Facebook

     SiteLock

Última hora
Tres retos del Centro Democrático - Viernes, 15 Diciembre 2017 04:29
Una alianza para reconstruir a Colombia - Viernes, 15 Diciembre 2017 04:29
El gobierno del poquito - Viernes, 15 Diciembre 2017 04:29
La violencia sexual en las Farc - Viernes, 15 Diciembre 2017 04:29
¿Cuál es la diferencia? - Viernes, 15 Diciembre 2017 04:29

Eduardo Mackenzie                              

Un espectro recorre las filas de las Farc. El espectro de la democracia. La onda de choque producida por los leves cambios decididos a última hora, hace una semana, por el Congreso y la Corte Constitucional de Colombia, al nefando acuerdo de La Habana, sacudió brutalmente a los dirigentes de la banda comunista.

Ellos no esperaban la menor evolución de ese texto. Hoy se dicen engañados y traicionados. Tonterías. Lo que ocurre es que un aire de racionalidad triunfó en esos últimos debates y algunos detalles de esa “legislación” anómala que pretende decapitar la Constitución vigente fueron limados, en buena hora, en el seno de esas instituciones.

Creían los jefes terroristas que ni una sola palabra iba a ser cambiada, que ellos habían dejado todo bien atado y que los 48 millones de colombianos iban a salir a marchar al paso de ganso que dictaba Cuba.

Pues no. Los colombianos están batallando como pueden y no se rinden ante nadie. Y se permiten darle sorpresas a su enemigo histórico. El pacto de La Habana resultó tan monstruoso que parlamentarios y magistrados que antes lo apoyaban, decidieron reformular algunos puntos para no pasar ante la Historia como los peores hijos de Colombia.

Ante ese tímido intento, la respuesta de las Farc fue la de siempre: sin argumentos y con amenazas. Le exigen a Santos que deshaga esos cambios y que restituya hasta la última coma. No aceptan la soberanía del Congreso ni el de las Cortes. Y aún así dicen que han cambiado y que harán política “sin violencia”. Que comiencen por abandonar su obsesión de dinamitar las instituciones y que aprendan cómo funciona una democracia.

Furioso, Santrich gesticula desde los micrófonos. A quienes saludan los cambios los califica de “guerreristas”, y anuncia: “Esto es como el inicio del fin de la paz”. Timochenko, por su parte, desde su reducto en La Habana, urge a sus asesores para que le escriban cartas de quejas. El espera que entidades extranjeras vengan, de nuevo, a ayudarlo.

El 17 de noviembre, en su carta a Antonio Guterres, secretario general de la ONU, Timochenko dice que el Estado colombiano le ha “incumplido lo acordado” y,  sobre todo, que la JEP (justicia controlada por las Farc) “quedó subordinada a las decisiones de los jueces constitucionales y ordinarios” de Colombia. El crimen, como se ve, es enorme, y por ello el señor Guterres, tras leer ese lamento, va a enviar sus cascos azules.

A Fatou Bensouda, fiscal de la Corte Penal Internacional, Timochenko le cuenta lo mismo y le revela que la JEP  “fue concebida como un mecanismo excepcional de justicia transitoria, cuyo objetivo no sólo era poner fin al conflicto, sino sobre todo asegurar que llegara a su fin la impunidad reinante en Colombia en materia de crímenes de Estado y graves violaciones a la ley internacional por parte de terceros en el conflicto.”

Esa frase es una confesión de parte: para Timochenko, ahora candidato presidencial, la JEP es un garrote que sólo puede ser usado por las Farc para golpear al Estado y a “los terceros”, es decir los colombianos todos.

“La sentencia de la Corte excluyó de la obligatoriedad de someterse a la JEP a agentes estatales no militares y a terceros responsables de graves crímenes, dejando su juzgamiento a la justicia ordinaria”, clama Timochenko en un castellano digno de mejor suerte. El estima que la justicia es un “instrumento de guerra a favor del Estado”, que “aplica todo su rigor a los contradictores” del Estado. Bonito eufemismo. Las Farc no son “contradictores” del Estado. Son falanges armadas que, bajo una sola dirección, cometen las peores atrocidades contra el pueblo, contra sus gobernantes elegidos y contra el aparato de Estado. Al castigar esos crímenes la justicia se honra. Fatou Bensouda no caerá en las trampas semánticas de Timochenko.

Otros tres puntos tienen sin sueño a los jefes farucos: 1.- que la extradición de narco-guerrilleros, que el acuerdo final prohibía, pueda ser ahora autorizada por los jueces ordinarios; 2.- que los jueces de la JEP que hubieren participado en la defensa de terroristas de las Farc o del Eln no puedan trabajar en esa jurisdicción y 3.- que los bandidos que hayan cometido delitos sexuales contra menores de edad reclutados sean juzgados por la justicia ordinaria y no por la JEP.

Lo más interesante es que las cartas de Timochenko ocultan a la ONU y a la CPI lo principal: que el pacto final de La Habana fue rechazado por los colombianos en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 y que el procedimiento urgente (o de “fast track”) y la exigencia de que el pacto cubano sea “implementado” ya y tal cual, son ilegales e ilegítimos.

El cabecilla de las Farc sabe que el acuerdo final, a pesar de esos cambios, sigue siendo favorable a ellos, pero que los puntos esenciales (para ellos) pueden saltar. Le ha pedido a Santos un encuentro para que, pasando por encima del congreso y de la CC, le arregle ese negocio. Nadie sabe qué saldrá al final de ese proceso. El texto definitivo de la Corte Constitucional no ha sido dado a la prensa todavía. El balance final de las enmiendas al acuerdo Santos-Farc es incierto. Pese a ello, la tendencia parece alentadora, a menos de que Santos  logre  darle un reversazo a todo. En estos días, en esos recintos, en esas deliberaciones, en ese clima de amenazas, teniendo como telón de fondo la elección  legislativa y presidencial de 2018, Colombia está jugando su destino como país libre.

Cuando creía que había arrasado con todo, a Timochenko le cayó un balde de agua fría. Las Farc parecen desestabilizadas. ¿Aprenderán algo de esto? ¿Las glosas discretas abrirán la vía al colapso del plan Santos-Farc y a una paz verdadera? Todo es posible.

@eduardomackenz1

21 de noviembre de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

Compartir

Opinión

Nuevos videos

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN

Ingrese su dirección de correo electrónico:

Nuestras Redes