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Rafael Gómez M.                                         

En medio de un extraño y torrencial aguacero en pleno 25 de diciembre en Bogotá, en medio del silencio que produce escuchar los truenos y las gotas de lluvia al caer en las canales, surge la visión del cierre de año del 2017, un año difícil tanto en lo personal, como en lo colectivo.

El ser humano tiene una fortaleza interna que lo hace salir de las pesadas incertidumbres, desesperanzas y desamores que se presentan a diario, las cuales producen un cambio inesperado en su vida. Pareciera paradójico que fuera a través de las circunstancias adversas que se presentan a diario que el ser humano tuviera esa capacidad de reacción para sobrevivir.

Bien, lo comentó un cura en una Homilía durante estos días navideños. Mientras tengamos vida, mientras Dios nos de la vida todos los días, siempre el ser humano tendrá una razón para vivir.

A su vez, San Juan Pablo II escribió en sus diarios que la verdadera forma de vivir consistía en vivir bajo la plenitud de la ley, plenitude legis. Por ella se entabla un contacto más pleno y maduro de la persona con la Persona, la cual pone de relieve la Fe y la Esperanza. Según JPII, estas dos virtudes tienen algo de claridad, disponen a ella y a ella conducen.

En relación a Dios, la caridad tiene la virtud de estar por encima de todo. La caridad no está ligada a la persona como para que no pueda pasar por encima de ella. Su adecuada relación con el bien permite siempre encaminarse hacia las demás personas con el ánimo de hacer el bien, por el bien.

Cuando se abandonan las pretensiones del sabelotodo, comenzamos a reconocer el valor y la experiencia de las otras personas y empezamos a tratarlas con respeto. Los intereses de los demás se volverán tan importantes como los míos. Empezamos a vivir una vida más grande de lo que somos, más amplia que nosotros, que nuestro nombre y nuestra persona; empezamos vivir por nuestra propia trascendencia.

Esa es la gran pregunta, como diría Shakespeare: ¿Cuál debe ser nuestro nivel de trascendencia como ser humano a pesar de todas las adversidades que se puedan presentar en el transcurrir de la vida?

¿Nos vamos a detener y quedar pasmados por una simple adversidad o vamos a seguir adelante con más ganas y empuje con el fin de trascender en mi vida terrenal?

A todos mis queridos lectores de los Irreverentes un feliz año y un próspero 2018, no sin antes dejarles el mensaje final sobre lo importante y trascendente que será el próximo año para el futuro del país.

Debemos ser conscientes de nuestro deber con las futuras generaciones cumpliendo con nuestro voto tanto para las legislativas de marzo, como la presidencial de junio. En sus manos estará  el futuro de Colombia.

Puntilla: Solamente es llegar el 25 de diciembre de madrugada para que el portero del edificio lo reciba con un recibo de Codensa. Ahí se termina este cuento.

El Nuevo Siglo, Bogotá, 28 de diciembre de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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