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Ariel Peña                                

El  pecado original o ancestral, que es la desobediencia cometida por Adán y Eva en el Edén, según el libro del Génesis, de acuerdo con algunos de los primeros Padres de la Iglesia, es compartido por la humanidad de generación en generación, lo que significa que es un pecado heredado. El aposto San Pablo en Romanos 3,23 afirma: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Análogamente, el conflicto político-militar de Colombia propiciado por las guerrillas marxistas leninistas para la toma del poder, será responsabilidad de todos los colombianos por obra y gracia de la recién elegida Comisión de la Verdad, si no  hay sindéresis en sus conclusiones.

La Comisión de la Verdad presidida por el Jesuita Francisco de Roux, antes de culpar a los 50 millones de colombianos, como ocurre con el pecado original, tiene que admitir en primer lugar, que los nacidos en esta tierra durante todos los tiempos no le pedimos a nuestros progenitores nacer  en el país (aunque eso no quiere decir que no nos sintamos orgullosos de nuestra nacionalidad); pero en la perversidad del comunismo totalitario que abrazan  las Farc y el Eln, los seres humanos son simples herramientas para satisfacer los apetitos burocráticos de sus elites, y ahí no vale la patria; por eso, antes de tratar de exculpar a las guerrillas, únicas responsables de la tragedia vivida en 52 años, la Comisión de la Verdad  debería ver el componente ideológico del conflicto en donde está inmersa la doctrina marxista leninista.

Además hay que reiterar que no solo en Colombia surgieron guerrillas comunistas en la década de los sesenta, sino que eso también ocurrió en 13 naciones de Latinoamérica; lo que en la lógica indica que esa situación  no fue algo particular en nuestro país, sino que respondía a una acción geopolítica por parte del comunismo internacional que impulsaba la URSS a través de su satélite cubano, con la guerra fría, y las tales condiciones objetivas no eran más que un pretexto para alcanzar el poder, al igual que lo hizo Hitler en Alemania a principio de la década de los 30 del siglo pasado, quien también proclamaba defender a los pobres y decía ser socialista y revolucionario.

De acuerdo a lo anterior, la teología de la liberación que es una patraña  comunista para engañar a los cristianos; no se puede confundir con la doctrina social de la Iglesia, que se dio desde sus comienzos con los primeros apóstoles buscando el bienestar de la comunidad, pero sin pretender  el poder político, el cual fue rechazado por el mismo Jesús cuando el diablo se lo ofreció.

Así  que conociendo el carácter torvo del marxismo leninismo, acatado por las Farc y el Eln, queda descartado de plano que el conflicto político- militar en Colombia tuvo que ver con las reivindicaciones de los más humildes, pues  las bandas armadas tenían objetivos precisos dentro de un contexto mundial en la década de los sesenta; posteriormente con la caída del muro de Berlín hace 28 años, acomodaron con el narcotráfico  sus pretensiones para la  toma del poder sin importarles lo que sucedía en el contexto mundial, ya que los seguidores del marxismo leninismo por su conciencia mágica son irracionales, por eso poco les importa la realidad, porque lo que buscan es someter a los demás a una dictadura perpetua.

Ojala la Comisión de la Verdad, haga caso omiso a las palabras del sátrapa Lenin, quien consideraba a la verdad como un prejuicio burgués, diciendo también que a base de mentiras se pueden construir verdades; por eso la guerra insurgente de la que habla el padre de Roux se le tiene que dar la dimensión trágica que le corresponde, sacando en claro que el comunismo totalitario, en su aplicación práctica con las guerrillas de las Farc y el Eln, es el único responsable de la tragedia nacional vivida en 52 años.

La ley contra el odio, aprobada recientemente en Venezuela por la espuria Asamblea Constituyente, que impone penas de cárcel de 10 a 20 años a los que protesten en contra del gobierno, en Colombia se podría asimilar  a la JEP (jurisdicción especial para la paz), ya que lo que más incomoda a los marxistas -en este caso a las Farc- es el debate ideológico y la critica a sus acciones, porque el comunismo totalitario repudia a la dialéctica y a la razón, por eso busca perseguir a sus contradictores ideológicos con la JEP en Colombia. De ahí que la Comisión de la Verdad, que tiene 3 años para sacar conclusiones, no podría, así sus integrantes tengan una inclinación política determinada, hacerle el juego a un sesgo, pues es imposible ignorar de adrede la prosapia marxista leninista de las guerrillas.

Igual que en el pecado original, responsabilizar a toda la ciudadanía colombiana  del conflicto armado es un despropósito, porque los delitos son individuales y en el caso de las Farc hay una responsabilidad colectiva única y exclusivamente de esa organización; y cuando el padre de Roux menciona la guerra insurgente, queda demostrado que ésta es propiciada por un grupo armado con ideología y propósitos políticos definidos, así que hay que sacar a los 50 millones de colombianos de toda culpa y que responda la insurgencia (termino muy eufemístico) que buscaba y busca conquistar el poder. Que la Comisión de la Verdad haga honor a su nombre.

Publicado en Columnistas Nacionales

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