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  José Alvear Sanín

Hace ya algún tiempo que vengo sosteniendo la importancia primordial de las elecciones para Congreso del próximo 11 de marzo.

Solo la aparición de unas mayorías parlamentarias comprometidas con la democracia, es decir con la anulación del “acuerdo final” (“AF”), haría posible para el nuevo presidente detener la marcha hacia el abismo, porque ese tal “AF” (supraconstitución), plasmado ya en docenas de estatutos vigentes, solo está esperando el “estartazo” para iniciar su arrolladora carrera.

El 7 de agosto, un presidente demócrata para la indispensable operación del “desminado” institucional, tan delicada y arriesgada, tendrá que contar con un Congreso que le dé las herramientas requeridas. Si no las obtiene, nada podrá hacer distinto de tratar de detener con las manos el derrumbe representado por las 312 páginas de “hoja de ruta” (detallada planificación) hacia el socialismo del siglo xxi y sus centenares de leyes y decretos de implementación, teniendo que contener simultáneamente la acción revolucionaria a lo largo y ancho del país y el ascenso de la narcoeconomía.

En cambio, a un presidente comprometido con la ejecución del AF le basta con oprimir el botón para que el país, con aceleración uniformemente creciente, se precipite en el caos revolucionario por el plano inclinado de la demagogia y el populismo…

No suficientemente conscientes de ese dilema, los colombianos ven avanzar los partidos democráticos enzarzados en los viejos juegos políticos, en los que lo único que cuenta son las ambicionas personales: ser congresista, ser presidente…

Por eso no se unen. CD, Pastranismo, Cambio Radical, Directorio Conservador, Liberales Anticomunistas, Viviane Morales y demás evangélicos, etc. siguen desperdigados. Como no reconocen la urgencia de escoger desde ahora un candidato presidencial único, corren el riesgo de convertirse, a partir del próximo septiembre, en algo como una Asamblea Nacional Venezolana o una MUD colombiana…

En cambio, la división de las izquierdas es hábilmente táctica. Timo acapara los huevos podridos para alejar los reflectores de sus verdaderos candidatos (Petro, De la Calle, Fajardo), todos a una camuflados ahora de moderados, de progresistas, de amigos de la libertad, la libre empresa y el pluralismo, decentes en todo sentido… Tocará al azar, entonces, escoger entre ellos el que vaya a la segunda y decisiva vuelta…

A 30 días de las elecciones para Congreso hay que lamentar no solo la dispersión de fuerzas, sino también el insensato descuido frente al problema del fraude y la compra de votos. Esas lacras de toda democracia, en vez de ser combatidas, a partir de la Constitución de 1991 fueron estimuladas por el sesgo demagógico de esa Carta.  La explosión de musas y ñoños es la consecuencia de las sumas astronómicas de que dispone el clientelismo, de los cupos indicativos y de las diferentes mermeladas.

Un nuevo Congreso parecido al actual es una preocupante posibilidad, pero ante una nueva presidencia parecida a la presente no se están prendiendo las debidas alarmas.

Los enemigos de la democracia colombiana no dudarán en apelar a la calumnia para debilitarla, a las añagazas y zancadillas judiciales y a la desinformación sistemática, armas inmundas a las que se sumarán el fraude y la compra masiva de votos.

Acabo de tener una importante charla con un personaje de talla presidencial, que viene estudiando el tema del fraude. Me dice:

  1. Que es imposible atender a su prevención en los mil doscientos y pico de municipios.
  2. Pero que como el 80 % de la votación se concentra en las 200 poblaciones mayores, en todas ellas hay que actuar eficazmente y sin dilación (inversión electoral infinitamente más productiva que vuelos chárter, helicópteros, vallas. etc.).
  3. Que si en los tres meses que apenas nos separan de las presidenciales no creamos los mecanismos de vigilancia y escrutinio local de las elecciones, podemos correr hacia la peor de las sorpresas.
  4. Añadió que todas sus advertencias han sido desoídas, porque los cuadros que rodean a los expresidentes no tienen preocupación distinta de ubicarse bien en las listas y hacerse elegir…

Noventa días son muy pocos para subsanar tantos años de desidia en tan fundamental aspecto del quehacer político, pero nada hay más urgente e importante que concentrarse en la prevención del fraude, porque ahora, además, estamos frente a un gobierno experto en torcer los debates con calumnias y hackers, poner el erario al servicio del fraude, y capaz hasta de desconocer el resultado del plebiscito.

¡A Colombia no la van a devolver! ¡Rescatarla no será fácil! ¡Miremos a Venezuela!

                                                                                              *

¡Si Mr. Rex Tillerson entendiera aquello de “hacer pistola con los dedos del pie”, no hubiera venido a Bogotá a pintar al presidente como un gran aliado de USA y a prometer apoyo financiero para la paz de Santos y Timo!

Publicado en Columnistas Nacionales

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