Facebook

     SiteLock

Última hora
Verdad e Historia I - Martes, 21 Noviembre 2017 07:30
El Centro Democrático es el centro - Martes, 21 Noviembre 2017 07:09
La paz en veremos - Martes, 21 Noviembre 2017 07:09
La difícil decisión de Álvaro Uribe - Martes, 21 Noviembre 2017 07:09
Una Justicia de terror - Martes, 21 Noviembre 2017 07:09

José Alvear Sanín                                   

Fue el propio Gabriel García Márquez quien afirmó que la narración de ciertos hechos inverosímiles indica que efectivamente han ocurrido, porque ni siquiera el más imaginativo de los novelistas es capaz de inventarlos.

En Colombia, durante estos últimos siete años, cada semana un hecho inconcebible sucede. La serie ininterrumpida de estos acontecimientos ha terminado por agotar nuestra capacidad de asombro. En ningún país han anulado un plebiscito con una simple proposición de un congreso incompetente para pronunciarse. Y en cascada, una corte constitucional valida el hecho cumplido; el congreso se autoemascula; un grupo narcoterrorista nombra los magistrados de una jurisdicción para absolverlos y para condenar a quienes defendieron las instituciones; unos medios, de propiedad de la oligarquía, convertidos en órganos permanentes del partido comunista; el gobierno propone la legalización de los cultivos ilícitos; se revela el cartel de la toga; al próximo congreso ingresarán numerosos terroristas con varios centenares de años de condenas. Estas serán anuladas y de ellas no se podrá hacer referencia alguna…

Los ciudadanos, agobiados por ese torrente de hechos increíbles, los registran como quien oye llover…

En esas condiciones, un hecho de gravedad única ha resbalado dentro de una opinión cada vez más acostumbrada a la omisión del deber por parte de jueces, Procuraduría y Fiscalía, porque el escándalo de ayer es pronto superado por el de hoy.  Así las cosas, se pierden las esperanzas de un regreso al orden natural de las cosas, donde lo jurídico era lo normal y el delito, lo excepcional. En realidad, vivimos el golpe de Estado permanente.

No obstante, a pesar de la sucesión incesante de horrores a que nos tiene acostumbrados este proceso dizque de paz, el asunto de la valija diplomática reviste características espeluznantes. Douglas Farah, investigador de movimientos financieros chuecos, periodista especializado en economía, autor de varios libros sobre geopolítica y consultor en asuntos de seguridad, reveló ante el Senado de los Estados Unidos cómo, según sus indagaciones, el gobierno colombiano (el de un presidente que aseguraba no haber encontrado dinero de las Farc en ninguna parte), puso, durante el proceso de La Habana, la valija diplomática colombiana al servicio de un grupo narcoterrorista, lo que, según Farah, permitió, en contubernio con el gobierno venezolano y PDVSA, movimientos del orden de dos billones de dólares entre Colombia, Cuba y El Salvador.

Si las investigaciones del señor Farah son correctas, es difícil encontrar artículos del Código Penal que no hayan sido violados; y además, el gobierno colombiano habría  participado en el más censurable tráfico, poniéndose al margen de todas las normas que rigen las relaciones entre Estados y convirtiéndonos en un país paria.

El hecho de que la investigación de Mr. Farah aparezca en las redes sociales y no en los grandes medios adictos al eje Timo-Santos no excusa la inactividad de la Fiscalía, porque estamos ante unos hechos de máxima gravedad, hasta peores que el ingreso de dineros de Odebrecht a la campaña presidencial, denunciada con pesos y centavos por los expresidentes Uribe y Pastrana, que sigue sin pronunciamiento de la Fiscalía.

Igual preocupación causa el tema de los Paradise Papers, que señalan a los principales políticos que impulsan el cumplimiento ciego de los acuerdos de La Habana como operadores en paraísos fiscales (http://periodicodebate.com/index.php/opinion/otras-opiniones/item/17107-a-juan-manuel-santos-le-deberia-caer-la-dian), investigación que tampoco puede ser soslayada por la Fiscalía, si ese despacho aspira a ejercer el papel que le corresponde en una democracia funcional.

Nada sería más grave para el país que el continuado silencio de esa entidad, porque al país le puede dar la impresión de que desde ese despacho se cohonesta el clima corrupto e inmoral en el que se debate la república.

Thania Vega de Plazas ha tratado este asunto en un importante artículo del pasado 7 de noviembre (https://www.thaniavega.co/la-valija-diplomatica-de-las-farc/). En un estado de derecho ninguna denuncia, y menos la de una destacada senadora, puede quedar sin ser investigada a la mayor brevedad y con máxima profundidad.

                                                                                              ***

Publicaciones periódicas en Antioquia 1814-1960 (Medellín: EAFIT; 2006; 594 pág.)es una obra imprescindible, fruto de siete años de investigación. Su autora, María Cristina Arango de Tobón, ha inventariado todas las publicaciones de ese tipo aparecidas a lo largo de 146 años, con índices alfabético (por nombre de las publicaciones); cronológico (por fechas de fundación); onomástico; de seudónimos; y de ubicación de las colecciones.

Publicado en Columnistas Nacionales

Compartir

Opinión

Nuevos videos

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN

Ingrese su dirección de correo electrónico:

Nuestras Redes