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Carlos Salas Silva                                  

El Centro Democrático tomó la decisión de que en laspróximas 3 semanas se realizarán 3 encuestas continuas a 1200 ciudadanos que no pertenecen al partido y a 500 militantes escogidos de forma aleatoria. Con este sistema pretenden encontrar una formula participativa en la escogencia del candidato para la presidencia de Colombia en las elecciones de 2018 diciendo abiertamente que la suerte está echada y no hay marcha atrás. Con este carisellazo consideran que saldremos de la encrucijada en la que estábamos luego de que se descartara la inclusión de Óscar Iván Zuluaga en la baraja de aspirantes a la candidatura.

Algunos han recibido con resignación esta jugada de dados que supuestamente permitirá la feliz culminación de una campaña sui generis que ha tenido tanto detractores como partidarios y que ha generado fisuras difíciles de reparar. Para la campaña de 2014 las cosas fueron muy diferentes y, aunque el partido estaba recién conformado, eligieron candidato de una manera digna con una Convención que, a pesar del descontento de algunos, logró llamar a una disciplina con la que, por unanimidad y con entusiasmo, nos pusimos en la tarea de ganar las elecciones y las ganamos.

Todo indica que los dados ya fueron lanzados y que lo único que podemos hacer es esperar por cual de los cinco precandidatos se inclinará el destino. Es como si perdiésemos nuestra capacidad de decidir dejando todo al azar porque creer que unas encuestas llevarán a elegir al indicado es lo mismo que creer en los designios impuestos por un dado o una moneda.

No podemos negar que en ciertos momentos cruciales de la vida la suerte ha estado de nuestro lado conduciéndonos por el buen rumbo contra nuestras propia voluntad. Agradezco a ella que se haya interpuesto ante mis convicciones más cerradas en muchos acontecimientos de mi vida de los que he salido bien librado a pesar de mis terquedades. Los hay también en que delegar tiene mejores resultados que actuar empecinados en defender unas posiciones que asumimos como nuestras y por las que nos creemos falsamente obligados a batirnos. ¿Por qué no ahora? Porque lo que se juega es nada más y nada menos que el futuro de nuestro país. ¿Lo que no pudimos resolver con la razón lo dejaremos en manos del destino o del azar? No, apostar así puede acarrearnos desgracias infinitas en este crítico momento.

Mi humilde opinión es que, luego de tanta espera, no debemos precipitarnos. Esto no es cuestión de tiempos obligados por razones de poca monta como la de inscribir listas al Senado. No se justifica asumir tamaño riesgo por más que creamos que la suerte o la providencia esté de nuestro lado cuando todo indica lo contrario. Nunca el país vivió momentos tan oscuros como los actuales y eso lo saben muy bien nuestros mayores pero también lo perciben cada uno de los colombianos que en su día a día va notando como la apatía y la desilusión se hace presente más y más.

Si realmente el interés de Paloma Valencia, Iván Duque, Rafael Nieto, María del Rosario Guerra y Carlos Holmes Trujillo es el de sacar al país de esta terrible situación debería expresarse con gestos de gallardía y generosidad, pero también de inmensa sensatez, abriendo de nuevo las puertas al candidato que  de lejos tienen las mayores ventajas para llegar a la presidencia, Óscar Iván Zuluaga. Devolverle su derecho a ser candidato sería un gesto trascendental que pondría a temblar el terreno político que se nota ahora tan inestable y fangoso.

Publicado en Columnistas Nacionales

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