratan de reivindicar los derechos de los profesionales de la medicina, tienen a los pacientes no como su objetivo, sino como un elemento más de una cadena productiva que enriquece a unos pocos, mientras en su camino quedan indignidad, desolación y muerte.

Y seguirán en turno la justicia, el transporte de carga, el Inpec, etc., etc. Y no pasarán de aspavientos solitarios que nunca encontrarán eco en todos los colombianos porque solo buscan beneficios personales y no beneficios sociales y generales. El día en que los propósitos de estas luchas se unan a las necesidades del pueblo y pretendan acabar con las injusticias que padecemos los usuarios de los servicios que prestan quienes hoy protestan, ese día seguramente encontraremos soluciones verdaderas, concretas y radicales.

Publicado en Columnistas Regionales

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