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Jaime Jaramillo Panesso                                     

Lo que está ocurriendo en el CD es lo correcto dentro de una organización política que aspira ineluctablemente al poder y que demuestra disciplina y vocación de gobierno. Desde hace varios meses el CD y el Presidente de ese Partido, Álvaro Uribe, con cinco precandidatos de lujo intelectual, Paloma Valencia, Carlos Holmes Trujillo, Iván Duque Márquez, (Antioqueño), Rafael Nieto y María del Rosario de la Espriella, han recorrido el país en un plan concreto de pedagogía y organización popular, mientras los demás candidatos se dedican a recoger firmas y además, a realizar costosas y deslucidas consultas para escoger entre dos amigos de las Farc como son Cristo y De la Calle.

Además de los cinco brillantes ciudadanos, el CD ha tenido en retaguardia de la expectativa a dos ilustres personajes, Luis Alfredo Ramos y Oscar Iván Zuluaga a quienes los jueces y la fiscalía, en un acto de vindicta y marrullería judicial, les han colgado el letrero de estar sub júdice, es decir, en una situación de interinidad penal que les resta credibilidad ante la opinión pública. Su integridad queda en suspenso, aunque sus amigos pensamos lo contrario. Lo importante es que el CD no puede correr riesgos de ninguna índole porque ante todo está la exposición abierta y limpia de los nombres que aspiren a la presidencia de la república.

Con la próxima llegada en el 2018 al poder por parte del CD y sus aliados, sobran cargos de responsabilidad e importancia para ejercer la buena administración en los ministerios, empresas del estado, embajadas, gobernaciones y alcaldías. Gobernar el próximo cuatrienio es asunto titánico: recomponer la economía que tiene un enorme déficit fiscal, el pago de la deuda externa que llega a los 140 mil millones dólares, cumplirle a las Farc en sus pretensiones económicas y políticas, resolver el gran problema de la salud, atraer capitales foráneos e inversionistas nativos fugados, afrontar los diversos aspectos del medio ambiente como la deforestación, la minería legal e ilegal, los temas de relaciones internacionales con Nicaragua, Venezuela y Estados Unidos, en especial el de la coca, etc. Hay otros de profundos socavones del alma nacional donde aúllan los lobos de resentimiento, del contratismo, del honor y el deshonor militar, el precio comercial de los magistrados y la inolvidable solidaridad con los desaparecidos, secuestrados, fusilados y demás víctimas de Farc y Eln.  

No es cualquiera picadura de mosquito la que tendremos que afrontar los colombianos todos, en un claro ejercicio de convivencia en democracia, con la advertencia de  que no podemos seguir viviendo bajo el mandato de las minorías. El Centro Democrático es el centro de convergencia nacional de las regiones maltratadas y el centro de las almas atormentadas por los desafueros de la izquierda internacional y criolla y por la derecha que fuma maracachafa por hectáreas cultivadas.

El CD debe guardar su unidad disciplinaria aunque aparezcan opiniones críticas de respetables personalidades, inclusive la de bufones y cizañeros calderonianos que nacen en la escuelita de los costureros pueblerinos.

Hay que ser consecuentes frente a enemigos tan peligrosos como Santos y sus guerrilleros rescatados de la oscuridad de la selva y la herencia que nos deja con la guerrilla católico-marxista del ELN. Este gobierno que paga 54 mil pesos por cada voto liberal en una consulta donde solo concurren 700 mil votantes de 48 millones de colombianos, está enterrado por los propios partidos que lo rodearon.

Publicado en Columnistas Nacionales

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