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Jorge Enrique Pava Quiceno

¿Cuál desmovilización? ¿Cuál entrega de armas? ¿Cuál dejación del secuestro, narcotráfico, atentados terroristas, extorsión y demás prácticas violatorias del Derecho Internacional Humanitario? ¿Qué ha cambiado en el país después de la claudicación del Estado a favor de las Farc y sus prepotentes, inhumanos y despiadados terroristas?

Las anteriores son preguntas que nos hacemos los colombianos cada vez que vemos cómo nos siguen dominando las Farc, y cómo se les ceden todos los poderes y se arrodilla al Estado entero a su perversa voluntad. Porque sigue habiendo secuestros; se siguen encontrando grandes caletas con armamento; los corredores del narcotráfico tienen hoy más vigencia que nunca; los atentados contra la fuerza pública y los recursos naturales son pan de cada día; y la penetración de ese poder espurio, pero dominante, es cada vez más palpable en todo el territorio nacional. Solo que ya no se les llama fuerza subversiva, ni alzados en armas, ni grupos de extrema izquierda, sino simple y llanamente disidencia. Y con eso queda saldada cualquier fechoría. Con eso se les está dando patente de corso para hacer y deshacer, y para que el país siga sumiéndose en la degradación y la miseria.

¿Disidencia?  ¿Se podrá llamar disidencia a quienes utilizan el armamento de las Farc, las rutas de las Farc, los millonarios recursos de las Farc, los medios de comunicación de las Farc, la información de las Farc y, en general, las prácticas de las Farc? ¡No! Esto no es más que la continuación del terrorismo con los mismos actores, solo que hoy, cuando son pillados infraganti, tienen el asidero perfecto para no asumir la responsabilidad: ¡Son actos de la disidencia! Y el Gobierno acepta silencioso… indolente… connivente… cómplice… ¡Pobre mi país!

Pero hemos llegado a extremos más aberrantes. La filtración de una comunicación entre Iván Márquez e Iván Cepeda en medio del debate sobre el otorgamiento de diez curules directas para las Farc en el Congreso de la República, deja en evidencia el control que los terroristas farianos tienen sobre una institución cada vez más debilitada, más desprestigiada y más servil. Deja en evidencia además que en Colombia los nexos, las relaciones, los contactos y  hasta los delitos cometidos en nombre de las Farc quedan indefectiblemente en la impunidad. Yo me pregunto: ¿qué hubiera pasado si una llamada como la del terrorista Márquez hubiera sido de un paramilitar a un congresista para que abogara a favor de su organización? ¡El cadalso, la horca, el escarnio y la picota! Pero como fue de un terrorista fariano a uno de sus esbirros en el Congreso, nada pasa. Repito: ¡Pobre mi país! 

Y volviendo a la disidencia tenemos que advertir que, en últimas, este proceso de paz va a ser inútil. Porque, de seguir así, terminaremos entregándoles el país a una facción de las Farc, mientras la otra sigue cometiendo sus crímenes amparados en una clandestinidad aparente, hasta que lleguen definitivamente al poder. ¿Derrotismo? ¡No! ¡Realismo! El Congreso de la República lleva seis meses legislando exclusivamente para darle visos de legalidad a la claudicación del Estado en favor de las Farc. Les despejó bastas zonas del territorio nacional; les asignó salarios exorbitantes como recompensa por sus actos de terror; aceptó resignado que el armamento permaneciera en sus manos; guardó silencio ante la negativa a devolver a los niños secuestrados; omitió exigir la devolución de una riqueza superlativa; se resignó a que las áreas de cultivos de coca se multiplicaran ostensiblemente; les asignó curules gratis en su propio seno; y hoy los terroristas se pavonean con el mayor boato por todo el territorio dictando cátedra de honestidad, decencia, paz y reconciliación, mientras siguen acabando con nuestro País en las áreas entregadas por el propio Estado. ¿Definitivamente no es derrotismo, sino realismo!

Y aunque tenemos en Venezuela un espejo latente que nos enseña las consecuencias de andar por los rumbos del socialismo del siglo XXI, no aprendemos. Es increíble, por ejemplo, que  las encuestas de favorabilidad entre precandidatos a la presidencia de la república marquen algún índice a favor de Gustavo Petro. ¡Nos estamos enloqueciendo, o somos masoquistas!

@titepava

Publicado en Columnistas Regionales

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