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Eduardo Mackenzie     

El presidente francés Emmanuel Macron renunció a otra de sus promesas de campaña pues prefirió ceder ante las exigencias del puñado de extremistas que ocupan por la fuerza una zona rural de  1650  hectáreas en el departamento de Loire-Atlantique. El aeropuerto  de Notre-Dame-des-Landes, que la población de esa importante región del noroccidente de Francia pide desde hace 50 años,  y que Macron había prometido realizar, no será construido.

El movimiento anti-aeropuerto –los llamados zadistas--, que se instalaron abusivamente en esos terrenos, donde controlan las vías de acceso, los bosques y las zonas habitables, para impedir esos trabajos, saludaron ruidosamente la decisión de Macron. Nicolas Hulot, un fundamentalista verde que funge como  nuevo ministro de la ecología, también está muy contento.

En cambio, los habitantes de ese departamento, así como los partidos y la prensa de derecha, y hasta un sector del partido socialista, critican con fuerza la decisión de Macron y llaman desde ya a la resistencia para hacer valer el interés general. La alcaldesa de Nantes, Johana Rolland, calificó de “puñalada” lo anunciado ayer por el primer ministro Edouard Philippe. “Estamos ante una negación de la democracia” agregó. En efecto, todos los estudios de factibilidad y las consultas legales habían sido favorables a la construcción del aeropuerto. En abril de 2017, el candidato Macron había prometido que respetaría la decisión tomada por la ciudadanía en el referendo local del 26 junio de 2016 el cual había aprobado, por 55,17% de los votos, la construcción del aeropuerto.

La mayoría de los habitantes de Loire-Atlantique saben que esa obra contribuirá al desarrollo social y económico del departamento. Esta habría creado miles de empleos y, sobre todo, aliviado a la población de Nantes y de su periferia de los daños sonoros y de los riesgos de graves accidentes que genera el actual aeropuerto de Nantes, del cual decolan y aterrizan 50 000 aviones cada año. Pero una minoría de extrema izquierda, verde y altermundialista, que dice querer “proteger la naturaleza”, se opone a ese proyecto y no vacila al utilizar la intimidación y la violencia para imponer su cuestionable punto de vista.

Las asociaciones pro-aeropuerto, así como los concejales, diputados y senadores de la región, anunciaron que no están dispuestos a sufrir las consecuencias de la decisión del centralismo parisino y que se organizarán para resistir y hacer valer sus derechos. Para ellos, la reculada de Macron ante una minoría, integrada por 200 o 300 exaltados, le propinaría un enorme daño social y económico durante varias décadas a Nantes y a su amplia periferia.

Como solución de recambio, Edouard Philippe prevé que el edificio central y la pista del viejo aeropuerto podrían ser ampliados. Empero, esa solución, a los ojos de los expertos, es mucho más costosa desde el punto de vista social, humano y financiero que la construcción de un nuevo aeropuerto en la zona de Notre-Dame-des-Landes. “Saint-Aignan-Granlieu será borrada del mapa”, con esa ampliación, advirtió Jean-Claude Lemasson, el alcalde de esa comuna vecina de Nantes.  Además, insistió, el ruido actual que atormenta a la población aumentará en intensidad. Detalló que solo sobre la escuela de su comuna pasan, cada hora, entre cuatro y 12 aviones.

Según la prensa, la ampliación del aeropuerto costará 460 millones de euros, incluidos los gastos  de la nueva expropiación de terrenos, a lo cual habría que agregar los 350 millones de euros de indemnización al Grupo Vinci por la ruptura del contrato que existía para la construcción del aeropuerto. Y sin olvidar los 160 millones de euros que costará la construcción de un nuevo tren o tranvía para los usuarios de la ampliación. Total 970 millones de euros. El proyecto inicial costaba, máximo, 560 millones de euros.

El ministro de Agricultura anunció a los propietarios de tierra que habían sido expropiados hace años que podrán volver a sus tierras y trabajar en ellas, y que los propietarios que no han salido podrán seguir en la zona. El problema es que los zadistas, quienes son los que imponen la ley en la zona ocupada, parecen querer quedarse a pesar de la línea blanda de Macron y de los pedidos del ministro del Interior. Con gran angelismo, Gérard Collomb espera, en efecto, que esa gente se retire pacíficamente “dentro de una semana”. Empero, los otros tiene su propia lógica. Yannick Jadot, un eurodiputado ecologista, desea que los zadistas sigan viviendo en el lugar. Dijo que la mayoría de ellos no se retirarán de la zona pues “así como ganaron contra los aviones, también ganarán contra las expulsiones”.

La zona ocupada ha sido transformada en una especie de basurero gigantesco, refugio insalubre de activistas venidos de otras localidades y hasta del extranjero. Las vías están obstruidas y abundan los cobertizos y cabañas precarias, las casamatas de observación improvisadas --algunas decoradas con retratos de guerrilleros armados de fusil--. En ciertos puntos hay trampas con combustibles y explosivos listos a estallar ante la eventual aparición de la fuerza pública. Un diario describe algunos de los métodos que emplearon los zadistas en un encuentro con la policía: “Los activistas se encaraman en los árboles a nueve metros de altura, utilizan troncos como proyectiles, confeccionan cocteles Molotov, llenan los caddies con bolas de hierro (utilizadas en el juego de pétanque), y los lanzan contra las fuerzas del orden”.

“Es una guerrilla rural” concluyó un oficial de la Gendarmería ante un periodista de Le Figaro, matutino conservador que no pronostica un arreglo tranquilo del diferendo. Recordó, por el contrario, el fracaso de la “operación Cesar” en 2012, cuando la policía trató de atender los pedidos de los habitantes de la zona excedidos por las degradaciones de sus propiedades por los zadistas. Con todo, si no hay retirada pacífica de los activistas, la Gendarmería tiene la orden de realizar la expulsión de los recalcitrantes el 30 de marzo. Otras operaciones menores podrían comenzar antes. La opinión pública parece apoyar la decisión de Macron, pero nadie sabe cómo ésta reaccionará en caso de que los zadistas generen nuevos choques violentos.

Y un último dato: en Francia hay cuatro lugares más como el descrito, donde otros zadistas bloquean la construcción de importantes obras públicas: un gran centro comercial en Gonesse, un parque de atracciones en Roybon, una carretera en Kolbsheim y un subterráneo ultra profundo para hundir, durante siglos , residuos radiactivos. Con la medida de Macron sobre Notre-Dame-des-Landes esos otros zadistas se sienten moralmente respaldados.

@eduardomackenz1

18 de enero de 2018

Publicado en Columnistas Nacionales

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