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Héctor Hoyos V.                               

Quienes ganamos el plebiscito con el No tenemos que entender que confluyeron en esa decisión del pueblo, diferentes vertientes políticas y gran cantidad de ciudadanos con sus particulares argumentos. También tenemos que entender que el gobierno burló esa decisión y que el que llamaron nuevo acuerdo no cuenta con el respaldo del pueblo y que por consiguiente, no es un compromiso de Estado sino un pacto entre el gobierno y el narco terrorismo de las farc. Y por último, hay que entender que el gobierno impone su acuerdo violando nuestra voluntad y avanza en su implementación a pasos agigantados, estableciendo una plataforma muy difícil de desmontar con todo el daño institucional que el atropello crea.

Ante tal situación, el pueblo espera de nuestros líderes una decisión que nos mantenga unidos en oposición a esta imposición. Para ello, muchos vemos lo que ellos no parecen advertir, que Colombia es víctima de una política internacional comunista dirigida desde Cuba con el apoyo de Maduro en Venezuela, Correa en Ecuador y las Farc y Santos en Colombia. Para consolidarse ya promueven la oposición de Latinoamerica al nuevo gobierno de Estados Unidos. No es solo la indignación por las curules gratis a asesinos, ni la impunidad, ni el olvido de las víctimas, ni los niños secuestrados, ni el Tribunal de la Venganza, etc, etc sino el propósito que lleva consigo todo esto, para lo que es necesario adoptar en la sociedad a las Farc aceptándoles toda su identidad criminal que es como se resume el acuerdo.  El propósito es el comunismo que llaman para ocultarlo, socialismo o Castro Chavismo.

Ya hemos visto suficiente la actuación de estos gobiernos totalitarios de Cuba y Venezuela, sus miserables resultados y su sometimiento forzoso a la población. Llegan al poder para establecer su dictadura criminal, eliminar la democracia y la libertad, perseguir a la oposición mediante judicializaciones arbitrarias y la muerte y controlar cualquier intento de sublevación violenta. Es decir, la tiranía para el largo plazo.

Colombia está en tránsito a ese estado de infortunio o mejor dicho, ya lo está viviendo. La persecución a la oposición lleva varios años de cárcel a los seguidores del Presidente Uribe y de su familia, de falsos testigos contra ellos, el robo de elecciones y del plebiscito son hechos contundentes de sometimiento, el endeudamiento del país nos esclaviza por décadas al pago de este montaje socialista hecho con base en corrupción y engaño, y más engaño como el incumplimiento de las farc en lo fundamental, incluso en la entrega de armas, mientras que les sueltan dos o tres mil terroristas que estaban en las cárceles para engrosar sus filas, y montan el Tribunal de la Venganza con comunistas extranjeros para juzgar a nuestros militares y la oposición.

Pero ahora nos distraemos en que Uribe dijo que debe modificarse el acuerdo y no derogarlo, y nos dividimos y nos debilitamos por tan insignificante discusión cuando está en juego la libertad. El pronunciamiento del líder no es más que la estrategia política de quien ha sido coherente, porque cree en su capacidad de mover la opinión pública, y con ello impedir aquel propósito totalitario.

Él también dijo por primera vez y acto seguido, que debemos unirnos los diferentes grupos que conformamos la defensa de la República, representados en las mayorías del No y pone sobre la mesa la discusión de su planteamiento en torno de la modificación del acuerdo.

Los acontecimientos van dando la medida de la intensidad de la lucha que habrá que desarrollar. No es buen consejero el desespero que conduciría a la anarquía o a una guerra civil, o de todos modos a la violencia. De lo que sí estoy seguro es que falta acción de masas en la calle, apoyo y actuación de los gremios afectados por las políticas económicas del gobierno, apoyo y actuación de la ciudadanía en su proceso de empobrecimiento, en el desempleo, en las precarias condiciones de la salud y la seguridad en la ciudad y en el campo, en la agobiante tributación, en el efecto que produce en la juventud la droga, el micro-tráfico y por consiguiente en la responsabilidad de Santos en el crecimiento de los cultivos ilícitos de las farc. Hay que pronunciarse en la calle contra la corrupción desde la Presidencia, el soborno con el que adjudicó las obras a Odebrecht y benefició a sus Ministras, el complot criminal contra el ganador de la Presidencia en primera vuelta, etc, etc.

Álvaro Uribe no puede descargar toda su estrategia en su liderazgo para dirigir la opinión solamente, así como el pueblo no puede esperar solo en Uribe la solución a este caos en que nos encontramos ya. La estrategia de Uribe es frágil, porque se soporta en el resultado de las urnas en 2018, pero ¿y si nos dan otra sorpresa para robarse las elecciones como lo hicieron en 2014 en nombre de la paz, o como burlaron el plebiscito por lo mismo cuando habrá transcurrido otro año de imposición del narco terrorismo? El pueblo quiere actuar, la unión de nuestros dirigentes del No, no da espera para conducirnos, para marchar, para manifestarnos y para sacar a Santos de la poltrona de la indignidad que también ocupó su actual socio en aquel propósito, el Samper del 8000, para entregársela, para colmo a Timo, el bandido, narco y terrorista.

Publicado en Columnistas Regionales

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