Facebook

     SiteLock

Última hora
Carta al expresidente Pastrana - Jueves, 18 Enero 2018 04:21
Rebelión anticomunista en Caracas - Jueves, 18 Enero 2018 04:18
Mi lugar - Jueves, 18 Enero 2018 04:16
¿Dictadura de los jueces en Colombia? - Jueves, 18 Enero 2018 04:08

Eduardo Mackenzie                                     

En las últimas horas --y gracias a las revelaciones de los candidatos Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordoñez, en la emisión radial La Hora de la Verdad--, la opinión se enteró de una mala noticia: el proceso de construcción de la  “gran coalición para salvar a Colombia” está estancado: no hay reglas de juego y no hay reuniones ni conversaciones entre los candidatos y los expresidentes Uribe y Pastrana para llegar a esa unión.

Los dos candidatos han hecho saber, además, que están indignados ante los extraños métodos que viene utilizando un grupo de senadores del Centro Democrático para impedir, precisamente, esas discusiones. En lugar de recibir invitaciones a reuniones de trabajo, los dos candidatos, cada uno por su lado, reciben avisos y ultimatos humillantes. Según los testimonios, tres senadores del CD, Ernesto Macías, José Obdulio Gaviria y Éverth Bustamante, se han arrogado el derecho de tomar decisiones sobre el destino de la “gran coalición para salvar a Colombia”. Le han hecho saber a Marta Lucía Ramírez que, por ejemplo, la única plaza disponible es la de vicepresidente, pues el candidato presidencial de la tal coalición es Iván Duque. Alejandro Ordóñez ha recibido por su parte el mensaje surrealista que él debe ver a Marta Lucía para que ellos dos decidan quien “se elimina” de la carrera electoral para que el sobreviviente sea el vicepresidente de Duque.

Ordóñez y Ramírez lo dicen claramente: no están dispuestos a seguir las instrucciones de esa troika que no representa a nadie y que carece de poder alguno para insertarse y forzar (brutalizar deberíamos decir) el complicado asunto de la gran coalición electoral.

¿Qué conclusión sacar de esas revelaciones? Que hay un grupo uribista no autorizado que está haciendo todo lo posible para frenar el surgimiento de la coalición de derecha, integrada precisamente por las corrientes mayoritarias  --uribismo popular, conservadores y liberales anti Santos, católicos y protestantes, militares y policías retirados, patriotas sin partido, padres de familia en lucha contra la ideología de género--, que se movilizaron en favor del NO a los acuerdos de La Habana y ganaron el plebiscito del 2 de octubre de 2016.

Tales intrigas evidencian que la troika no quiere que esa coalición exista. No quieren que haya un gobierno dispuesto a dar la batalla sin complejos que se viene en los próximos cuatro o cinco años contra las Farc y sus peones disfrazados.

Esa troika  que parece haber olvidado el programa de gobierno que consagró el electorado el 2 de octubre, trata de imponer una línea desastrosa. Respalda al inexperimentado Iván Duque como presidenciable “único”, mientras que tratan de relegar las dos personalidades políticas, Ramírez y Ordóñez, que cuentan con mayor experiencia y claridad política que él sobre los problemas del país. Para la troika, Ordóñez y Ramírez tienen un enorme defecto: son doctrinariamente conservadores y católicos creyentes.

Designado por una encuesta opaca y gerenciada por oficinas enemigas del uribismo, no mediante los votos de las bases del CD, Iván Duque es mostrado como un portento. Empero, esa designación no le aportó a Duque un gramo de legitimidad, ni borró las dudas que suscitan sus posiciones políticas. Enseguida, la troika, lanzó una campaña difamatoria contra Alejandro Ordóñez en las redes sociales, para mostrarlo como un “contrario al uribismo”, como un “reaccionario” y “clericalista”. Como todo les falló, se inventaron la idea de que los candidatos, sobre todo Ordóñez,  deben firmar una “hoja de ruta obligatoria”, redactada no se sabe por quién, antes de hacer campaña presidencial. Otros intrigan ante el Consejo de Estado para que inhabilite a Ordóñez, mientras les abren las puertas a los jefes de las FARC. Y continúan pregonando que el CD es “de centro”, que la derecha es forzosamente “reaccionaria”, que no debe llegar al gobierno, y que el uribismo es, más bien, una especie de clintonismo tropical.

Es obvio que la troika es una resurgencia inesperada del sectarismo anti conservador y anticatólico de los años 40 y 50, que tanto dolor sembró en Colombia. El país debería huir de esa línea como de la peste. ¿No fueron los seguidores de la troika los que se tragaron en silencio las propuestas asombrosas de Angelino Garzón en la 2ª. Convención del CD en mayo pasado? ¿La actitud actual ante Ramírez y Ordóñez no es un desarrollo del esquema que Angelino propuso de hacer un “acercamiento” hacia las FARC en vista de que éstas “entraron a la vida política”?  ¿Una coalición realmente de derecha no sería un obstáculo a esa extraña agenda?

La línea de los tres senadores le está haciendo gran daño al país y al mismo uribismo: obstaculiza la posibilidad de que cristalice un gran frente de gobierno que esté armado política e ideológicamente para ganar no sólo la presidencia sino para frenar y revertir el avance de las fuerzas farianas, y el impulso hegemonista que viene de Cuba, de la izquierda internacional y del socialismo obamista. 

La crisis colombiana ha llegado a un punto en donde lo crucial no es sólo ganar  la presidencia y las mayorías parlamentarias, sino estar en condiciones de dar la batalla histórica y definitiva contra las ambiciones expansionistas de Cuba, para que Colombia no sea una Venezuela bis y salga, por fin, de la guerra fría.

La cruzada contra Ordóñez y, en menor medida, contra Ramírez, puede ser una jugada a largo plazo para malograr esa lucha. Por eso es inexplicable que los expresidentes Uribe y Pastrana no vean el enorme desafío que existe sobre Colombia y jueguen al inmovilismo ante las intrigas de la troika.

Marta Lucía Ramírez ha hecho una brillante carrera política y tiene un prometedor futuro.  Aceptar ser la vicepresidente de Duque arruinaría ese perfil. Ella podría jugar un papel principal al lado de Alejandro Ordóñez en el combate político que viene, el de los próximos años. Es visible que la izquierda del CD no quiere solo destruir a Ordoñez.  También quieren reducir el potencial de Marta Lucía y todo por ser ella una líder conservadora.  Esa es mi íntima convicción a la luz de las revelaciones en La Hora de la Verdad.  Aceptar ser la vicepresidente de Duque implicaría para ella renunciar a sus convicciones. Prestar oído a los cantos de sirena que quienes le dicen que podría ir sola a la primera vuelta, significa abandonar a sus electores. El momento es crucial tanto para  Marta Lucía Ramírez como para Alejandro Ordóñez. Confió en la lucidez y patriotismo de ambos y en que tomarán la salida que más favorecerá al país.

@eduardomackenz1

11 de enero de 2018

Publicado en Columnistas Nacionales

Compartir

Opinión

Nuevos videos

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN

Ingrese su dirección de correo electrónico:

Nuestras Redes