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Eduardo Mackenzie                                    

¿Quién quiere amordazar a los candidatos presidenciales conservadores?

En la carta de este 3 de enero del senador Iván Duque, candidato presidencial del Centro Democrático,  se destacan dos ideas principales. Ambas son erradas.

1. El propone poner al margen del proceso político a los compromisarios de los  participantes eventuales en la consulta inter-partidaria de marzo próximo, en beneficio de una “mesa de trabajo paralela” que, según él, estaría encargada de “definir la hoja de ruta” de los compromisarios y de los candidatos.

Lo que busca Duque con esa propuesta es comprometer  a los candidatos  Ordóñez y Ramírez, antes de la consulta inter-partidista.

El senador del CD quiere que las personalidades que participen en esa selección queden atadas de antemano con la visión de Duque-Uribe (pues no creo que esa carta haya sido lanzada sin la previa aprobación del expresidente Uribe), cuando lo correcto es que los candidatos, sobre todo Alejandro Ordóñez Maldonado,  quien es objeto de ataques retóricos de publicistas del CD, conserven toda su libertad de palabra en sus actos políticos hasta el momento de la consulta de marzo y después.

Duque quiere que  esa “mesa paralela” defina de manera urgente un “proyecto colectivo” para los tres candidatos, antes de la elección de uno solo de ellos, en marzo. Es una visión errada de lo que es una campaña presidencial. Una elección presidencial, en un país libre, es siempre el resultado del encuentro político y psicológico entre un hombre o una mujer con la ciudadanía.  No el encuentro entre un “colectivo” y unos electores.

Duque busca un “consenso previo” a la elección de marzo para que los electores que voten en la consulta no sepan cual es el mejor candidato, cual es el mejor programa y, sobre todo, quien es el líder que necesita Colombia para salir del Farc-santismo y restablecer el Estado de derecho.

Duque quiere, sobre todo, que los candidatos lleguen con una línea de consenso ambigua frente a los acuerdos de La Habana. Duque sostiene que esos acuerdos tienen “puntos buenos”. En un texto reciente afirma que la negociación con las Farc ya pasó y “no queda nada que negociar ni renegociar”, luego que ese pacto hace parte del ordenamiento jurídico. Es el mismo que propone que el candidato de la “gran coalición” llegue ante los auditorios con “compromisos acordados y obligatorios”.

Es una trampa. Los candidatos deben pronunciarse individualmente acerca de muchos temas, pero en especial ante el punto de qué hacer con los acuerdos de La Habana –mecanismo clave del proyecto a largo plazo de las FARC--, y sobre los otros temas capitales de la campaña, de manera independiente y libre, sin estar frenados por una argumentación elaborada por otros, ni por un pretendido “consenso” previo. ¿Si no es así cómo los electores podrían escoger?

Duque y Uribe quieren que la coalición, antes de ser una coalición formal, tenga ya un programa de gobierno. En ese caso, lo central no sería el candidato sino el programa que éste tenga. El senador Duque habla de “proyecto colectivo” y, peor, dice que ese proyecto es “obligatorio”. Dice en su carta que en mayo deberemos escoger “un proyecto colectivo” y no “las creencias personales” de un individuo. El tono estigmatizador de la fórmula “creencias personales” apunta directo contra Alejandro Ordóñez.  El candidato del CD quiere aparecer como fraternal  e incluyente y no lo logra: la hilacha sectaria sale de todas formas.

Su planteo es, en realidad, marxista. Un marxismo pintado de naranja, pero no menos dañino. Esa ideología relega y reprime el individuo y sus “creencias” y exalta el “colectivo”. Desprecia  el compromiso de un líder con su pueblo y los valores morales y políticos enraizados en su espíritu, y prefiere la línea dictado fríamente por “el colectivo”, es decir por el comité central.

