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Carlos Holmes Trujillo García                                     

'Timochenko’ se dirigió a la Fiscal de la CPI para solicitarle una reunión para hablarle del proceso de implementación de lo que acordó.

Las malas consecuencias de varios puntos del acuerdo Santos -‘Timochen-ko’ se están sintiendo ya. Es bueno para el país, desde luego, que las Farc dejen de ser un grupo terrorista, y que las armas queden a disposición de la ONU. Eso nadie lo duda.

Sin embargo, resulta inconveniente que nos quedemos sin Constitución cierta y definida, debido a dicho acuerdo, que se pretenda imponerle a los colombianos la impunidad para los narcotraficantes miembros de esa organización, y que se afecte la propiedad privada. También lo es que el Jefe del Estado haya aceptado el concepto de justicia de los herederos de ‘Tirofijo’, lo cual permitirá, tal cual están las cosas, que no paguen ni un solo día de privación de libertad los culpables de atrocidades cometidas por tantos años.

Lo último que sucedió tiene que seguir prendiendo las alarmas de una sociedad que ha sido engañada con la música de una paz que no se negoció, no era el objetivo del acuerdo que buscó el presidente Santos, y no corresponde a lo que se vive en la nación, a pesar de que sigue siendo el sueño de todos.
Pues resulta que ‘Timochenko’, quien anda montado en el cuento de que es la cabeza de un sujeto de derecho internacional, porque eso fue lo que le vendieron unos expertos en realismo mágico constitucional, se dirigió a la Fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), con el objeto de solicitarle una reunión para hablarle del proceso de implementación de lo que acordó con la cabeza del Ejecutivo en Colombia.
Y le dice a la alta funcionaria que está muy preocupado, debido a que la sentencia de la Corte Constitucional excluyó a agentes estatales y a terceros responsables de graves crímenes de someterse a la JEP.

Afirma, a continuación, que su juzgamiento quedaría en manos de la justicia ordinaria, que ha sido siempre un instrumento de guerra a favor del Estado, y se le ha aplicado solo a los contradictores del mismo.¿Cómo les parece?
¿Se necesitará algo más para seguir afirmando –aún corriendo el riesgo de que continúe el señalamiento de ser enemigo de la paz– que lo que hizo el presidente Santos fue aceptar el concepto de justicia de las Farc? No se requiere nada adicional.
Por lo demás, el cinismo de la carta no puede ser mayor. Resulta que quien ha cometido gravísimos crímenes a lo largo de los años, delitos que están contemplados en el Estatuto de Roma y que deben ser investigados, juzgados y condenados por la CPI, en el caso de que las autoridades nacionales no lo hagan, que es lo que va a suceder, no tiene en cuenta su condición para dirigirse a la Fiscal. 

Se creyó el cuento de que el acuerdo es perfecto en materia de justicia. ¡Nada de eso! 
Ese papel desconoce las obligaciones del Estado colombiano en su condición de firmante de dicho estatuto, razón por la cual queda abierta la puerta para que la CPI asuma la competencia subsidiaria que tiene, y conozca de casos como el de ‘Timochenko’, por ejemplo.

Portafolio, Bogotá, 20 de noviembre de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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