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Juan David Escobar Valencia                                     

A pocas semanas de terminarse el año 1492, Michele da Cuneo, hombre de confianza de Cristóbal Colón, describió de la siguiente manera el rapto de una nativa del archipiélago antillano que pasó a hacer parte de las distracciones de su entrepierna: “Mientras estaba en la barca, hice cautiva a una hermosísima mujer caribe, que el susodicho Almirante me regaló, y después que la hube llevado a mi camarote, y estando ella desnuda según es su costumbre, sentí deseos de holgar con ella. Quise cumplir mi deseo pero ella no lo consintió y me dio tal trato con sus uñas que hubiera preferido no haber empezado nunca. Pero al ver esto (y para contártelo todo hasta el final), tomé una cuerda y le di de azotes, después de los cuales echó grandes gritos, tales que no hubieras podido creer tus oídos. Finalmente llegamos a estar tan de acuerdo que puedo decirte que parecía haber sido criada en una escuela de putas”.

Pues ahora parece que esto nunca fue un rapto ni una violación, porque según la lógica expuesta a pocas semanas de terminarse el 2017, 525 años después, por un columnista hijo de la madre patria que lo parió, como la nativa no tenía documento de identificación oficial de la registraduría taína de la época, no era de nadie ni era nada, y como una piedra podría ser utilizada. Además, ¿quién la manda a estar semidesnuda por ahí tentando a inocentes hombres del Dios europeo?

Digo esto porque este clon de Michelle, regenerado como cualquier dinosaurio de Jurassic Park, afirmó hace poco que es absurdo decir que en la Conquista española se arrebataron tierras “puesto que los indios desconocían el concepto de propiedad de la tierra”. ¿Habrase visto semejante sandez? ¡Pero macho! ¿De qué yerbas son tus ensaladas? Ahora resultó que estas tierras no eran de nadie porque los humanoides del continente recién “descubierto”, que si no es por España no existiría nunca, no habían registrado sus propiedades en el Catastro del Marqués de la Ensenada. Siquiera nos contaron, porque la duda nos estaba matando.

Y como el conquistador revivido no es egoísta y es fértil en majaderías, generosamente nos regala otro argumento o espejito engaña indios. Según este iluminado de la península ibérica, son ridículos quienes se atrevan a decir que los habitantes de este continente estuvieron bajo una dictadura, por el contrario, afortunados protegidos por la bondad divina hecha carne de los Reyes Católicos. Y como si fuera poco, también resulta que les estamos debiendo esta vida y la otra, y con cinco siglos de intereses de mora, pues “la Conquista significó la liberación de “millones” de grupos étnicos sometidos por los grandes imperios precolombinos”. ¿En qué banco les consignamos?

Sin duda que tenemos muchas cosas maravillosas que agradecer del viejo continente y necesitamos el conocimiento y desarrollo de los extranjeros de bien que quieran venir, pero de “aportes” así, te lo agradezco pero no.

El Colombiano, Medellín, 20 de noviembre de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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