2. El otro denominador común de la carta del senador Duque es menos explícito: el “gran pacto por Colombia”, no debe estar integrado únicamente por los sectores que llamaron a votar NO a los acuerdos de La Habana, sino que debe incorporar fuerzas adicionales. En su carta del 3 de enero lo dice así: “No basta haber estado de acuerdo en votar NO en el plebiscito, se necesita estar de acuerdo con el país que queremos”. Duque  agita desde hace rato la idea de que él no quiere ser el candidato del bloque del NO en el plebiscito de 2016, sino de una coalición más amplia.

Luego habría que meter, según él, otras fuerzas, incluidas las que votaron en favor de las negociaciones Farc-Santos y de los acuerdos de La Habana, pues con ellos podemos llegar a un consenso sobre “el país que queremos”.

Ello conduce directamente a una deformación y hasta a la dilución del programa del candidato de la oposición anti Farc-Santos, contra el candidato de la continuidad santista y pro FARC, y lleva a una división profunda de las fuerzas sociales que participarán en la elección presidencial de mayo y en los combates políticos que seguirán durante los próximos cuatro años para liberar a Colombia.

Nadie puede olvidar que Angelino Garzón, ex dirigente del partido comunista,  fue quien lanzó esa idea en la 2ª convención del CD, en mayo de 2017, cuando invitó al uribismo a entrar en diálogos con las FARC. Recordemos: Garzón dijo que ese diálogo con las FARC aportaría “un bien futuro” a Colombia.  Y que por eso el CD debía “encontrar puntos de acuerdo” con las FARC. El 6 de septiembre, la FM Radio precisó que Angelino Garzón le estaba proponiendo al expresidente Uribe “encontrar puntos de acuerdo” y “sostener un acercamiento” con las FARC porque éstas habían “entrado formalmente a la vida política”.

El senador Uribe no rechazó esa propuesta. El único que la rechazó fue el precandidato, en ese momento, Rafael Nieto Loaiza. Uribe y Duque guardaron silencio. En mayo, Angelino dijo ante los 1800 delegados del CD que él podía ser el candidato de la “gran coalición” que gane la presidencia y que el CD podría contentarse con la vicepresidencia. Garzón impulsa desde entonces la línea de buscar “la unidad dentro de la diferencia” y que él podría ser el “candidato fuerte” de ese tipo de pacto.

Muy distinta es la unidad que preconizaron allí otros precandidatos. Alejandro Ordoñez habló de un “acuerdo sobre lo fundamental para derrocar al régimen” pues, explicó,  “no basta ganar las elecciones de 2018” pues al país le han impuesto unas instituciones bárbaras por cuenta del “proceso de paz”. Rafael Nieto propuso una “gran alianza republicana” con los del campo del No más “los del Sí que se han dado cuenta del error en que estaban”, y con el  85% de la opinión que ve que el gobierno de Santos “es un desastre”.  Iván Duque no explicó su política de alianzas y enfatizó, en tono excluyente, que “el candidato [debe ser] genuinamente uribista”.

Creo que la carta de Iván Duque busca una apertura hacia el tipo de componenda absurda de Angelino Garzón cuando habla de llegar a un consenso sobre “el país que queremos”.

El momento político colombiano es confuso. Sin embargo, hay que tratar de encontrar el norte y abrir caminos para avanzar en la buena dirección. Lo primero es impedir que los precandidatos pierdan su libertad de pensamiento y de expresión y acepten llevar una mordaza y se dejen enredar por una telaraña de compromisos que contradicen sus ideales políticos, mientras que los extremistas podrán hablar a sus anchas.

Colombia tiene que oír a los candidatos. Oírlos hablar y explicar su programa y su visión del país y del mundo de manera totalmente libre y original. No queremos ver a unos candidatos, o al candidato del “gran pacto por Colombia”, si eso llega a existir algún día,  repitiendo un texto redactado por otros, recitando una “hoja de ruta obligatoria” escrita no se sabe dónde, ni cómo, ni por quien.

@eduardomackenz1

7 de enero de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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