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Eduardo Mackenzie                                                

Deben ser muy inconvenientes para el país las decisiones que tomaron Santos y Timochenko en su reunión de antier en Bogotá pues los dos actores y sus equipos salieron con la consigna de no decir nada sobre lo acordado y lanzar, en cambio, frases carentes de interés.

Huérfana de informaciones, la prensa optó por hablar de “revelaciones” hechas a la salida del encuentro en el ministerio del Interior. Santos “reveló”, por ejemplo, que volverá a reunirse con el jefe terrorista. Este “reveló” que salía “muy satisfecho” de la reunión donde ellos habían analizado “hasta detalles mínimos”.

Con “revelaciones” de esa importancia la ciudadanía, sobre la que caerán sin tardar los efectos de las políticas que esos dos actores trazan tan discretamente, debe estar muy contenta.

De carácter urgente, la reunión había sido pedida por el jefe de las Farc quien estaba descompuesto ante los tímidos y dispersos cambios recientes en la legislación que debe encuadrar la llamada “implementación” de los “acuerdos de paz”. La víspera de la reunión, el cabecilla de las Farc había criticado violentamente a todo el mundo, o casi: al Fiscal General, al Congreso y a la Corte Constitucional. Ellos están, según Timochenko, haciendo “montajes judiciales y policiales” contra las Farc. “Lo que se nos está implementando no es lo que firmamos hace un año, las leyes en curso se burlan de las expectativas de quienes confiaron en el acuerdo”, clamó el jefe comunista, quien puso como testigo de su queja al funcionario onusiano Jean Arnault, observador del cese al fuego de las Farc. El jefe de éstas, deformando el sentido de los cambios de redacción de estos días, insistió en que el Fiscal General, Néstor Humberto Martínez, “pretende que el guerrillero raso pierda automáticamente todos los beneficios y la prohibición de ser extraditado”. Timochenko incluso amenazó a la Corte Constitucional al decir que ella “falla ahora contra los acuerdos”.

El silencio de Santos ante tales faribolas y sus frases huecas, estilo Molotov, a la salida del encuentro con Timochenko, muestran el desprecio que él siente por el país que lo ha elegido dos veces y por los esfuerzos que hacen la Fiscalía, el Congreso y la Corte Constitucional para retirar las aberraciones más protuberantes de los pactos de La Habana.

Ese presidente sordo y ciego ante el país está en fin de mandato. Y es impopular –para no decir que es detestado por las mayorías nacionales-- por haber mentido para montar un falso “proceso de paz” que no aportó la paz y que disparó hacia el alza los narco cultivos y puso todos los indicadores sociales en rojo, en especial en materia de empleo, salud, justicia, educación y formación profesional.

Es posible que antier el presidente de la República le haya prometido la luna a Timochenko. La agenda con las Farc es lo único que tiene Santos para dormir las cancillerías extranjeras, satisfacer las exóticas minorías de la izquierda internacional y los pontífices millonarios de la deconstrucción.

Santos y Timochenko dieron listas diferentes de los temas que habían tratado en la reunión. Santos evocó estos puntos: “seguridad, reincorporación, avance en materia legislativa y jurídica, la composición de las listas”. La enumeración de Timochenko es diferente: “seguridad jurídica, seguridad en las zonas, amnistías, prisioneros y analizamos hasta detalles mínimos”.

¿Santos prometió que no habrá más búsqueda de arsenales y caletas con dinero fariano; que los “campamentos de paz” no serán vigiados por la fuerza pública; que  la población quedará a merced de las Farc --como ocurrió en hace unos días--; que pondrá en cintura a los críticos de los acuerdos de La Habana  --por eso está circulando un proyecto ministerial de decreto para amordazar a la prensa--; que cerrará los ojos para que las Farc, disfrazadas en “disidencias”, “milicianos”, “guardias campesinas” y otras bacrim, hagan lo que quieran con las comunidades; que los ministerios cerrarán los ojos ante la llegada del narco-dinero a la campaña fariana y que, sobre todo, él obligará al Fiscal, a los magistrados y a los parlamentarios a borrar los cambios recientes?

Timochenko trabaja en la estructuración de una coalición electoral bajo su influencia que incluya las facciones que han sostenido a Santos desde 2010, para impedir que los partidos y sectores que ganaron el plebiscito de octubre de 2016 se unan, tengan un candidato único y puedan llegar a la presidencia de la república. Los planes para desorganizar ese adversario deben estar ya avanzados. ¿Tomaron decisiones sobre eso en la reunión de casi cuatro horas de antier?

La prensa guarda silencio sepulcral, respetando más al poder que a la opinión pública, aunque elementos de esa discusión deben estar ya en oídos de algunos periodistas. Incluyendo a Santos y Timochenko, en la reunión hubo trece  personas: ocho del gobierno y cinco de las Farc. Muchas fuentes para que los secretos no se escapen.

@eduardomackenz1

26 de noviembre de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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