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Juan David Escobar Valencia                                     

El sicólogo social Henri Tajfel sugirió que la identidad del “nosotros” está asociada a la existencia e identidad de los “otros” y a la posibilidad de establecer diferencias entre ambos. Dicha categorización viene típicamente acompañada de la tendencia a maximizar el autoconcepto positivo del “nosotros” en detrimento del de los “otros”.

Pero cuando la comparación con los “otros” pone en evidencia la inferioridad del “nosotros”, dicho descubrimiento activa mecanismos de autodefensa que intentan eliminarla por varios métodos. De los menos sanos son: intentar acusar al otro de tener más del mal del que uno quiere desprenderse, con la creencia que por solo decirlo se va a trasladar al otro; o acusar al otro de todas las limitaciones posibles que expliquen aparentemente que no soy yo quien tiene un problema sino que es la incapacidad del otro lo que lo hace propietario de dicha imperfección.

Para aclarar el párrafo anterior, qué mejor ejemplo que el gobernante de Colombia, vanidoso etnocéntrico que cree ser el mejor de la historia de Colombia pero al verse todos los días más impopular, rechazado y abucheado, no logra entender la naturaleza de sus miserias y pretende autoengañarse diciendo que no es él quien tiene problemas, sino que son los demás los que inexplicablemente no podemos verlo como el “salvador del país”, cosa que le repiten los enmermelados aduladores del grupo de “Espectadores que beben a Tiempo sus babas de Caracol cada Semana”.

Desde que este gobierno empezó a mostrar tempranamente su ineptitud y costosísima ineficacia, su vanidad lo llevó a utilizar una patética disculpa. Decían el presidente y sus secuaces que no era que el gobierno fuese inepto, sino que no habían sido muy acertados comunicándole al ignorante pueblo colombiano todas sus hazañas y “sacrificios personales”. A medida que el desastre seguía galopando, repetían el mantra autoconvencidos que era un problema de mala emisión de los mensajes. Pero cuando el fracaso se acumuló, la coartada de la mala comunicación se hizo tan inepta como su accionar y entonces recurrieron al más patético y prepotente de sus mecanismos de defensa: el problema no era del emisor sino de las discapacidades de los receptores.

No es que esté equivocado ni que sea el más nefasto presidente de la historia republicana, incluso peor que Samper, sino que según él, Colombia tiene un “problema mental” que no le permite reconocer tanta excelencia reunida en un solo sujeto. Incluso un “prestigioso siquiatra”, perteneciente al grupo de extorsionistas que quieren hacernos sentir culpables, dijo que los colombianos están tan trastornados de la cabeza que no podemos percibir en el estiércol que es el acuerdo de impunipaz, al mejor de los perfumes. Un genio el señor este.

Los colombianos no están locos y mucho menos son bobos. Por eso ganó el NO en el plebiscito y muchos más votaremos en las elecciones del 11 de marzo para desbaratar todo lo malo que dejó incubado este funesto gobierno.

El Colombiano, Medellín, 08 de enero de 2018

Publicado en Columnistas Nacionales

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