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Carlos Salas Silva                                 

"Colombia tiene una enfermedad mental que solamente le permite ver las noticias malas y no apreciar las noticias buenas", afirma, con su despreciable cinismo, el tipo aquel quien hasta el próximo 7 de agosto ocupará el cargo de presidente de la República. Este es su mensaje de fin de año con el que remató la petición navideña de “desactivar odios” despertando las más airadas reacciones en las redes.

¿Podrá el país quedarse como si nada cuando recibe estas expresiones de un ser de la peor condición humana que se ha mantenido en el poder por sus artimañas? Espero que no y todo indica que se está abriendo una puerta que se mantuvo cerrada durante los últimos años, por la que se vislumbra el camino del cambio. A pesar de que se nos califique de enfermos mentales llenos de odios, somos un pueblo lo suficientemente cuerdo para darnos cuenta de que si no emprendemos las transformaciones urgentes que conviertan al país en uno prospero, estaremos condenados a un negro futuro.

Ese es el gran reto y no podía ser menor luego de haber sobrevivido ilesos a la arremetida brutal de los peores enemigos de nuestra institucionalidad y nuestra democracia. Eso no es de poca monta y podríamos calificarlo como un verdadero milagro al que le debemos gratitud y compromiso.

Las razones de esta condición particular y ventajosa si la comparamos con lo que se nos tenía preparado para el 2017 con la implementación de un acuerdo desastroso entre un grupo narcoterrorista y un gobierno que traicionó el orden democrático para complacerlo, son múltiples y se podrían enumerar comenzando por dos principales: La primera, los cambios en la geopolítica, particularmente con el fin de la era Obama y el comienzo de la de Trump; la segunda, la construcción de alianzas entre los que promovieron el NO en el plebiscito pasado para conformar un bloque con el fin de alcanzar la presidencia en primera vuelta haciéndole el quite al fraude electoral.

A pesar de que el país está pasando por uno de los momentos más críticos de su historia, en todos los ordenes, mantenemos una esperanza viva que nos fortalece. Comenzar 2018 contando con el liderazgo de Álvaro Uribe y con la perspectiva de una presidencia renovadora de Iván Duque nos llena de tranquilidad pero nos compromete a cuidar cada paso que demos y a luchar cada día sin desfallecer.

“Las oportunidades son como los amaneceres: si uno espera demasiado, se los pierde”, nos lo recuerda esta frase del escritor inglés William George Ward. Este 2018 se anuncia como un venturoso amanecer y debemos estar bien despiertos desde el primer día para hacer de él el año de las transformaciones.

Publicado en Columnistas Nacionales

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