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Ariel Peña                                               

El 13 de agosto de 1961 de manera arbitraria y despótica el régimen comunista de Alemania Oriental, obedeciendo órdenes de Moscú con ocasión de la guerra fría, dividió a Berlín, capital de Alemania, con  un muro de concreto y alambre de púas, lo que en la práctica era una gran humillación para el pueblo alemán por parte del Kremlin; dicha construcción tenía 3,6 metros de alto y un perímetro de 155 kilómetros.

Pero el 9 de noviembre de 1989 se derrumbó el muro de Berlín, constituyéndose ese acontecimiento en la debacle del  comunismo totalitario en Europa, rompiéndose el mito de la invencibilidad e intocabilidad del marxismo leninismo, cuyo accionar criminal a través de 150 años lo catapultan como la organización mas torcida e infame que ha conocido la humanidad. Sin embargo sus miembros guiados por el fetichismo, la superstición y la leyenda le dan a semejante doctrina abyecta el carácter de todopoderosa, de ahí fue que Hugo Chávez inducido por el dictador Fidel Castro buscó reeditar al comunismo en Latinoamérica utilizando el remoquete de socialismo del siglo XXI, de cual dijo el sátrapa cubano el 14 de agosto de 2010: “El socialismo del siglo XXI es comunismo, el que el propio Marx definió como comunismo”.

Latinoamérica por su atraso  ideológico, no ha podido discernirlo y por ello ha sido víctima de las patrañas  marxistas desde hace tiempo. Resaltando que Fidel Castro se declaró comunista cuando ya estaba en el poder en Cuba, porque antes tenía como coartada al movimiento “26 de Julio”, cuya ideología supuestamente era nacionalista y democrática, pero ulteriormente declaró como partido único al comunista en 1965, que según  la constitución lo define como: “la vanguardia organizada de la nación cubana, fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

Ese horror  constitucional de la camarilla comunista cubana es en realidad un sustituto de la religión, en donde condena al pueblo por los siglos de los siglos a vivir bajo el dominio de la desgracia marxista. Pero la cosa no se queda de ese tamaño, porque los países de la región según la orientación del comunismo totalitario, deben seguir ese camino usando diferentes máscaras, que ya las hemos denunciado en otras oportunidades, como son: el socialismo del siglo XXI, el indigenismo, el progresismo, el bolivarianismo, el foro de Sao Paulo y los gobiernos alternativos, para copiar al maniático de Hugo Chávez que de manera vulgar trajo los desechos del marxismo, repudiados en el viejo continente con la caída del muro de Berlín, para implementarlos en Venezuela y en toda América Latina, convirtiendo a ese país hermano en un sanitario comunista.

Al carecer de la razón los seguidores del marxismo, van en contra de su conciencia y su actuación se circunscribe dentro de lo más primitivo de la política. Por ello tienen un comportamiento bestial que desecha la lógica, al querer convertir a las masas en un rebaño, lo cual demuestra que los miembros de esa caterva saben que están equivocados y en ocasiones son vergonzantes, porque muchos de ellos no permiten que los llamen comunistas, pues eso va en contraposición de sus intenciones rastreras; por lo cual se cambian de disfraz para engañar a los pueblos que de manera ingenua se dejan envolver de sus artificios

Los marxistas leninistas también han utilizado varias argucias embaucando a las naciones en Asia. Recordando que el genocida de Kim Il Sung en Norcorea, para esconder su marxismo impulsó la idea Juche la cual significaba: “que propietarias únicas de la revolución y su posterior construcción son las masas”, entendiéndose eso como un revuelto entre el comunismo y la cultura tradicional coreana. De igual manera en Vietnam se ocultó el comunismo con la fundación del Partido de los Trabajadores de Vietnam en 1951, pero con la reunificación de ese país en 1976, después del triunfo del Vietcong, tomó el nombre de partido comunista de Vietnam, siendo eso demostrativo de la impostura marxista que se acomoda para hacer caer a los pueblos incautos.

La  falacia comunista con la cual han engañado naciones, demuestra que lo dicho por Lenin no es tan alejado de la realidad, cuando afirmaba: “nosotros somos una iglesia”. De ahí precisamente se desprende que la superstición y el mito son inherentes al marxismo y por ello aprovechando la religiosidad en Latinoamérica y su cultura, crearon la Teología de la Liberación impulsada en los años 60 del siglo pasado como un producto comunista traído a Latinoamérica por la KGB, agencia secreta de la URSS; evidenciándose que el marxismo se mimetiza hasta en la religión, para lograr satisfacer sus instintos mórbidos que buscan envilecer a los demás.

Así que el marxismo es un culto al engaño, que en América Latina especialmente se ha puesto varios disfraces, para esclavizar a nuestras naciones, y se le pueden colocar otros motes como el de castro-chavismo, pero el comunismo totalitario sigue siendo el mismo bebedizo que usa diferentes etiquetas. Por ello hay que reconocer con tristeza que después de 28 años de la caída del muro de Berlín nuestra región no ha podido dimensionar ese acontecimiento histórico, y por eso han surgido timadores como Hugo Chávez con  el socialismo del siglo XXI, aberración  diseñada  por el político de la antigua Alemania Oriental, Heinz  Dieterich en 1996; curiosamente este personaje es  oriundo del  país en donde se cayó el muro de Berlín.

Publicado en Columnistas Nacionales

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