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Hernán González Rodríguez                                            

El diario The New York Times publicó el 21 de noviembre pasado un inquietante artículo titulado: “Sugar industry long downplayed potential harms”, La industria azucarera ha  minimizado sus daños potenciales, firmado por Anahad O´Connor. Espero traducir textualmente a continuación los párrafos más relevantes.

“La industria azucarera financió en los años 60 investigaciones sobre los efectos del consumo de azúcar en la salud cardiovascular. Posteriormente enterró los resultados que sugerían que el azúcar podría ser nocivo, de acuerdo con documentos históricos revelados recientemente”.

“La Universidad de California, San Francisco, acaba de publicar un nuevo informe en el Diario PLOS Biology, en el cual afirman sus autores que, basados en la evidencia, ha tratado la industria azucarera de desorientar el público y proteger sus intereses económicos, suprimiendo las investigaciones preocupantes, una táctica también utilizada por la industria del tabaco”.

“La industria azucarera ha sostenido que: “el azúcar consumido con moderación hace parte de un estilo de vida equilibrado”. Cristian E. Kearns, profesor de la universidad citada, halló en los archivos de varias universidades, que la industria azucarera lanzó en 1960 una campaña orquestada por John Hickson, para pagarles a dos influyentes científicos de la Universidad de Harvard un estudio que minimizara la conexión entre el azúcar y la salud del corazón e inculpara a las grasas saturadas”.

“El estudio revelado preocupaba a Hickson, porque se sostenía en este que las calorías del azúcar eran más dañinas que las calorías provenientes de los carbohidratos almidonados, presentes en los granos, los fríjoles y las papas. Sospechaba él que la causa podría provenir de que los microbios que residen en el intestino, designados como mirobiota, metabolizaban el azúcar y los almidones de manera diferente”.

Hasta aquí mi traducción textual. Resumo a continuación el resto del artículo citado.

En 1968, la Universidad de Birmingham en Gran Bretaña, le financió al profesor W.F.R. Pover, un estudio que costaría hoy $187.000 dólares para experimentar con ratas y cerdos de guinea, que no tienen microbiotas en su intestino, si respondían de manera diferente a los otros animales en la digestión del azúcar y del almidón.

El estudio del doctor Pover encontró algo “muy significativo”: los efectos adversos del azúcar sobre el colesterol y los triglicéridos se deben a que estos son metabolizados en forma diferente por las bacterias del intestino. Sin embargo, se considera que el experimento no se concluyó y que, por tanto, no constituye una prueba indiscutible.

Marion Nestle, profesora de nutrición de la Universidad de Nueva York, sugiere que los documentos revelados suministran una rara evidencia de que algunas industrias alimenticias, compañías tabacaleras y farmacéuticas, impiden las investigaciones que no les convienen. 

Publicado en Columnistas Nacionales

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